El peligroso avance de la ultraderecha en el mundo

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Jordi Velasco, @jordivll

El ascenso de la ultraderecha en el mundo es un fenómeno alarmante que amenaza con desestabilizar los avances democráticos logrados en las últimas décadas. Desde América hasta Europa, cada vez más líderes y partidos políticos de extrema derecha ganan terreno con discursos que apelan al miedo, la xenofobia y el rechazo a los valores progresistas.

Uno de los principales factores que han favorecido el crecimiento de la ultraderecha es el descontento ciudadano. La desigualdad económica, el desempleo y la sensación de abandono por parte de las élites políticas tradicionales han creado el caldo de cultivo perfecto para que surjan líderes populistas que prometen soluciones simples a problemas complejos. Estos políticos suelen utilizar una retórica nacionalista y proteccionista que, lejos de unir a la sociedad, la fragmenta aún más.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 ha marcado un nuevo punto de inflexión en el avance de la ultraderecha a nivel global. Su retorno al poder ha reafirmado discursos populistas basados en el nacionalismo, la desconfianza hacia las instituciones y la promoción de políticas antiinmigrantes. Este acontecimiento ha servido de inspiración para otros líderes de extrema derecha en diversas partes del mundo, legitimando aún más discursos de odio y desinformación que se expanden rápidamente a través de las redes sociales.

Además, las redes sociales han jugado un papel crucial en la difusión de ideas de extrema derecha. La desinformación y las noticias falsas se propagan con facilidad, alimentando teorías conspirativas y creando un clima de polarización extrema. Las estrategias digitales de estos grupos les han permitido captar adeptos y fortalecer su base de apoyo, a menudo a expensas del debate racional y la evidencia científica. Plataformas como Facebook, X (antes Twitter) y YouTube han sido utilizadas para propagar discursos que atacan a la diversidad y promueven la intolerancia.

El avance de la ultraderecha no solo pone en peligro la democracia, sino que también amenaza los derechos humanos y las libertades individuales. Las políticas de estos grupos suelen estar marcadas por el racismo, la misoginia y el desprecio por las minorías, lo que incrementa la discriminación y la violencia en las sociedades donde logran influencia. En particular, los derechos de la comunidad LGTBI han sido atacados con leyes restrictivas y discursos de odio que buscan invisibilizar y marginar a este colectivo. En muchos países donde la ultraderecha ha ganado poder, se han impulsado leyes que limitan el matrimonio igualitario, los derechos de adopción y el acceso a tratamientos de salud para personas transgénero. Este retroceso en derechos fundamentales supone un grave peligro para la igualdad y la dignidad de millones de personas.

Además, su desprecio por la lucha contra el cambio climático y otras crisis globales demuestra una peligrosa falta de responsabilidad y visión de futuro. Muchos líderes de extrema derecha niegan la existencia del cambio climático o minimizan su impacto, promoviendo políticas que favorecen los intereses de grandes corporaciones contaminantes en detrimento del medio ambiente y de las generaciones futuras.

Frente a esta amenaza, es fundamental que los ciudadanos y las fuerzas democráticas se movilicen. Es necesario fomentar el pensamiento crítico, la educación cívica y el compromiso con los valores democráticos. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de combatir la desinformación y ofrecer un espacio para el debate informado. Asimismo, los partidos políticos tradicionales deben recuperar la confianza de la ciudadanía con políticas inclusivas y efectivas que atiendan las preocupaciones reales de la población. La unidad entre diversos sectores de la sociedad es clave para hacer frente a esta embestida autoritaria y defender los derechos conquistados con tanto esfuerzo.

El avance de la ultraderecha no es inevitable. La historia nos ha enseñado que los movimientos autoritarios pueden ser derrotados con unidad y compromiso. Depende de todos nosotros defender la democracia y construir un futuro basado en la justicia, la igualdad y el respeto por los derechos humanos. Solo a través de la resistencia activa y la participación ciudadana podremos evitar que estos regímenes sigan socavando los valores fundamentales de nuestra sociedad.

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