Parece que la Guerra de Ucrania toca a su fin. Empiezan a anunciarnos que con la vuelta de Trump a la Casa Blanca y su cambio de perspectiva, las negociaciones con Putin para acabar con este conflicto van a ser una realidad. El hecho de que sea Trump el que habla por una de las partes parece dejar claro, como dijimos muchos desde el principio, que esto no era sino una guerra proxi de los Estados Unidos.
Pero independientemente de ello, la Guerra de Ucrania permanecerá en la mente de muchos por los momentos surrealistas y grotescos que nos ha dejado. Seguramente el mismo aparato de propaganda que durante estos años nos ha metido a todas horas todas estas ridiculeces ahora aplicará un apagón informativo tremendo para que las olvidemos cuanto antes. Pero no quisiera el Villano, ahora que esta función del teatrillo internacional toca a su fin, escamotear a sus lectores una clasificación final de los diez momentos más ridículos y lisérgicos que la propaganda proucronazi nos dejó. Suelo poner enlaces pero, si les falla la memoria, no tienen más que tirar de Google para ver que todo esto que les digo sucedió realmente. Vamos con el ranking del ridículo y la sobreactuación. De menos a más grotescos así ha calificado el Villano estos momentos:
10) Abren la lista todos los organismos deportivos que excluyeron a los deportistas rusos de sus competiciones. Algunos, como la Liga Española, nos obligaron a ver los enfrentamientos deportivos con banners de la banderita ucraniana de fondo. Además la final de Champions League de 2022, que iba a jugarse en el estadio Luzhniki de Moscú fue trasladada al Parque de Los príncipes de París. Parecía imposible superar el nivel de esta sandez, pero sólo un año después lo superaron negándose a aplicar ninguna medida contra los equipos israelíes por el genocidio, que no guerra, de Gaza, aduciendo el tan gastado mantra de que no hay que mezclar política y deporte.
9) Ligado a lo anterior, continuamos con el Chef José Andrés, el cocinero que en vez de destacar por sus recetas decidió hacerse fotos sobreactuadas en situaciones límite y ser propagandista de la política exterior yanqui. En este caso, aparte de meterse como un elefante en una cacharrería a afear su conducta a los deportistas que no veían la utilidad de la pantomima anterior, pasó a llamar en sus restaurantes a la ensaladilla rusa «ensaladilla ucraniana» o «ensaladilla de Kiev». Por sorprendente que les parezca, en aquel momento esto conmovía. Seguro que ese cambio de nombre hizo muchísima mella en la moral de los soldados rusos.
8)Acabando con el asunto del uso del deporte como propaganda política, meteremos aquí a todos los deportistas que desde el más absoluto desconocimiento se sumaron como monitos de repetición a la ocurrencia de sus directivos. En su descargo hay que decir que no fueron más ingenuos que mucha gente que durante meses o años sólo vio el nodo proucronazi. Como ejemplo más claro pondría a Anthony Joshua, estrella británica y de color del peso pesado de boxeo, que el 20 de agosto de 2022, tras perder su combate de revancha contra el ucraniano Oleksadr Usyk, actual campeón unificado de la categoría, se sumó junto a él para levantar la bandera del régimen de Kiev, un régimen que seguramente hubiera torturado o perseguido por ser negro a Joshua. No se equivoquen, admiro a Anthony Joshua y, por lo que sé de él, me cae bien, pero aquí demostró haber tragado de forma dramática toda la alfalfa mediática que nos metieron. Usyk, por su parte, es indiscutible como boxeador pero con el posicionamiento que mostró, mi simpatía no puede tenerla. El combate, por cierto, se disputó en Arabia Saudí, sin que ninguno de los dos púgiles dijera ni pío de los abusos contra los derechos humanos de la teocracia del país árabe.
7)Fuera del deporte, pero en el mundo de la cultura y el espectáculo, no podemos olvidar a todas las instituciones que purgaron de sus programas y fondos las obras rusas. En España tenemos como ejemplo la soberana memez, perdónenme la expresión, de la anulación de un pase de Solaris, de Tarkovski, por parte de la Filmoteca de Andalucía. Pero a lo largo de esa zona del planeta que en los medios llaman «el mundo libre» hubo bibliotecas y universidades que sacaron de sus fondos la obras de Tolstoi o Dostoiesvky —???!!!—, teatros que obligaron a los tenores rusos a hablar contra su país para dejarlos cantar —otra vez???!!!— e infinidad de payasadas del mismo tipo por parte de quienes precisamente se supone que guardan nuestra sabiduría y cultura.
6) Mención especial merece el festival de Eurovisión de 2022, que se transformó en un mitin en toda regla del dictatorial gobierno de Kiev, donde los representantes ucranianos ganaron casi por decreto e incluso se permitió a Zelenski, del que hablaremos más adelante, dar una arenga de propaganda de guerra antes de iniciar la ceremonia. Ya podía nuestra representante cantar y mover el culo todo lo que quisiera, que el ganador estaba decidido de antemano.
5) Hasta ahora hemos citado casos rimbombantes pero de poca repercusión real. Entramos en otra categoría. A partir de ahora las estupideces que citaremos tuvieron consecuencias. Empezamos por los informativos de los medios de comunicación de la zona del planeta bajo supervisión de los norteamericanos, que se convirtieron en un auténtico NODO de la OTAN durante meses, si no años. Algunos animaban abiertamente a alistarse en el ejército del régimen de Kiev como carnaza de los nazis ucranianos. En algún momento en la 1 Se refirieron a los nazis, no ya a los ucros de ahora, sino a los primeros, a los de Hitler, y a sus colaboracionistas como «los europeos que lucharon contra la Unión Soviética». Aparte de las miles de entrevistas a los heroicos combatientes ucranianos repletas de esvásticas, soles negros y otros símbolos nazis que los entrevistadores decidieron pasar por alto.
4)En este puesto vamos a poner a todos los políticos del mundo occidental que decidieron convertirse en bufones y vedettes del régimen de Kiev, con momentos tan esperpénticos como Von Der Leyen y las comisarias europeas vestidas de payaso Micolor con los colores de la bandera ucranianas. Perdónenme el chascarrillo, pero no puede uno evitar preguntarse si también llevaban las bragas conjuntadas. Sí, cierto que en Estados Unidos, en un ayuntamiento de Texas, también entró un cómico estadounidense a hablar en el atril de los oradores vestido de los colores ucros y cantando un rap antirruso, pero dentro de las ridiculeces, los yanquis al menos eran los directamente implicados en su guerra.
3) En los puestos de podium vamos a encontrar a los que además de haber rozado el esperpento más absoluto van a sufrir o, mejor dicho, hacer sufrir a sus pueblos las consecuencias de su estupidez. En primer lugar vamos a citar a los países escandinavos, a los que sólo les ha faltado ofrecer vírgenes a los mandatarios norteamericanos y de la OTAN para hacerse merecedores de su atención. Finlandia y Suecia se arrastraron de forma infame por entrar en dicha organización, sin haber tenido en décadas ningún problema con Rusia. Ahora las naciones nórdicas ya están recibiendo amenazas directas del nuevo gobierno yanqui sobre partes de su territorio. De eso ha servido su servilismo y su arrastre.
2) En este puesto vamos a encontrar a Volodimir Zelenski, el títere de los intereses yanquis que estos años nos han vendido como héroe de la escena internacional y que parece llegar al fin de su época de fama y relevancia. Les recuerdo que se le permitió hacer propaganda en parlamentos europeos, incluído el español, cosa que yo no he visto ni con los presidentes de países donde teníamos tropas sobre el terreno. Y en algún caso, como en Grecia, dio la palabra a nazis del Batallón de Azov. Supongo que ese uniforme militar que no se ha quitado en años ya huele y debe estar deseando deshacerse de él. Por cierto, en otra ocasión hablaremos de cómo la escenografía occidental intenta crear para sus peleles una imagen de imitación barata de revolucionarios de verdad, como Chávez o Fidel Castro, porque ese uniforme militar de palo lo encontramos también, por ejemplo, en los integristas que ahora han puesto al frente de Siria. El caso es que Zelenski ahora parece tener tres vías: o acepta lo que le dan a firmar y se está calladito, o se busca un exilio dorado que le permita acabar con bien su aventura con los Estados Unidos, o la CIA le mete una bala en la cabeza. Supongo que él preferirá la segunda opción, pero dado que de momento está berreando pidiendo que Trump le tome en consideración para cerrar este capítulo, no descarto en absoluto la tercera posibilidad. Veremos.
1) Llegamos al tope del ranking. ¿Quién ha podido desposeer a Zelenski del puesto de campeón que parece que era suyo por naturaleza? Pues en mi opinión todos los líderes europeos, incluido el presidente del gobierno español Pedro Sánchez, que aún siguen arrastrándose ante Zelenski visto lo visto. De momento el lucimiento de estos mandatarios ya nos ha costado a lo largo de esta aventura recortes para enviarle armas, el encarecimiento de la energía que consumimos hasta en un 134% en ciertos países y la normalización, como decíamos, de los nazis. Pero ellos empeñan en seguir dando palmadas en la espalda al régimen de Kiev.
Este es el ranking. Como ven las ridiculeces no han faltado, ligadas a este momento actual donde parece que la política se ha convertido en un espectáculo para idiotas. Pero ni siquiera podemos tomárnoslo a risa, no todo lo dicho al menos, porque como ya hemos dicho tiene consecuencias en nuestras vidas. ¿Llegará un momento en que esto cambie y al menos podamos reírnos de los payasos Micolor que se han paseado por nuestras instituciones? Ojalá.









