Circenses sine pane

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En este año que viene, en poco menos de tres semanas, dos millonarios tarados y sin escrúpulos se harán con el control del país más poderoso del mundo, los palestinos seguirán siendo masacrados, en Siria se instalará un gobierno repleto de ex terroristas rehabilitados por interés y la UE da pasos cada vez más decididos hacia la guerra con una potencia militar y nuclear.

Sin embargo, en el momento en que escribo estas líneas la gran polémica es en torno a una estampita satírica relativa a un programa de televisión que sacó una de las presentadoras de las campanadas de año nuevo. Por otro canal de internet veo que los dos millonarios tarados de los que hablaba más arriba se pusieron a bailar y palmear el YMCA de los Village People en una fiesta. Hay gente celebrando como propios los datos de audiencia de tal o cuál cadena en las campanadas. Y la obsesión de ciertos políticos parece ser el exhibir los fastos y adornos más rimbombantes del periodo navideño. Cierto alcalde «socialista» ya es famoso por sus tremendas decoraciones luminosas con las que celebra no ya la navidad, sino medio año, porque cada vez adelanta más su show, pero en Madrid nuestra presidenta ha chupado durante buena parte de las fiestas cámara como defensora de las fiestas y ha tenido ideas como el «Tren de la navidad», consistente en revestir unos cuantos convoyes del metro de Madrid con colores, dibujos y motivos relativos al periodo de celebración, a veces llevando de fondo un hilo musical bastante molesto. El regalo de solucionar los problemas de este suburbano ya lo deja para otra ocasión.

El triunfo de la antipolítica y su sustitución por el histrionismo y las pasiones más bajas ya han sido ampliamente analizados en esta y en otras columnas, pero nunca había visto su alcance tan aterradoramente amplio como lo estamos comprobando en los primeros días de este 2025. Desde la antigua roma se mantenía la fórmula panem et circenses —pan y circo— como receta infalible para tener domado al pueblo pero sospecho a la vista del primer párrafo que esta fórmula se ha actualizado. Ahora parece que decididamente lo que se pide a los políticos e informadores es simplemente frivolidad. Del panem et circenses hemos pasado a circenses sine pane —circo sin pan—. Aunque debo reconocer que justo antes de escribir estas líneas he recibido la noticia de que el empleo lleva una marcha razonablemente buena en nuestro país, lo cierto es que los recortes en prestaciones siguen en marcha, que estamos a punto de entrar en una situación internacional muy espinosa y que el poder judicial está decididamente echado al monte para tumbar como sea este gobierno. En cuanto a esos cristianos de baratillo que se rasgan las vestiduras por una vaquilla no se les ve alzar la voz por la persecución y muerte de sus correligionarios en lugares como Israel o Siria.

Lo malo de todo esto es que las confrontaciones que se nos anuncian no van a ser a tartazos en la cara entre payasos: Elon Musk y Trump van a perseguir de verdad a inmigrantes y mujeres, rusos —y quién sabe si chinos— defenderán sus intereses con todas las armas a su alcance, y los israelíes seguirán echando fósforo blanco sobre sus víctimas en varios países. Pero con cualquier vestido hecho con fluidos corporales, como ya ha sacado otra presentadora de otras campanadas, parece que bastará para llevar el pensamiento del público occidental por donde a ellos les convenga.

Lo peor es que la resistencia, si es que hay alguna, será una chica de cuerpo no normativo o un transexual haciendo cualquier gesto intrascendente y una polémica artificial. Algunos analistas han diagnosticado el gran problema de la izquierda como cierta soberbia intelectual que les hace despreciar la comunicación con un gran sector del electorado, centrándose en cosntrucciones demasiado elevadas y abstractas, pero no, resulta que los restos de lo que un día fue la izquierda acaban entrando al trapo de cualquier señuelo que les ponga la derecha pero, encima, tarde y mal. Ahora no estamos hablando de sanidad o educación, sino de los programas televisivos de fin de año.

Seguro que este 2025 veremos a muchos millonarios y reaccionarios bailando o haciendo chistes, porque en varios frentes parece que vienen tiempos difíciles. Supongo que los telediarios e informativos pasarán a convertirse en programas de comedia donde se nos informará, eso sí, de lo bien vestida y peinada que va tal presentadora y se formará gran polémica por algún chiste verde que diga alguien.

Pero recuerden: lo más probable es que en adelante, cuanto más virulenta se torne una polémica insustancial es que algo está pasando fuera de su campo de visión. Les aseguro que en Gaza, Ucrania, o nuestros propios hospitales y sindicatos no tienen tiempo para prestar atención a los capitalistas bailongos y chistosos.

El «Tren de la Navidad» del Metro de Madrid, que, sin embargo, no nos ofrece el regalo de solucionar sus continuos retrasos y averías.

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