Por Ana Val
Este último fin de semana implosionó el universo colorinchi, se abrió bajo nuestros pies una gran sima, un abismo descomunal, un agujero negro en la galaxia del colectivo de la sopa de letras.
¿El motivo? Que los socialistas celebraban su congreso y les dio por no “arrejuntar” (que no quitar, que no estaban) la letra Q+ de la retahíla de cosas que van colgando de ahí.
Cuentan las malas lenguas que se celebró, dentro de dicho congreso, una batalla encarnizada entre las “feministas clásicas” y otros, entendemos. Muchas pensamos que en el aparato del partido alguien habrá tomado nota del descalabro al que han llevado estas políticas identitarias al Partido de los Demócratas americano, quién sabe, pero es verdad que cuando veas las barbas de tu vecino arder…
En cualquier caso, dejar decaer las últimas letras del abecedario, sí, esas que nadie tiene la más remota idea de lo que significan y lo que implican por más que se desgañiten insultando a mujeres, tener esa osadía por parte de las mujeres del PSOE, ha provocado un tsunami de reacciones airadas de los de siempre, salen en tromba a insultar y vejar a mujeres, no pierden la más mínima oportunidad para comportarse cual machistas que son pero que su condición de “aliado” no les deja, acompañados obviamente del ejercito de acunapenes, que eso, claro, jode bastante más.
La muy mucho madre del feminismo en España se lamentaba amargamente por no poder gasear a sus compañeras, sí, como le leéis, hablo de Rubiales, Amparo, por si lo dudabais.
Por supuesto no podía faltar la ex minitrans de igual-dá, que desde su etapa de Erasmus europea y en sus funciones de influencer cutre, no perdió la oportunidad de seguir diciendo despropósitos, fácilmente demostrables, como que no hay ninguna “mujer trans” (dice ella), hombre mediocre transidentificado (digo yo) que haya ganado ni una sola medalla, robándosela a las deportistas hembras, y lo dice tan fresca la cara dura, cuando ya van más de 1.000.
Gritillo, no podía faltar, puso su grito histriónico en el cielo, y entre otras hazañas misóginas, señaló, como siempre hace, a nuestra colega Carmen Domingo, que sólo escribió un tuit irónico.
El guante lo recogió al día siguiente otro gran representante del HOMOPATRIARCADO mediático, Bob Esponja para las amigas, que se dedicó a dar cera a las feministas, y en particular a Carmen, en el programa matinal de máxima audiencia de La Ser. Como nosotras ya sabemos que “lo gay no quita lo misógino” el señoro dedicó una clase maestra de mansplaining, porque obviamente un señor nos tiene que venir a explicar el feminismo, que nosotras lo hacemos FATAL.
Spoiler: la Barceló quedó tan contenta con la clase que no vio oportuno dar voz a ni una feminista para contrastar, ni siquiera a la aludida.
Y toda esta movida, desazón, y angustia es por la Q… Pero, ¿Qué coño es la Q+?
Se supone que los disidentes sexuales, los que rompen las normas, los que las transgreden. A mí me llama poderosamente la atención que poca gente sepa que Queer era un insulto homófobo, como maricón o bollera, en su día hubo el debate y la gente que se define queer tenían este discurso performativo, provocador y querían mantenerse en los márgenes, no como los gais y lesbianas que luchaban por ser “normales”, casarse, tener familia y esas cosas tan aburridas.
Por lo tanto, me pregunto, ¿cómo es que este grupúsculo de personas que pretendía mantenerse en lo raro, lo extraño, lo rompedor, ha conseguido infiltrarse en las políticas identitarias de todos los partidos progresistas, de todos los países y nos tengan a todas almorzadas/os? ¿quién les ha dado semejante poder para manipular leyes o dejarlas sin efecto?, ¿cómo la gente no se entera de que detrás de lo + va lo que intuimos, desde las parafilias a los MAPs, ahí cabe de todo eso sí, disfrazados de progresismo y de “derechos humanos”.
Así que, tal cual está la partida, no sabemos si el movimiento de los socialistas es una declaración de intenciones real o un mero acto de operación estética viendo las orejas al lobo. Y no se sabe si los posmodernos histriónicos tendrán fuerza suficiente para seguir forzándonos a validar los delirios de unos pocos o se quedará en cuatro ladridos, pero tal como está el mundo, dan ganas de darle una patada al tablero y salir corriendo.
Pau dixit. Oremos, sisters, que empieza el akelarre.








