“La circunstancia de que la clase vinculada al trabajo tenga que luchar para llegar a fin de mes es en sí un juicio devastador acerca de la sociedad burguesa”
Werner Bonefeld
La Renta Básica Universal (RBU) fundamentalmente representa un simbolismo gratificante que oculta la explotación continuada del capitalismo a la clase trabajadora. Parches al sistema que representan un efecto Lampedusa, consistente en hacer las cosas de modo que algo mute para que lo demás permanezca intocado en la estructura social de clases. Una estrategia que pueden acoger los gobiernos para reducir la desigualdad en la distribución de la riqueza referidas a reformas meramente cosméticas o de distracción que se proponen para mantener incólumes los privilegios sociales y económicos de los manipuladores de esas reformas epidérmicas.
Los Fundamentos sobre la RBU tienen diferentes raíces filosóficas.
El pilar básico en que se apoya la RBU son los Derechos humanos y del ciudadano aprobados el 26 de agosto de 1789 por la Asamblea Constituyente francesa. El ideario político jacobino arranca con los planteos de Robespierre que defendía y expresaba continuamente su idea del Derecho: “¿Cuál es el primer objeto de la sociedad?”, a lo que respondió: “Mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de tales derechos? El de existir”. Con esto se resalta la importancia de una existencia no solo biológica, sino de naturaleza política, con lo que se despliega el valor de la igualdad.
En su discurso del 2 de diciembre de 1792, Robespierre afirmó que todos los miembros de la sociedad deben tener asegurado el acceso a los frutos de la tierra que son necesarios para su existencia. Esa primera ley social es, pues, la que asegura a todos los miembros de la sociedad los medios para existir; todas las demás se subordinan a ésta; la propiedad no ha sido instituida, ni ha sido garantizada, sino para cimentar aquella ley; es por lo pronto para vivir que se tiene propiedades. Y no es verdad que la propiedad pueda jamás estar en oposición con la subsistencia de los hombres.
Contenido en el Artículo 21 de la Constitución Jacobina de 1793: “Las ayudas públicas son una deuda sagrada. La sociedad debe la subsistencia a los ciudadanos desgraciados, ya sea procurándoles trabajo, ya sea proporcionando los medios de existencia a lo que no estén en condiciones de trabajar”, y en el Artículo 122. “La Constitución garantiza a todos los franceses la igualdad, la libertad, la seguridad, la propiedad, la deuda pública, el libre ejercicio de los cultos, una instrucción común, ayudas públicas,….”
Ejercerá influencia sobre Fichte que publica “Fundamento del Derecho Natural según los principios de la doctrina de la ciencia” (1796) durante su período de Jena. Entre ellas es de destacar la cuestión de la autoconservación, que es el fundamento de la idea fichteana del Estado. La exigencia de Fichte de garantizar a todos los ciudadanos la subsistencia (das Lebenkönnen), es muy similar a los planteos de Robespierre. Marx criticará los derechos humanos en el ensayo “Sobre la cuestión judía” (1843), la Revolución Francesa es interpretada como el paradigma de la sociedad en la que el modo de producción capitalista genera un régimen político al servicio de la burguesía, se centra más en las causas y consecuencias del proceso revolucionario que en los hechos en sí.
Precursores
La desigualdad como categoría de análisis siempre quedó subsumida en alguna de sus representaciones más evidentes; la pobreza, la marginalidad o la exclusión social.
Quien por primera vez habló de un ingreso mínimo para todos fue Tomás Moro en su obra “Utopía” (1516), Rafael Hythlodeo, navegante portugués y descubridor de la isla de los utopienses se muestra impresionado porque en una visita a Inglaterra ha visto que se ejecuta en la horca a los ladrones que roban para subsistir. Relata que estando en Inglaterra fue invitado por el entonces Cardenal John Morton a cenar junto a un “cierto laico” muy versado en leyes. Este abogado elogiaba la rigurosidad de la justicia que se aplicaba a los ladrones, al punto que no era raro que una veintena de ellos fueran colgados en un mismo cadalso, pero se declara sorprendido de que mientras más eran los ejecutados más ladrones aparecían. Rafael toma la palabra para decir que no hay por qué extrañarse ya que la medida es demasiado cruel como castigo a los robos, pero que a la vez resulta insuficiente para impedirlos y propone “En lugar de infligir estos horribles castigos, sería mucho más oportuno proporcionar a todos algún medio de subsistencia, para que nadie se vea en la terrible necesidad de convertirse, primero en ladrón y luego en cadáver”. Años más tarde, Juan Luis Vives, el humanista catalán, propuso el primer plan detallado en “De subventione pauperum” (1526) o Tratado de socorro a los pobres, invocando a los poderes municipales para que se hagan cargo de los pobres.
En 1795 en el distrito de Berkshire (Reino Unido) se establece el sistema Speenhamland, un episodio en la historia de las Leyes de Pobres inglesas (Poor Laws) que consistía en un sistema asistencial para complementar las rentas de las familias jornaleras cuyos ingresos no fueran suficientes para cubrir las necesidades básicas de alimentación y vivienda que variaba según el número de miembros de cada familia y el precio del grano en el mercado en cada momento. Específicamente, para Marx y Engels estas leyes se vincularían con los procesos necesarios para realizar la acumulación originaria que el capitalismo requiere y forzar a los trabajadores rurales de la época a incorporarse al mercado laboral asalariado. El análisis marxista incorpora a las “Poor Laws” como un instrumento superestructural que asiste al desarrollo del capitalismo en dos frentes: 1)disciplinando a la clase trabajadora (a través de workhouses y castigos a la “vagancia”) y 2) imponiendo un techo en los ingresos laborales mediante el uso de la escala del pan [bread scale] para calcular el subsidio, lo cual facilitó la apropiación de plusvalía y a la vez sirvió para garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo.
El enciclopedista Condorcet en su póstuma obra: “Esquisse d’un tableau historique des progrès de l’esprit humain” (1795) contiene un breve esbozo de cómo sería un seguro económico y cómo podría reducir la desigualdad, la inseguridad y la pobreza en la sociedad:
“Es a la aplicación del cálculo a las probabilidades de vida y a la inversión de dinero a lo que se debe la idea de este método. Esta última ya se ha utilizado con éxito, pero nunca en la escala y con la variedad de formas que la harían realmente útil, no sólo a un puñado de individuos, sino a toda la masa de la sociedad. Liberaría a ésta de la quiebra periódica de un gran número de familias, esa fuente inagotable de corrupción y miseria”
El británico Thomas Paine (1796), en un opúsculo titulado “Agrarian Justice”, propone asignar incondicionalmente una modesta dotación uniforme a cada hombre y a cada mujer que hayan alcanzado la edad adulta y también una modesta jubilación, escribe: “Los pagos corresponderían a todas las personas, ricas o pobres, saludables o discapacitadas. Es un derecho, no es caridad, por eso estoy rogando”.
Otro británico, Thomas Spence recuperó ideas como el “excedente distribuible” —ninguna sociedad fue tan lejos como la británica en términos de la acumulación primitiva—, en un panfleto publicado en Londres bajo el título “Los derechos de los infantes” (1797) propuso que cada ciudad debería tener subastas para cubrir todos los gastos públicos, incluyendo la construcción y el mantenimiento de bienes raíces, así como los impuestos pagados al gobierno, que distribuirían trimestralmente partes iguales asegurando el excedente entre todos los residentes; el socialista utópico Charles Fourier formuló el “mínimo de subsistencia” lo expresa en “La Fausse Industrie”(1836), “si el orden civilizado priva al hombre de las cuatro ramas de la subsistencia natural, la caza, la pesca, la recolección y el pastoreo, que constituyen el primer derecho, la clase que se apoderó de la tierra debe a la clase frustrada un mínimo de subsistencia abundante”; el belga Joseph Charlier enuncia bajo las denominaciones de “el mínimo” o “le revenu garanti” y, más tarde, “dividendo territorial” en su obra “Solution du problème social, ou Constitution humanitaire: basée sur la loi naturelle, et précédée de l’exposé des motifs” (1848) afirmó que todos tienen derecho a disfrutar del usufructo de los recursos naturales creados por la Providencia para satisfacer todas sus necesidades; el economista y filósofo inglés John Stuart Mill en sus “Principios de economía política” (1848) defendió que se debía asegurar un mínimo de supervivencia a todos, con o sin capacidad para trabajar
La discusión de la RBU en el siglo XX, socialdemócratas y liberales en el Reino Unido.
En el siglo XX, finalizando la primera guerra mundial, Bertrand Russell plantea en ”Roads to Freedom” (1918) que debe darse un ingreso mínimo y suficiente para cubrir las necesidades básicas a toda la población y un pago mayor a las personas que tengan un trabajo generando así un incentivo para que la población no abandonara sus empleos.
El laborista Dennis Milner publica: “Higher Production by a Bonus on National Output” (1918) en que defendía la “bonificación estatal”, cuyo importe sería del 20% del PIB per cápita, debería permitir resolver el problema de la pobreza.
El ingeniero inglés, Clifford H. Douglas en 1924 en una serie de conferencias empezó a cuestionar por los riesgos de la sobreproducción. ¿Cómo podía una población empobrecida por cuatro años de guerra consumir los bienes disponibles en abundancia, cuando los bancos se mostraban reticentes a conceder créditos y su poder adquisitivo aumentaba muy lentamente?. Propuso mecanismos de «crédito social», uno de los cuales consistía en pagar a todos los hogares un “dividendo nacional” mensual.
Más adelante, el laborista George D. H. Cole acuña el nombre de “dividendo social”, pero quién da más peso a este término, es el premio Nobel James Meade, quien lo propuso como parte fundamental de una economía justa y eficiente, dando así una posible solución a los problemas de desempleo y pobreza.
Se daría la pauta para el nuevo “demogrant” (subvención otorgada en función de principios puramente demográficos) planteado por el Nobel norteamericano, el keynesiano James Tobin, en 1970, en el que se establece dar una cantidad de dinero a cada familia que varía de acuerdo a su composición.
En la órbita liberal Lord William Beveridge, director de la London School of Economics, en 1942 propuso la alternativa de una renta mínima nacional (asociada a un programa más amplio de prestaciones nacionales unificadas por hijo y seguro social), aunque otro lord liberal Juliet Rhys-Williams intentó un “nuevo contrato social” en “Something to Look Forward To”(1943), cuyo elemento central consistía en una Renta Básica Universal, pero no del todo incondicional, ya que hacía de la disponibilidad para trabajar una contrapartida necesaria para la subvención uniforme. El pago de la subvención se suspendería durante las huelgas. Finalmente prevaleció la propuesta de Beveridge en Gran Bretaña -y pronto comenzó a extenderse por otras partes de Europa-, relegando así las propuestas de tipo RBU a los márgenes del debate político del Reino Unido.
Agathopia, cuando una socialdemocracia colaboradora con el Capital es necesaria.
El Premio Nobel de Economía James Meade, asesor en la gestión del primer ministro laborista Clement Attlee entre 1945 y 1951, en cuyo mandato se establecieron las bases del Estado de bienestar británico. Meade defendió un “dividendo social” financiado por el patrimonio público con el objetivo de alcanzar una solución conjunta a los problemas del desempleo y la pobreza promoviendo una “Agathopia” o asociación de intereses entre capitalistas y trabajadores.
Entre finales del siglo XX y primera década del XXI una sospechosa panoplia de voces favorecen el resurgir de la iniciativa de la RBU bajo la cobertura de programas de ingeniería social.
El filósofo belga Philippe Van Parijs, uno de los fundadores de la Red Europea de Renta Básica, la cual en 2004 se transformó en la Red Global de Renta Básica, de la cual preside su comité internacional, exponente del marxismo analítico del Grupo Septiembre plantea originalmente en 1992 en su libro “La renta básica: más allá de la sociedad salarial”, priorizar la distinción entre libertad “formal” y libertad “real”. Si la libertad formal sólo garantiza el llamado “principio de oportunidades”, la libertad real implica una consideración más amplia e incluye también los medios (concretos y simbólicos) que permiten alcanzar, de hecho, tales oportunidades. Van Parijs sostiene que el ingreso universal es una condición sine qua non de la libertad real. En otras palabras, ser libre es más que tener la posibilidad abstracta (o formal) de hacer algo; implica también los medios para realizar aquellas acciones que estimamos valiosas. La libertad parece consistir más bien en la riqueza, en la posesión de recursos, la “igualdad de libertad” parece significar “posibilidades de obtener bienes económicos”
Contemporáneos CEOs multimillonarios de empresas tecnológicas y plataformas digitales apoyan la RBU: Elon Musk dueño de X; Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook; Pierre Omidyar, fundador de Ebay; Sam Altman, presidente de Y Combinator; Andrew Ng, cofundador de Coursera; Stewart Buttefield, cofundador de Slack, indica que la renta básica universal ayudaría a impulsar el emprendimiento. «No tiene que ser mucho, pero darle a la gente una pequeña cantidad a modo de red de seguridad desbloquearía una gran cantidad de espíritu empresarial.”. Por contra Bill Gates, fundador de Microsoft, aunque reconoce que puede que en un futuro sea necesario y viable, considera con sensatez que actualmente los estados no tienen la capacidad para dar una renta básica universal a sus ciudadanos.
Una galería de títulos inunda los anaqueles de las librerías compitiendo con la sección de autoayuda: Rutger Bregman recomienda la RBU en «Utopía para realistas», el libro Give People Money de Annie Lowrey lleva elsubtítulo «Cómo una renta básica universal acabaría con la pobreza, revolucionaría el trabajo y reharía el mundo». «Raising the Floor» de Andy Stern y Lee Kravitz lleva un subtítulo que afirma que la RBU «Renovará nuestra economía y reconstruirá el sueño americano».Phillipe Van Parijs y Yannick Vanderborght titularon su libro «Basic Income» Una propuesta radical para una sociedad libre y una economía sana. Martin Ford futurista y autor del bestseller del New Yorkb Times: «Rise of the Robots» piensa que la RBU es “la respuesta a la automatización del trabajo” porque “garantizará que los consumidores tengan dinero para gastar, porque la economía de mercado requiere que haya una demanda adecuada de productos y servicios”
El despotismo de la necesidad física y el sueño libertario
Una RBU no es una política social caída del cielo como parece ser en principio. No elimina los desincentivos para trabajar simplemente los desplaza. Es un programa que debe financiarse y como cualquier sistema de prestación social es necesariamente un plan de redistribución de riqueza. La riqueza debe trasladarse de quienes la tienen a quienes no la tienen. Esto significa que en algún punto de la escala de rentas la gente debe pasar de ser receptora neta de prestaciones a ser pagadora neta de prestaciones, la libertad consistiría más bien en la tenencia de riqueza, en la posesión de recursos, la “igualdad de libertad” parece significar “posibilidades de obtener bienes económicos”.
El argumentario de los partidarios la RBU coloca en situación de igualdad con sus congéneres a los ciudadanos excluidos por el desarrollo tecnológico o por la competencia inmigrante. Al recibir todos la RBU adquieren la libertad de ocupar su vida en lo que quieran: reciclarse o no, dedicarse a la vida contemplativa o no… Y eso, en función de su propia voluntad, en el ejercicio de su libertad, y no estando sujetos a la burocracia que les dice lo que tienen, o no, que hacer por carecer de un trabajo. No deben ir cada cierto tiempo a visitar las oficinas oficiales y convencerle de que siguen necesitando la ayuda social.
La idea de un ingreso universal, de hecho, tiene muchos defensores entre la derecha ultraliberal, el concepto de RBU tiene un gran atractivo como una versión extremadamente simplificada del Estado del bienestar — o, peor aún como un sustituto para el mismo. Estos fanáticos del Estado limitado sugieren que se puede “simplificar” (léase recortar) de un plumazo la compleja red de impuestos y subsidios, “eliminando la burocracia” y “reduciendo las interferencias en el mercado” (…)
Los premios Nobeles de Economía Milton Friedman y James Tobin, propusieron el impuesto negativo sobre la renta (INR). En este caso, el Estado descontaría una cantidad fija anual a todo ciudadano de su impuesto sobre la renta de las personas físicas, de modo que los que tuvieran rentas debían pagar impuestos pero los que declararan rentas insuficientes o incluso negativas, debían recibir del Estado una cantidad proporcionada a las necesidades.
Los liberales schumpeterianos que predican las virtudes de la mano invisible y las poderosas fuerzas transformadoras de la «destrucción creativa«. Propensos a proporcionar una red de seguridad primitiva, erradicar las «barreras» a la creación de empleo como el salario mínimo, y dar a la anarquía del mercado una mano libre para destruir las industrias y los puestos de trabajo, sin planificación o provisión de educación y reciclaje.
Abogan por la idea de una RBU relativamente grande, pero (y aquí está la trampa) sólo bajo la condición de que los servicios públicos molestos – como la sanidad y la educación por ejemplo- desaparezcan, es decir, que sean privatizados y abiertos al beneficio empresarial.
Postura ONU
En 2020 Kanni Wignaraja, subsecretaria general de las Naciones Unidas y directora regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Asia y el Pacífico, formuló la aplicación de medidas del tipo de RBU que deberían ser estratégicas y sostenibles para contrarrestar el aumento de la desigualdad y evitarían el incremento de tensiones sociales que exponen a los países a un mayor riesgo de conflicto civil.
Próximo capítulo: “Los límites sistémicos del Estado asistencial en la economía capitalista para la implementación de la RBU”








