Claustro

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CAPÍTULO 40

   El Rey amarillo traía consigo, no sólo a Luna-Anul, sino a todos y cada uno de los treinta y seis sabios del trono. En un lapso de tiempo relativamente escaso y no vinculado con nuestro devenir histórico, pues el tiempo en otros mundos lejanos discurre no en paralelo sino de forma diferente, el Rey había conquistado todos los mundos de fantasía que hubiere por doquier. Se presentó en la ciudad fantástica de Z, conquistó en una hora el reino de Thule, la ciudad amurallada de Aquilea defendida por Aquiles, Cíbola, Jastinápura, Kalápa, la ciudad de los Bandeirantes o ciudad del manuscrito 512, Paititi, Saketa, Ys, Zerzura, Penglai Shan, Asgard con todos sus dioses, Tartessos con sus riquezas, el Olimpo con sus mitológicos seres, Amazonas con sus legendarias guerreras, la Arcadia con sus seres bondadosos, el Parnaso, patria de todos los poetas del universo, Aarv donde reinaba Osiris, los Campos Elíseos donde Hades vivía rodeado de héroes inmortales, El Cielo donde Dios creador reinaba, Gastropnir, Hanan Pacha con su dios Viracocha, Lemuria, Xibalbá, todos los reinos callaron ante la maquinaria de guerra desplegada por el Rey Amarillo. Tan solo dos mundos de fantasía resistieron a la brutal embestida del Rey. Uno el reino de Zurinia donde las treinta y tres tribus de perros liderados por Adisei fueron avisados por el sabio del trono Tomy-Ymot y pudieron defenderse de forma efectiva. El Rey deseaba fervientemente viajar hasta la tierra y decidió dejar a esos seres absurdos a su suerte sin saber que le seguirían para defender la tierra. El otro caso era más delicado. En el infierno Satán había decidido acompañar al Rey Amarillo a conquistar la tierra, su deseo de siempre, pero ocurrió que un ilustre personaje que acababa de entrar en el infierno se rebeló contra él y lo acabó ejecutando. 

   Efectivamente Henry Kissinger falleció el 29 de noviembre de 2023. Nada más entrar con honores en el infierno fue llevado junto a Satán. El propio príncipe caído le puso la célebre corona negra como agradecimiento por una vida repleta de fieles servicios a la causa de Satán. Así entró Henry en el círculo íntimo del mayor de los tiranos y muy poco tiempo después fue cuando el Rey Amarillo se presentó en el infierno solicitando la ayuda de los demonios de la oscuridad. Fue el propio Kissinger quien lo recibió y quien aceptó todas las peticiones que se le hicieron.

   —Así que has humillado al mismísimo creador, ¿No? —dijo Kissinger mientras se disponía a devorar un niño palestino recién asesinado por Israel.

   —No sé a qué Dios te refieres porque he vencido a todos los dioses habidos y por haber. 

   —El Dios de los hebreos, de los cristianos y de los musulmanes. El que creó el mundo en siete días.

   —Yo he conquistado mundos en mucho menos tiempo. —dijo el Rey amarillo.

   Se discutió en cómo llevar a sus demonios a la tierra pero Kissinger le avisó de que había métodos más sencillos que utilizar sus naves estelares para viajar por el hiperespacio y que así tardarían mucho menos tiempo en llegar. Desde el inicio de los tiempos los agujeros de gusano eran utilizados por los demonios del infierno y por los ángeles del cielo. Con ese método era casi instantáneo llegar a la tierra. Se podría decir que se disponía de una fácil comunicación con ese planeta. Después de arduas decisiones se llegó a la conclusión de que era el método más efectivo y se dispuso lo necesario para la gran invasión. 

   Un gran agujero de gusano se divisaba en el límite de la laguna estigia. O eso era lo que le dijo Kissinger al Rey amarillo. Era una esfera inmensa que unía dos puntos distantes del espacio-tiempo. 

   —Es muy sencillo, el conjunto frontera de la esfera es trivial desde el punto de vista topológico pero su interior no es simplemente conexo. —dijo Kissinger a Satán mientras el Rey Amarillo observaba.

   —Lo que tú digas brother. —comentó desdeñoso Satán a su gran Capitán. 

   Entonces Henry colocó un cinturón de energía en los cuernos del príncipe caído y lo expulsó de la nave. No estaban frente al agujero de gusano sino frente al agujero negro de Sagitario A. Henry había engañado al Rey y este se marchó ofendido. Satán se acercó al horizonte de sucesos y su cuerpo comenzó a estirarse de forma alarmante. Emitió un grito largo que se hubiera escuchado de forma terrible si el sonido hubiera podido salir de ese tirón gravitacional. Satán estaba condenado, cayó de cabeza dentro del agujero negro estirándose hasta el infinito y no dejando de caer por toda la eternidad. Una muerte justa y necesaria para el gran príncipe del mal. Era como si el mismo Kissinger hubiese inventado el décimo círculo del infierno. La muerte no le envolvería jamás pero jamás podría salir de allí. Ante esta perspectiva las huestes del infierno juraron obediencia ante el nuevo dios del mal, Henry Kissinger.

   El Rey de amarillo decidió prescindir de Kissinger y sus demonios y salió rápidamente de aquel maligno lugar donde no se respetaban ni entre ellos mismos. Y así es como navegó por el universo hasta la tierra. Pero, ¿dónde estaban Kissinger y sus demonios? ¿Invadiría también la tierra? ¿Destruiría todo lo bello y hermoso de la creación? ¿Podrían defender la tierra unos simples perritos de un mundo tan lejano como Zurinia? ¿Podrían los treinta y seis sabios del trono ayudar a Ovidio y completar su tarea? ¿Acaso no estaban ya todos juntos? ¿Podrían las musas y Ovidio cumplir con su plan o todo sería barrido por las ansias de poder del Rey Amarillo?

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