Panfleto contra el conspiracionismo

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“La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento.”
Charles Darwin.

Alexandre García Turcan. Nacido en 1983 en Le Chesnay, Francia. Autor del libro “En defensa del pueblo chino: respuesta a Elisseos Vagenas”. Actualmente administra el canal de YouTube “Artículo 50”. Es bisnieto del coronel republicano Aureliano Álvarez-Coque.

Introducción

Este artículo se propone describir el fenómeno del conspiracionismo, que se ha disparado de forma espectacular en las últimas dos décadas, y que en la actualidad es un cáncer social, como se ha podido ver durante la crisis del Covid-19. Esto no pretende ser un artículo exhaustivo, ni se propone refutar todas las teorías de la conspiración que existen, pero sí pretende dar algunas pautas para comprender qué es el conspiracionismo, por qué existe y cómo se puede refutar. 

I. Definición de conceptos

I.1. ¿Qué es una teoría de la conspiración?

Cuando se busca “Teoría conspirativa” en Wikipedia, se describe de la siguiente manera:

“Las expresiones teoría conspirativa, teoría de la conspiración, teoría conspiratoria o conspiranoia se usan para referirse a ciertas teorías alternativas a las oficiales que explican un acontecimiento o una cadena de acontecimientos, comúnmente, de importancia política, social, económica, religiosa o histórica, por medio de la acción secreta de grupos poderosos, extensos y de larga duración, y además en tono peyorativo para descalificar esas teorías.”

Esta sería la definición de teoría de la conspiración, que no es lo mismo que el conspiracionismo. Es importante subrayar que Wikipedia indica que este tipo de expresiones se usan en un tono peyorativo (lo cual es una realidad). Pero no dice que las teorías de la conspiración son necesariamente falsas.

De hecho, en el capítulo tercero de la citada página, titulado “Conspiraciones verificadas”, la propia Wikipedia hace un listado de teorías de la conspiración que han sido verificadas. Citemos algunas de ellas:

  • La policía secreta del zarismo, la Ojrana, fomentó el antisemitismo en Rusia presentando Los protocolos de los sabios de Sion como un texto auténtico.
  • La red ODESSA (Organisation der Ehemaligen SS-Angehörigen) fue desarrollada por grupos nazis para ayudar a miembros de las SS a escapar desde Alemania a otros países, particularmente a Latinoamérica.
  • El proyecto MK Ultra fue un programa secreto diseñado y ejecutado por la CIA destinado a identificar y desarrollar sustancias y procedimientos para utilizarlos en interrogatorios y forzar a los individuos a confesar a partir de técnicas de control mental.
  • La participación de la CIA en operaciones de tráfico de drogas, con grupos que se sabía que estaban involucrados en este tipo de tráfico, para que dichos grupos proporcionaran información útil y de apoyo material, a cambio de permitir que sus actividades criminales continuaran.
  • El “Escándalo Irán-Contra”, que reveló que durante los años 80 la administración Reagan había financiado a una guerrilla contrarrevolucionaria en Nicaragua a través de la venta de armas a Irán y de drogas en las calles de Estados Unidos.

A estas conspiraciones no tan conocidas, se pueden sumar otros ejemplos conocidos como la conspiración de la CIA para derrocar al gobierno de Salvador Allende en 1973, la conspiración de las armas de destrucción masiva para justificar la intervención en Irak en 2003, o el bulo sobre las incubadoras de Kuwait en 1990 que sirvió de excusa para intervenir en la Guerra del Golfo.

Esas conspiraciones son ciertas porque han sido verificadas con documentos desclasificados, han sido reveladas al público tras una investigación o han sido abiertamente reconocidas por sus participantes.

Pero es que, además, no hace falta buscar en Wikipedia para saber de la existencia del concepto de conspiración. La conspiración es un delito tipificado en el artículo 17 del Código Penal, que la define así:

“La conspiración existe cuando dos o más personas se conciertan para la ejecución de un delito y resuelven ejecutarlo.”

Con lo cual, las teorías de la conspiración se pueden dividir en tres categorías:

  1. Las teorías de la conspiración que son ciertas porque han sido verificadas o reconocidas.  
  2. Las teorías de la conspiración que son falsas, pero que en caso de existir al menos tendrían sentido. Por ejemplo, las teorías de la conspiración sobre los alunizajes del Programa Apolo entre 1969 y 1972. Se sabe que son falsas, pero de ser ciertas, tendrían sentido: el gobierno de los Estados Unidos hubiese tenido un interés en difundir la falsa creencia de que los norteamericanos habían llegado a la Luna antes que los soviéticos.
  3. Las teorías de la conspiración que son falsas, y que además no tienen ningún sentido, lo mires por donde lo mires. Ejemplos: la teoría de la “plandemia”, el terraplanismo o la teoría de los chemtrails.

Entonces, ¿a qué problemas se enfrentan los que queremos hacer una crítica sólida y eficaz de los gobiernos y del sistema económico hegemónico en Occidente? Lo primero es que hay que ser extremadamente prudentes cuando se plantea una teoría alternativa a un suceso. Hay que verificar los hechos, verificar las fuentes, escuchar lo que dicen los que desmontan estas teorías, y atenerse a los hechos objetivos (como decía Mao, “buscar la verdad en los hechos”). Y acostumbrarse a tener el reflejo de pensar que, cuanto más convincente parezca un argumento, más tenemos que desconfiar del mismo.

En segundo lugar, como indica el periodista francés de origen colombiano Vincent Lapierre:

“El problema es que estamos atenazados por la gente que dice que nunca hay conspiraciones: eso es el sistema, son los medios de comunicación, es el gobierno, es Rudy Reichstadt (1), ConspiracyWatch y compañía… Para ellos, en el momento en que dices: “espera, puede que ahí los tíos se han puesto de acuerdo para asesinar a tal persona…”, dicen: “No, eres un conspiracionista, no tienes derecho a opinar.” Estamos atenazados entre esa gente, y los que dicen que hay conspiraciones por todas partes. Soral, por ejemplo. ¿Hay una pandemia? Son los judíos. ¿Notre-Dame se quema? Son los judíos. Estamos atenazados entre estos dos extremos, y toda la dificultad para nosotros, que estamos en internet, que observamos, que nos informamos, y que – aún más difícil – queremos informar, es tener una visión equilibrada de las cosas.”

Entonces, el hecho de creer en teorías de la conspiración no te convierte automáticamente en un conspiracionista. El conspiracionismo sería la tendencia a ver conspiraciones por todas partes, o, al menos, creerse todas las teorías de la conspiración que circulan en internet, debido a una cognición disfuncional y/o una mala praxis epistémica. No obstante, a partir de ahora hablaremos de teorías de la conspiración en general para referirnos a teorías que son falsas o no se sostienen.

I. 2. ¿Qué es el magufismo?

Aunque va asociado al concepto de conspiracionismo, no es exactamente lo mismo. Por ejemplo, se puede ser un magufo en un caso determinado, sin necesariamente ser un conspiracionista. En cambio, por regla general, el que sea conspiracionista será un magufo, por el simple hecho de que está dispuesto a creer en cualquier cosa.

Según Wiktionary, el término magufo proviene de la combinación entre mago y ufólogo, y tiene tres acepciones:

  1. Persona que promueve o comercia con fenómenos paranormales y pseudocientíficos tales como la ufología, la magia, la telepatía, o con teorías conspirativas.
  2. Persona que cree en pseudociencia o en teorías conspirativas.
  3. Que pretende ser científico sin serlo.

La acepción que preferimos manejar es la tercera, es decir, “persona que habla como si fuera un científico pero no lo es”. En este sentido, magufa era por ejemplo la cantante Claire Séverac, que durante un tiempo estuvo en la secta antisemita Égalité et Réconciliation, y que decía el zumo de frutas es lo mejor contra el cáncer… hasta que ella misma murió a causa de un cáncer. O los que nos aseguran (mejor dicho, aseguraban) que la hidroxicloroquina, la artemisia o la ivermectina son remedios eficaces contra el coronavirus, o que como medida preventiva contra el mismo basta con tomar vitamina D.

Los magufos sufren de algo que se llama efecto Dunning-Kruger, que es un sesgo cognitivo conocido en psicología por el cual ciertos individuos con escasos conocimientos y habilidades limitadas se consideran superiores a otras personas más inteligentes y preparadas que ellos al experimentar una especie de complejo de superioridad (complejo de superioridad que en no pocas ocasiones lleva a otro síndrome que es el síndrome de Hubris).

Un caso típico de Dunning-Kruger son los que opinan sobre las vacunas en contra de lo que dice el consenso científico sin ser biólogos, o los que hacen afirmaciones tajantes sobre el cambio climático sin ser climatólogos, porque han descubierto en internet algo, o algunas cosas, que les permite construir a través del cherry-picking una teoría alternativa que les resulta agradable y que según ellos habrían escapado al consenso científico. Eso no significa que estén errados en todo lo que dicen, pero existen razones para ser prudentes cuando se les escucha.

Otro ejemplo perfecto lo tenemos en el conspiracionista Bart Sibrel, que en el documental Landing on Moon – Hoax by America, llega a decir “el motivo por el cual no pudieron llegar a la Luna es un fenómeno que muy poca gente conoce, que son los anillos de Van Allen”. Lo cual viene a decir: “He descubierto que hay algo que se llama anillos de Van Allen, y es como: ¡wow!, nadie antes de mí había oído hablar de eso, y aunque no sea astrofísico, sé más que la comunidad científica”.

Una vez aclarado esto, a partir de ahora emplearemos el término conspiracionista tanto para referirse tanto a magufos como a conspiranoicos.  

I. 3. Las teorías conspiracionistas suelen ser análogas, no unívocas

El problema de las teorías conspiración es que, al basarse en cosas muy poco sólidas, cada una de las teorías suele tener distintas variantes. O peor, pueden llegar a afirmar cosas totalmente contradictorias al mismo tiempo. Y hay gente que aun así se las creen, porque prima más la satisfacción de escuchar el “relato” que buscar la verdad.

Por lo tanto, cuando se habla de una teoría de la conspiración sobre una determinada cuestión, lo que se observa es que no existe “la” teoría de la conspiración (en sentido unívoco), sino que suele haber varias teorías de la conspiración (en sentido análogo).

Lo cual es totalmente lógico, porque al basarse en rumores, creencias, magufadas, bullshit, etc., antes de difundirlas, antes de producirlas por primera vez, los conspiracionistas no se han sentado alrededor de una mesa para ponerse de acuerdo sobre una versión “oficial” y única. Porque ello implicaría que tendrían que reconocer entre ellos que están mintiendo (y esto es lo que quieren evitar a toda costa). Y además es imposible que haya una sola versión oficial de la teoría de la conspiración. Porque en la era de internet y las redes sociales, cualquiera puede escribir lo que quiera, creando su propia teoría de la conspiración.

Ahí es cuando pueden aparecer sofistas como Thierry Meyssan, que pueden aprovechar la oportunidad y sacar un libro que “cree tendencia” y que delimite una teoría más o menos clara. El problema es que el sofista que haga eso en primer lugar, no será el único en tener un interés pecuniario, por lo que siempre saldrá otro sofista que reproduzca una teoría parecida pero con alguna variante, para que parezca “suya”. Y, finalmente, hay otro problema, que es que como no pueden recordar todas las mentiras que dicen (ese es el problema de la mentira, que es más difícil de recordar que la verdad), ocurre frecuentemente que un mismo y único sofista pueda afirmar cosas totalmente contradictorias, incluso en el espacio de una misma intervención en televisión o en internet. (2).

Cojamos por ejemplo las teorías de la conspiración sobre el asesinato de John F. Kennedy. No estoy diciendo que todas sean delirantes. De hecho, no puedo hacerlo porque a) no he estudiado la cuestión, y b) aunque resulten ser falsas, se puede decir que por lo general forman parte del grupo de teorías que tienen sentido.

Pero la realidad objetiva es que si uno busca “Teorías de conspiración sobre el asesinato de John F. Kennedy” en Wikipedia, observa que ha habido al menos nueve teorías distintas. Lo cual ya es motivo suficiente para desconfiar de la mayoría. Y es más, si uno se mete en la misma página Wikipedia en inglés, observa que aparecen listadas catorce teorías distintas. Necesariamente, algunas de ellas tienen que ser falsas.

Lo mismo ocurre con las teorías sobre la “plandemia”. El problema ahí es que no ha pasado suficientemente tiempo como para que Wikipedia pueda identificarlas claramente. Pero vamos a tratar de enunciarlas, enseñando todas las variantes posibles, como si estuviéramos analizando en texto una partida de ajedrez con sus distintas variantes (todo lo que sigue a continuación es verídico, son cosas que se han dicho por gente que se pretende “seria”):

  1. Alguien:
    1. Soros,Bill Gates,Klaus Schwab,El Foro de Davos,El Instituto Pasteur,Yves Lévy, inmunólogo francés que estuvo en la inauguración del laboratorio de Wuhan (que es una forma velada de decir que “han sido los judíos”),
    1. Los chinos (teoría de Donald Trump), (3)
  2. Ha hecho que se escape un virus:
    1. Creado artificialmente en laboratorio,
    1. Que se cogió en la naturaleza y que luego se habría hecho fugar a propósito de un laboratorio (aunque la hipótesis del virus recogido en la naturaleza que luego haya escapado por accidente no ha sido totalmente descartada por la comunidad científica),
  3. Para que haya una pandemia, aunque luego el virus:
    1. No existe, porque en realidad lo que hay en Europa es una pequeña gripe,
    1. Tiene una tasa de letalidad del 0,5%, con lo cual en realidad no es gran cosa, no arriesga saturar las salas de reanimación,
  4. Para darle una excusa a Pedro Sánchez para confinarnos durante tres meses, para:
    1. Recortar nuestras libertades (aunque es curioso, porque después de confinarnos, nos ha desconfinado) para controlarnos y para que no haya contestación social, 
    1. Domesticarnos porque están haciendo un experimento para poder mejor dominarnos mejor en el futuro,
  5. Pero en realidad la gente no está muriendo de Covid, los hospitales no están llenos, han dado la orden a los médicos y enfermeros de no hacer autopsias,
  6. Y todo esto para que:  
    1. Klaus Schwab pueda hacer el “Great Reset” (que en realidad no tiene absolutamente nada que ver con lo que realmente dice Klaus Schwab en su libro),
    1. Nos metan el crédito social chino (que no existe ni en China, pero eso es otra historia),
    1. Bill Gates haga negocio vendiéndonos su vacuna, que:
      1. No es una vacuna sino una terapia genética que nos va a modificar el ADN,
      1. Nos va a introducir aluminio en el cuerpo para genocidarnos porque hay un exceso de población,
      1. Nos va a introducir un chip para que luego nos puedan rastrear a través de la 5G.

Entonces, de haber una teoría general de la “plandemia”, sería más o menos lo siguiente:

“Bill Gates ha organizado en Wuhan la fuga de un virus fabricado artificialmente para justificar que los gobiernos del mundo entero nos confinen, aunque el virus en realidad no existe, para que se pueda hacer el “Great Reseat” y que las farmacéuticas puedan vender una vacuna que nos va a matar.”

Otra variante ligeramente diferente de la teoría consiste en decir: “bueno, parece que hay un virus, que no es mucho más peligroso que una gripe, pero los gobiernos lo están utilizando como excusa para recortar nuestras libertades e imponernos una dictadura y para que las farmacéuticas hagan negocio vendiéndonos una vacuna con efectos secundarios mortales.”

El problema es que ahora estamos en enero de 2023, podemos movernos libremente, las mascarillas sólo son obligatorias en farmacias, en centros médicos, en el vagón del metro, en el autobús y en algunos espacios interiores como centros de trabajo (cierto es que con la pandemia se ha generalizado el teletrabajo, pero no veo en qué eso sería algo terrible). Entonces, al tener que rendirse ante la evidencia, que es que no se ha cumplido ninguna de sus predicciones, los conspiracionistas tienen que “rellenar huecos”, improvisando otra teoría: “bueno, pero es que se han dado cuenta de que no pueden ir tan lejos, por eso han dado marcha atrás, era un experimento, y ya están preparando la siguiente conspiración”. ¿Pero estas afirmaciones se basan en alguna prueba documentada? No, es una explicación ad hoc.

II. Los sofistas son los conspiracionistas más peligrosos

II. 1. ¿Qué es un sofista según Platón y Aristóteles?

Un conspiracionista no actúa necesariamente de mala fe. De hecho lo normal es que los conspiracionistas manipulados por sofistas creadores de opinión se crean las cosas que dicen (aunque sería más preciso decir que “quieren creer”, lo cual es el mismo mecanismo psicológico que la fe religiosa). Pero los conspiracionistas profesionales con poder de influir en cierta opinión pública no se creen ni ellos mismos lo que dicen. Y eso tiene un nombre. Se llama un sofista.

La definición que da la RAE de sofista (“persona que se vale de sofismas”) no coincide al 100% con la definición que manejamos aquí. Pero en Wikipedia se puede leer que los detractores de los sofistas, Platón y Aristóteles, pensaban que eran maestros de la retórica que, mediante la persuasión de una audiencia, estaban más interesados en la propia eficacia persuasiva que en la verdad. En otras palabras, el sofista es aquel que busca más la adhesión de un público a su discurso que en buscar la verdad. Son gente que manejan a la perfección lo que el filósofo alemán Arthur Schopenhauer llamaba la dialéctica erística, es decir, según el mismo Schopenhauer, “el arte de discutir, pero discutir de tal manera que se tenga razón tanto lícita como ilícitamente.”

Ejemplos de destacados sofistas:

  • Thierry Meyssan, fundador de la Red Voltaire.
  • Florian Philippot, antiguo nº2 de Marine Le Pen y presidente del partido político Los Patriotas.  
  • Alain Soral, ex-Frente Nacional y presidente de la secta antisemita Égalité et Réconciliation.
  • Didier Raoult, infectólogo y microbiólogo que propuso la hidroxicloroquina como remedio contra el coronavirus.
  • Robert Faurisson (fallecido en 2018), gurú mundial del negacionismo del holocausto.
  • Pedro Varela, librero, escritor, ensayista, presidente entre 1978 y 1993 del grupo CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa) y negacionista del holocausto.
  • Alex Jones, presentador de radio estadounidense, que en octubre de 2022 fue condenado a pagar 965 millones de dólares a las víctimas de la masacre de la escuela Sandy Hook en 2012.
  • Bart Sibrel, director de cine conocido principalmente por afirmar que los alunizajes del Programa Apolo entre 1969 y 1972 fueron montajes.
  • Benjamin Fulford, “investigador” en geopolítica.
  • David Icke, ex-futbolista inglés y divulgador de la teoría sobre la raza interdimensional de seres reptilianos.

El concepto de dialéctica erística aparece en la obra Dialéctica erística o el arte de tener razón, que es una obra donde Schopenhauer recopila 38 Kunstgriffe, es decir, estratagemas o “trucos” dialécticos, argumentaciones desleales y engañosas utilizadas en las discusiones cuando uno de los contrincantes desea que prevalezcan sus tesis sobre las de su adversario. Y gran parte de estos Kunstgriffe son exactamente lo que Platón y Aristóteles llamaban sofismas (de allí el nombre de sofistas), palabra que es sinónima de falacia.

II. 2. ¿Qué es una falacia?

En lógica, una falacia es un argumento que tiene apariencia de validez, pero no la tiene. No siempre se cometen intencionadamente. Todo el mundo ha dicho falacias en un debate, muchas veces sin darse cuenta. Cuando se hace con la voluntad deliberada de engañar, se habla más bien de sofisma. Cuando se comete inintencionadamente, se llama paralogismo.

Desde que Aristóteles empezara a estudiarlas, los filósofos han listado cientos de falacias lógicas. Sólo en Wikipedia aparecen más de 50. No es cuestión de listarlas todas aquí, pero es muy importante enseñarlas desde la más temprana edad para crear ciudadanos libres y conscientes, y evitar que sean víctimas de sofistas, ya sean políticos, religiosos, científicos, etc.

II. 3. Falacias lógicas comúnmente usadas por el universo conspiracionista

Vamos a listar algunas falacias comúnmente usadas por los conspiracionistas. Los ejemplos que voy a presentar a continuación no son inventados, los he experimentado en primera persona o he podido observarlos.

a) Falacia ad hominem: consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién es el emisor de esta.

Ejemplo:

A: “Las vacunas de ARN mensajero no son realmente vacunas, son terapia genética.”

B: “Mira, en este artículo de la Agencia EFE te explican que no es así.”

A: “¡Eso es la agencia EFE! ¡Son los medios de Sánchez!”

Lo interesante es que en el 99% de los casos, el conspiracionista va a recurrir a ese argumento, sea cual sea la fuente que uses.

b) Argumentum ad misericordiam: consiste en la manipulación de los sentimientos para sostener un argumento como válido. Es típico del sionismo.

Ejemplo:

A: “Creo que el Estado de Israel se excede con los palestinos, está utilizando fósforo blanco contra niños.”

B: “Mira, mi abuelo murió en Auschwitz, y para mí es absolutamente inaceptable que digas eso. ¿Eres nazi?”

c) Argumentum ad populum: implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de al argumento por sí mismo.

Ejemplo:

A: “Eduardo Garzón es gilipollas, dice que los Estados que emiten su propia moneda no están constreñidos a la hora de financiar sus políticas económicas.”

B: “¿Por qué dices eso?”

A: “Es de primero de economía (que es como decir “lo sabe todo el mundo”), si empiezas a crear moneda vas a generar inflación y en dos días acabas como Venezuela.”

d) Argumentum ad verecundiam: consiste en defender algo como verdadero porque quien es citado en el argumento tiene autoridad en la materia.

A: “El coronavirus ha sido fabricado en un laboratorio chino.”

B: “¿Por qué?”

A: “Lo dice Luc Montagnier, el premio nobel que descubrió el VIH, por lo tanto tiene que ser verdad.”

e) Post hoc ergo propter hoc (también conocida como falacia de correlación coincidente): es un tipo de falacia que afirma o asume que si un acontecimiento sucede después de otro, el segundo es consecuencia del primero.

A: “Hay una plandemia, el Covid no existe.”

B: “¿Por qué?”

A: “El presidente de Tanzania, John Magufuli, era uno de los mayores negacionistas mundiales del Covid. El 17 de marzo de 2021 murió en extrañas circunstancias. ¿Curioso, no?”

Aquí hay que detenerse en esta falacia porque guarda mucha relación con un fenómeno que explica por qué en realidad el conspiracionismo resulta de una secularización de la idea de Dios, que es la apofenia. En su definición no psiquiátrica (porque es un término que designa también un comportamiento patológico en los esquizofrénicos), la apofenia es la tendencia en atribuir intenciones, causalidades y voluntades en simples correlaciones de fenómenos observables. En otras palabras, es la tendencia a querer atribuirle un sentido a un grupo de acontecimientos que no tienen necesariamente una relación entre ellos. Ejemplo prehistórico: “He dibujado un bisonte en la cueva de mi caverna. Dos días después, mi tribu ha cazado un bisonte. Es probablemente porque mi dibujo ha satisfecho a los espíritus de la caza.” Un ejemplo de apofenia en la era contemporánea sería Thierry Meyssan hablando del 11-S en la televisión: “Hay muchas cosas que se han olvidado sobre la Casa Blanca, ¡el edificio anexo de la Casa Blanca se incendió el 11 de septiembre! ¡Nadie ha hablado de eso!”

f) Falacia de evidencia incompleta (también llamada cherry picking): es la acción de citar solo los casos individuales o datos que parecen confirmar una cierta posición o proposición, a la vez que se ignoran las evidencias o información que podrían contradecir la proposición. 

Ejemplo:

A: “Lo del cambio climático, al menos el antropogénico, es un bulo inventado por Margaret Thatcher y por el lobby de las energías verdes.”

B: “¿Estás seguro de eso? Parece que hay un consenso científico sobre ello.”

A: “¡Pero qué va! El clima cambia de manera natural, en la Edad Media había temperaturas más altas que las actuales. Además, el climatólogo James Hansen dijo en 1988 que en 30 años la parte baja de Manhattan estaría sumergida bajo el agua. Esto no ha ocurrido, es la prueba de que lo del cambio climático es un bulo.”

g) Falacia del falso escocés: es también típica del sionismo. Es una falacia que intenta proteger una generalización universal de los contraejemplos, cambiando la definición de manera ad hoc para excluir el contraejemplo.

Ejemplo:

A: “Yo soy judío, y me ofende que critiques a Israel.”

B: “Norman Finkelstein es judío y es un crítico feroz de Israel.”

A: “Ya, pero ése es un judío especial. Es un judío que se odia a sí mismo.”

h) Falacia de asociación: es una falacia en la que se afirma que las cualidades de un objeto específico se corresponden con las de un grupo general, mediante una relación intrascendente. 

A: “Los que critican la ley trans son tránsfobos y ni siquiera se la han leído.”

B: “Paula Fraga, que es jurista, está en contra, entonces me imagino que se la habrá leído.”

A: “A Paula Fraga la apoya Macarena Olona de VOX por ir en contra de Irene Montero. No es una buena referencia.”

i) Apelación al ridículo: es una falacia en la que se presentan los argumentos del oponente de manera tal que parezcan ridículos o irrisorios. 

Ejemplo:

A: “El Covid no es gran cosa, al final no es más que una gripe.”

B: “Según varios estudios en 2020 tenía una tasa de letalidad de entre 0,5% y 1%.”

A: “¿0,5% de letalidad? ¡Un virus peligrosísimo, vaya!”

j) Conclusión irrelevante (o ignoratio elenchi): falacia en la que se presenta un argumento que puede o no ser por sí mismo válido, pero que prueba o concluye una proposición diferente a la que debería probar o concluir.

Ejemplo:

A: “Hay una plandemia, todos los gobiernos se han puesto de acuerdo para hacer creer que hay un virus y confinar a la gente.”

B: “¿Todos los bloques geopolíticos se han puesto de acuerdo? ¿Estados Unidos, Rusia, China, Cuba, Venezuela? ¿Trump, Biden, hombro con hombro con Raúl Castro y Maduro?”

A: “¿Desde cuándo Cuba y Venezuela son ejemplos de virtud? En Venezuela no tienen nada que comer, y de Cuba se escapan nadando hacia los Estados Unidos.”

Podemos dejarlo aquí en lo que se refiere a las falacias lógicas. Hay muchas más usadas en el ámbito de la política o del conspiracionismo. Lo importante es saber detectarlas para encontrar las fallas lógicas que hay en el discurso del sofista.

III. ¿Por qué existe el conspiracionismo?

Los motivos por los que aparecen conspiracionistas, al menos en Occidente, son varios. Hay causas ideológicas, psicológicas, sociológicas e históricas, que se han disparado en las últimas décadas con la combinación de los siguientes factores:

  1. Pérdida de credibilidad de los medios de comunicación mainstream,
  2. Desarrollo de las redes sociales en internet,
  3. Retroceso del marxismo en las organizaciones políticas de izquierdas, en la intelectualidad y en las universidades;
  4. Efectos de la filosofía posmoderna;
  5. Décadas de neoliberalismo.

Voy a tratar de detallar los rasgos de la estructura mental del conspiracionista, no basándome en un estudio, sino en lo que se ha dicho aquí y allá sobre el conspiracionismo por personas que lo han vivido y lo han estudiado. Al final lo que nos interesa es determinar lo siguiente: a) ¿Qué condiciona que una persona pueda ser conspiracionista? y b) ¿Qué obtiene una persona al ser conspiracionista?

III. 1. ¿Qué condiciona que una persona pueda ser conspiracionista?

III. 1. a. Lo mejor para informarse es adoptar una postura intermedia

Lo cierto es que es comprensible, en cierta medida, que hayan proliferado conspiracionistas en Occidente por la pérdida inmensa de credibilidad de los medios de comunicación mainstream, que, como ha podido comprobar gran parte de la población, han mentido en reiteradas ocasiones. Mintieron para justificar las intervenciones militares de Occidente (todos recordamos el asunto de las armas de destrucción masiva en Irak, y las mentiras sobre Yugoslavia, Libia, Siria, etc.). Mintieron cuando difundieron sus propias teorías conspirativas, como fue el caso del Russiagate, que nos explicaba, sin aportar ninguna prueba, que había habido una coordinación entre la campaña presidencial de Donald Trump en 2016 y el gobierno ruso (pero esas son las teorías de la conspiración “progres”, por lo tanto son las buenas). Tuvieron una postura claramente partidista previamente a la ratificación de tratados lesivos como el Tratado de Maastricht en 1992 o el Tratado para una Constitución Europea en 2005 (que al final fue rechazado pese a la propaganda mediática). Los ejemplos son numerosos.

Entonces, es normal que haya gente que ha dejado de ver la televisión y que traten honestamente de buscar explicaciones a los hechos en internet. Pero esto no justifica creer en cualquier afirmación, cualquier delirio que aparezca publicado en internet o en las redes sociales, solo porque nos agrade leerlo. Si no somos ingenuos cuando vemos la televisión, con más razón no debemos serlo cuando leemos un artículo de Thierry Meyssan. Por lo tanto, la postura más prudente es no adherir totalmente a los medios de comunicación mainstream alimentados por el capital financiero, ni adherir totalmente a lo que se publique en los medios alternativos de internet, cosa que en no pocas ocasiones genera un negocio. Es decir, ni las gilipolleces de arriba, ni las gilipolleces de abajo. Hay que hacer una crítica sólida y eficaz del sistema dominante, pero ateniéndose a los hechos y manteniéndose en la racionalidad.

III. 1. b. El “pensamiento burbuja”

El concepto de “pensamiento burbuja” ha sido acuñado por el ex-neonazi David Saavedra (aunque en realidad ya existía el concepto de “burbuja cognitiva”). El “pensamiento burbuja” se da por el rechazo natural del ser humano en aceptar la contradicción. A ello probablemente ha contribuido mucho el retroceso de la enseñanza del marxismo tras la desintegración de la Unión Soviética. Se sabe que la dialéctica hegeliana (de la que parte el marxismo) considera que la forma más adecuada de entender la realidad es estudiar el desarrollo de las contradicciones que anidan en ella. 

Estas contradicciones no solo se dan en la realidad material (lo que desde el materialismo filosófico de Gustavo Bueno se llamaría primer género de materialidad), sino que también se dan en las creencias de uno mismo, sobre todo cuando se piensa que una tesis o teoría permite explicar un fenómeno de la realidad, hasta que se da con otra teoría que la contradice. Y es importante subrayar que la puede contradecir total o parcialmente. Entonces, para superar la contradicción hay dos caminos:

  1. O bien lo que creías era totalmente falso, y entonces lo tienes que desechar por completo, abrazando otra explicación de la realidad, cuya veracidad después se debe seguir comprobando;
  2. O bien no todo lo que creías es falso, sino que había parte de verdad en ello, con lo cual la contradicción se puede superar a través de la secuencia a) afirmación – b) negación – c) negación de la negación.

No se trata de dar un curso de filosofía, pero la enseñanza básica que hay que retener es ésta: la contradicción es parte de la realidad, y es precisamente a través de las contradicciones dialécticas como se puede llegar a la verdad. Lo que no es aceptable son las contradicciones no dialécticas, que son las contradicciones en las que caen los conspiracionistas, que pueden llegar a afirmar A y B al mismo tiempo, siendo imposible que ambas cosas se puedan dar a la vez.  

Vamos a dar un ejemplo. Imaginemos que retrocedemos en el tiempo y asistimos a una clase de filosofía de Georges Politzer (autor de Principios Elementales de Filosofía, obra injustamente criticada por algunos intelectuales de izquierda divagante como Carlos Fernández Liria), que nos explica allí que un cuerpo de un hombre recientemente fallecido está tanto vivo como muerto, y que eso es una contradicción dialéctica. ¿Es esto cierto? El hombre está definitivamente muerto, eso es incuestionable, pero en la medida en que se trata de un cadáver reciente, aún tiene células que seguirán viviendo durante un cierto tiempo. Es más, se sabe que hay procesos como la digestión que siguen funcionando un tiempo aun después de morir. Por lo tanto, afirmar que en el cadáver del hombre en cuestión hay tanto vida como muerte, es correcto, y forma parte de las contradicciones compatibles con la realidad material.

En cambio, lo que es absolutamente inaceptable son las contradicciones que vamos a llamar “metafísicas” (en el sentido de “imposibilidad metafísica, tal y como viene recogido en el diccionario de la RAE), es decir, afirmar A y al mismo tiempo B, cuando A es totalmente incompatible con B y vice-versa. Voy a dar un ejemplo: es absolutamente imposible afirmar que hay una conspiración para crear un virus que extermine la población mundial, pero que cuando este virus llega a España, dicho virus no existe y que las muertes por coronavirus en realidad no son tales, y que el gobierno está dando datos falsos porque no se hacen autopsias. Esto es como decir que algo es “blanco” y “negro” al mismo tiempo, sin que haya escala de grises que valgan. Es decir, como si algo fuese al mismo tiempo el “blanco absoluto” y el “negro absoluto”. Eso es tan imposible como pretender que 2 + 2 = 5, y me atrevería a decir que aún más si cabe.

Y esto es lo que es imposible de entender para aquel que tenga un “pensamiento burbuja”, pues tiene una manera disfuncional de interactuar con la realidad que le rodea. Una persona con una estructura mental normal, cuando ve que algo que percibe a través de sus sentidos no cuadra con sus postulados, trata de adaptar sus postulados a la realidad. Un conspiracionista hará lo contrario: tiene un prisma inamovible a través del cual alcanzar “la verdad”, y retorcerá la realidad para que encaje con sus postulados.  

Esto entronca con la cuestión de las dos formas de razonar en gnoseología (5), que son el razonamiento inductivo y el razonamiento deductivo.

  1. El razonamiento inductivo consiste en partir de una premisa que surge de la experiencia o de la observación de casos probados, de la cual se extrae una conclusión general. Es decir, va de lo particular a lo general: parte de los hechos empíricos para, a partir de ahí, elaborar una teoría. Esta es la forma correcta de aproximarse a la realidad. Ejemplo: “Lejos de suponer un “contrapeso” a los Estados Unidos, los hechos objetivos es que los servicios norteamericanos financiaron la construcción europea en los años 50, y a día de hoy los Estados Unidos siguen apoyando a la UE. ¿Cómo es eso posible? Vamos a tratar de elaborar una teoría.”
  • El razonamiento deductivo (que es con el cual operan los conspiracionistas) consiste en partir de una premisa general que conduce a una conclusión específica. Va de lo general a lo particular. En el caso de los conspiracionistas, esto se añade a un cherry-picking que selecciona la información que va en el sentido de sus creencias. Además de ser la forma incorrecta de aproximarse a la realidad, no aporta nada intelectualmente, porque da lugar a un razonamiento circular. Ejemplo: “a) El poder es muy malo y hace maldades – b) Ha organizado una plandemia para imponernos una dictadura sanitaria y genocidarnos con una vacuna – c) Esto es la confirmación de que el poder es muy malo.”

Lo interesante del concepto de “pensamiento burbuja”, es que esta estructura mental es muy anterior a la ideología que luego adopte el conspiracionista. Es decir, el “pensamiento burbuja”, haciendo un símil arquitectónico, serían los pilares de un edificio, su encofrado, sus cimientos, y luego lo que rodea el edificio es la ideología que elija esta persona, que ya puede ser cualquiera: neo-nazismo, negacionismo del Covid, islamismo radical, fundamentalismo cristiano, terraplanismo, ciertas formas de marxismo vulgar, etc.

Teniendo esto en cuenta, merece la pena detenerse en algo que dijo David Saavedra en una entrevista en el canal de Youtube de Roberto Vaquero. Ante la pregunta de cómo es posible que en 2021, pueda haber gente que dé un discurso ante un grupo de personas diciendo que “el problema son los judíos”, Saavedra contestó lo siguiente:

“¿Y no te parece igual, o al mismo nivel – que de hecho yo no me canso de señalarlo – el tema de hablar de la “plandemia”? ¿Te crees que es casualidad que el 100% de los nazis nieguen la pandemia? Porque es la misma forma de pensar.”

Efectivamente, no es ninguna casualidad, y de hecho recuerdo que en la época en la que estudiaba en la universidad (cuando recién había salido el documental sobre el 11-S Zeitgeist) había unos iluminados que repartían periódicos que vendían una versión conspiracionista de los atentados del 11-S, en la que se venía a insinuar que los judíos estaban detrás del 11-S.

Lo importante que señala Saavedra es que no hay varias burbujas. Burbuja no hay más que una, y luego adquiere una forma u otra. Y lo que él denuncia es la tendencia a darle un cariz político a la radicalización, cuando en realidad se trata de un problema cognitivo. Efectivamente, se suele hablar de “ultraderecha”, de “extrema derecha”, de “extrema izquierda”, porque los medios del sistema se detienen en el aspecto ideológico, pero sin ir a la raíz del problema. Es como si en casa de un amigo observas que se escapa agua porque hay una tubería rota, y la solución que propones es poner papel vileda absorbente.

III. 1. c. El vacío dejado por el fin de los grandes relatos

Una aproximación bastante buena al fenómeno del conspiracionismo es la del historiador Johann Chapoutot en su libro Le Grand Récit: Introduction á l’histoire de notre temps. Basándose en lo que decía el filósofo Jean-François Lyotard en su obra La condición posmoderna, escrita en 1986, que viene a explicar que habían muerto los grandes relatos de la modernidad, (cristianismo, comunismo, fascismo, liberalismo, etc.), Chapoutot sugiere que ante el vacío dejado por estos grandes relatos, han surgido nuevos relatos que vienen a satisfacer una doble necesidad: a) la necesidad de escuchar historias (cosa que se puede observar en todos los seres humanos desde la más temprana edad), y b) la necesidad de buscarle un sentido a las cosas. Uno de estos nuevos relatos es el conspiracionismo.

Chapoutot lo describe así:

“El conspiracionismo es una dilatación de la sospecha a escala general, y es una manera, una vez que hemos despedido a Dios, de mantener el Diablo o, al menos, una fuerza oscura. Es lo que León Poliakov o Norman Cohn llamaron la causalidad diabólica o causalidad mágica. Se mantiene una fuerza oscura que está operando, a la cual todo conduce y de la cual todo proviene (nota del autor: recordar el razonamiento circular), lo cual es muy confortante, y reconfortante para la mente, véase la inteligencia, porque lo comprendes todo, y permite – lo vemos en los conspiracionistas – una forma de orgullo o de síndrome de Hubris (6), que consiste en decir que ellos son unos iniciados, que ellos han comprendido, mientras que los demás permanecemos en las tinieblas de la conspiración, de la ignorancia, etc.”

III. 1. d. Secularización de la idea de Dios

Hay que tener presente que el retroceso del marxismo en las sociedades capitalistas de mercado pletórico (principalmente debido a la caída de la Unión Soviética) ha favorecido interpretaciones no materialistas de los fenómenos de la realidad. Es decir, se obvia que existe un modo de producción, que es el capitalista, en el que hay clases sociales (entre las cuales hay una clase, que es la burguesía, que se puede identificar, y que si tiene mucho poder es simplemente porque tiene dinero, y además su poder no es ilimitado), que hay poseedores de los medios de producción y desposeídos, y que tiene sus dinámicas internas que no se pueden ignorar. Por ejemplo, pretender que a los empresarios les interesa el confinamiento es no haber entendido como funciona el mundo. Si, aún así, afirmas que son las élites políticas, y no los empresarios, las que tenían previsto un “plan” para encerrarnos en casa, perjudicando así los intereses de la clase social a la cual representan, entonces has roto completamente con el marxismo. Ahora, que no seas marxista y que tu visión del mundo sea la conspiración permanente fuera de toda lógica económica, ya es otro problema (o, mejor dicho, es tu problema).

En lugar de interpretar la historia como una sucesión de luchas de clases (al menos, parcialmente, pues por ejemplo hay otras corrientes como el materialismo filosófico de Gustavo Bueno que afirman que a la dialéctica de clases hay que añadir la dialéctica de Estado e imperios – y ello por no hablar de los estructuralistas althuserianos, que directamente afirman que Marx jamás habló de modos de producción), se interpreta como una sucesión de conspiraciones realizadas por entes malignos que hacen el mal por el mero hecho de hacer el mal, y que en la actualidad pueden ser varios: Club Bilderberg, los Rothschild, Foro de Davos, “Nuevo Orden Mundial”, Bohemian Club, los Illuminati, la masonería, etc.

No se trata de negar que algunas de estas entidades existen, pero el problema reside en:

  1. Despojarles de su carácter de clase y pretender que su razón de ser es tener intenciones malignas porque sí, en lugar de analizarlas desde criterios materialistas;
  • Atribuirles un poder absoluto y total para dirigir el curso de los acontecimientos, en una visión mono-causal y monodeterminista del mundo (un ejemplo típico de ello es la conspiración judeo-masónica).

Hay que decir dos cosas sobre esta forma de concebir el mundo.

  1. Si se lleva hasta las últimas consecuencias, conduce a la muerte de la política (esta es la razón por la cual al capitalismo le interesa que existan los conspiracionistas). Si todo está controlado desde arriba, si todo está decidido de antemano, si el “poder” es inalcanzable porque está oculto, entonces hagas lo que hagas vas a ser un peón que no va a tener ningún margen de maniobra. Entonces, ¿para qué tratar de cambiar las cosas? ¿Para qué dedicarse a la política?
  • En realidad, esta visión del mundo es muy ingenua. Los conspiracionistas suelen decir que nosotros somos ingenuos, porque “el poder es muy malo” y no nos hemos dado cuenta de ello, dando a entender que vivimos en un mundo de yuppies. La realidad es que es exactamente al revés. Son ellos los que viven en un mundo de yuppies. Su mundo es el mundo de los osos amorosos, pero con gente “mala”. Porque las entidades malignas que, según ellos, controlan el mundo, están compuestos de “conspiradores”, es decir gente “mala”, que por lo tanto tienen menos moralidad que la media de los hombres. Entonces, lo que nos vienen a explican es que “los malos” van a organizar una conspiración (del tipo “Klaus Schwab aprieta un botón y en el otro lado del mundo aparece una epidemia”), todos cogidos de la mano, bailando alrededor de un fuego, y que todo va a funcionar sobre ruedas, y que nadie, nunca va a hablar más de la cuenta. Evidentemente, el mundo no funciona así. Basta con estudiar por ejemplo el caso de la conspiración para financiar las Contras en Nicaragua con el dinero de la droga, y el papel que jugó en dicha conspiración el piloto Barry Seal, y darse cuenta de que se trató de una conspiración medio-cutre que acabó siendo un desastre, y ello por la propia naturaleza del ser humano.
  • Además, sirven a los poderes establecidos porque desvían la atención de los verdaderos problemas. Es el caso de la gente que, en lugar de luchar para que su país salga del euro (por dar un ejemplo), se dedica hacer manifestaciones contra la “dictadura sanitaria”, diciendo además idioteces sobre el coronavirus y las vacunas, con el resultado de que desacreditan completamente todos los combates legítimos que hayan podido tener anteriormente. Esto es por ejemplo lo que va a pasar con el movimiento a favor del Frexit en Francia, y probablemente ocurra lo mismo en Italia. (7)

III. 1. e. Efectos del pensamiento posmoderno

El término posmoderno es un epíteto muy utilizado para caracterizar a la izquierda indefinida, pero es probable que la inmensa mayoría de la gente que emplea esta palabra no sepa definir con exactitud qué es el posmodernismo. Por ejemplo, Roberto Vaquero emplea mucho este término, y de hecho escribió un libro llamada Lucha y resistencia contra el posmodernismo, donde él menciona a la Escuela de Frankfurt y a los que Michel Clouscard llamaba “freudo-marxistas” (8), pero jamás se le ha visto en un video definir con precisión qué es el posmodernismo en filosofía (porque el posmodernismo existe también en el terreno del arte, de la literatura y de la cultura).

Y cuando uno intenta informarse en Wikipedia, se da cuenta de que es bastante más complejo de lo que parece, pues agrupa a toda una lista de filósofos, psicoanalistas, antropólogos, etc., que tienen ciertos rasgos en común.

Wikipedia dice:

“La filosofía posmoderna agrupa a un conjunto de estudios críticos realizados entre los años 1950 y los años 1970 y años 1980. Respecto a la filosofía moderna y sus tendencias universalistas y racionalistas, la filosofía posmoderna o bien rechaza estas tendencias o bien pretende tomar distancia de ellas para poder llevar a cabo un mejor análisis de las mismas.”

La dificultad está en comprender cuáles son los ejes que articulan la modernidad según los posmodernos, y cuáles son sus postulados, que al parecer, no consisten en una simple inversión de la modernidad.

Por ejemplo, un rasgo del posmodernismo (que de hecho no tiene por qué implicar algo falso) es el rechazo a concebir la historia como un proceso universal o necesario. Es decir, según el posmodernismo no existe ninguna forma garantizada para que la humanidad alcance algo como la emancipación o el progreso, cosa que entraba en contradicción con los cuatro grandes relatos de la modernidad que son el cristianismo, la ilustración, el liberalismo y el marxismo (aunque cuando se lee detenidamente a Marx, se ve que no hay ninguna teleología en él).

Pero lo que nos interesa es la concepción que tiene el posmodernismo de verdad y razón. Y la madre del cordero es la ya mencionada obra de Jean-François Lyotard La condición posmoderna, donde ataca a los grandes relatos explicativos de la historia (en otras palabras, los sistemas filosóficos). Al hacer eso, Lyotard ataca al concepto de totalidad (entendida en términos de Lukács) del marxismo, que es tratar de comprender los fenómenos a través del conjunto de relaciones sociales, no solamente económicas, sino también políticas, espirituales, religiosas, etc. Es en realidad un ataque contra el pensamiento racional. Lo que viene a decir Lyotard es que el pensamiento racional conduce al “totalitarismo” de Lenin y Stalin, porque ya estaba en Marx (famosa es la frase de Bernard-Henri Lévy “el gulag está en Marx”), y antes porque ya estaba en Hegel, en Rousseau, en Platón.

Entonces, la posmodernidad se correspondería con un momento en que el sujeto ya no es definido por los grandes relatos, sino que se inscribe en un paisaje mucho más fraccionado. ¿Por qué? Porque Lyotard (y demás pensadores posmodernos) dice que los grandes relatos habían ignorado a las “otredades” oprimidas por – aunque sea dicho de forma un poco caricaturesca – el varón blanco heterosexual cristiano. Por eso, según el posmodernismo el concepto de “verdad” va a ser relativo porque va a depender de la perspectiva del sujeto, en función de su clase social (en el caso del marxismo vulgar), su sexo, su raza, su orientación sexual, etc.

Esto nos conduce al subjetivismo del posmodernismo, que es un dualismo (dualismo con el que habían roto Hegel y Marx). En Kant por ejemplo, había un dualismo entre el fenómeno tal como aparece y la cosa en sí.  Ejemplo: “Puedo conocer esta mesa, porque aparece ante mí, la puedo medir en altura, en anchura y en profundidad, puedo determinar sus cualidades en términos físicos, su color, su materia, etc. Pero en tanto que sujeto, jamás podré alcanzar la cosa en sí por la cual existe por sí misma.”

El posmodernismo recoge ese dualismo y afirma que hay una parte de lo real que escapa a nuestro entendimiento, y que por lo tanto lo que importa son los relatos. En palabras del filósofo marxista Loic Chaigneau:

“¿Por qué se considera en el posmodernismo que lo único que importa son los discursos, la manera de interpretar, los valores, etc.? Es porque el sujeto no puede acceder a lo real.  Si no puedo acceder a lo real, entonces la única cosa a la que podré acceder, es lo que digo sobre lo real […] Por lo tanto, la única cosa a la que voy a tener acceso, es el discurso del otro.”

Curiosamente, esto recuerda mucho al conspiracionismo, para quien efectivamente parece que importa más el relato que la realidad.

Ya en 1820, en Filosofía del Derecho, Hegel decía:

“En realidad, lo que hemos visto surgir con grandísimas pretensiones acerca del Estado en la filosofía de los nuevos tiempos, autoriza, a quienquiera que tenga deseos de tomar la palabra, la convicción de poder hacerlo por sí absolutamente, y de darse por lo tanto la prueba de estar en posesión de la filosofía.

Por lo demás, la sedicente filosofía ha proclamado expresamente que la verdad en sí no puede ser conocida, sino que lo verdadero es lo que cada uno deja brotar del corazón, del sentimiento y de la inspiración con respecto a los problemas éticos, esto es, referentes al Estado, al gobierno y a la constitución. ¡Cuánto, sobre este punto en particular, no ha sido adulada la juventud! La juventud, por cierto, se lo ha dejado decir complaciente. El versículo “El Señor lo da a los suyos en el sueño” ha sido aplicado a la ciencia y, por eso, todo durmiente es contado entre los “suyos” y los conceptos que cada cual recibía en el sueño, eran por eso, necesariamente la verdad […]

Como, de acuerdo a Epicuro, el mundo en general no existe, así tampoco existe realmente el mundo moral, sino que, según tal concepción debería ser diferido a la accidentalidad subjetiva de la opinión y del capricho. Con el simple remedio casero de colocar en el sentimiento lo que es obra (y, en verdad, más que milenaria) de la razón y de su intelecto, se le ahorra, ciertamente, toda fatiga al entendimiento racional y al conocer, dirigidos por el concepto pensante.”

¿Qué nos enseña esta cita de Hegel? Que es mucho más fácil dejarse llevar por la intuición y el subjetivismo que hacer el esfuerzo de acceder a lo real. En los albores de la humanidad, la intuición llevaba naturalmente al hombre a creer que el sol giraba en torno a la tierra (como decía Hegel, “lo real aparece siempre como negativo de las apariencias”). Hoy se sabe que no es así, pero esto ha requerido un trabajo. Y efectivamente, es mucho más fácil afirmar con los ojos cerrados en un plató de televisión que las vacunas con ARN mensajero modifican el ADN, que informarse realmente sobre cómo funcionan las vacunas, cuáles son sus efectos secundarios, quién es Katalin Karikó (9), etc.

¿Y qué relación existe entre las “otredades” de Lyotard, el subjetivismo y el concepto de verdad? Esto lo explica el físico y ensayista belga Jean Bricmont. En una entrevista con Alan Sokal por los 20 años de la obra Imposturas intelectuales, Bricmont decía:

“Yo siempre parto del realismo de la vida cotidiana. Ahora estoy hablando con Alan, esto lo sé por la percepción inmediata. Pero podría ocurrir que esté soñando, y que en realidad esté nadando en una piscina, y que viva una ilusión. Todo es posible.

Pero no lo creo, porque en la mayoría de los casos de la vida cotidiana, somos necesariamente realistas. Pensamos que hay un mundo exterior a la conciencia, que tiene unas propiedades. Alan es exterior a mi conciencia, y si funciona como funciona es porque tiene unas propiedades intelectuales, es un ser humano, etc. Siempre parto de ahí, porque es el punto de anclaje que permite evitar que caigas en el idealismo.

Ahora bien, lo que hay de cierto en el idealismo, es que para ver a Alan necesito mis sentidos, para decir que es un ser humano necesito el concepto de ser humano, y si digo que es americano, necesito el concepto de americano, etc. Necesito conceptos para hablar, necesito estructuras mentales, etc. Y ahí reside lo problemático del idealismo: para interactuar con el mundo objetivo necesito algunas capacidades, pero esta no es la razón por la cual no existe un mundo objetivo con propiedades, del cual adquiero ciertos conocimientos, que a su vez son contingentes, pues dependen de mis facultades intelectuales, mi cultura, mi historia, etc.

Caemos en el idealismo cuando concebimos este conocimiento del mundo como reflejo y producto de nuestras estructuras mentales, y no como una interacción entre yo y el mundo […] Pienso que el relativismo (nota del autor: se refiere al relativismo científico) es el resultado de sumar el idealismo más el hecho de aceptar distintas perspectivas individuales, colectivas, sociales, etc. Es decir que las categorías mentales que tengo no son categorías de la mente humana, sino que son el producto de mi clase social, mi sexo, mi historia, etc.”

No hace falta añadir mucho más. Sin pretender dar una definición exhaustiva, hemos puesto las bases de lo que se entiende como posmodernismo y su relación con la deriva anti-ciencia que observamos en Occidente.

III. 1. f. Derivas de extrema derecha y neoliberalismo

Jean Bricmont también identifica otros factores que explican la mentalidad anti-ciencia que hace posible el magufismo y la paranoia con la “dictadura sanitaria” que hemos visto en Occidente durante la pandemia de Covid-19, y que impiden que la gente confíe en el consenso científico mundial. Según él, ello se debe a dos derivas de extrema derecha que se han introducido en la izquierda:

  1. Primero, una deriva anti-ciencia que surge en los años 60 con la aparición de pensadores que tenían una confianza enorme en las ciencias humanas, que iban a permitir decir la “verdad” de todos los discursos, incluido el discurso científico (esto se plasma en los años 70 con la aparición de la Sociedad del Conocimiento Científico). Es lo que se llama el reduccionismo sociológico, que pretende que todos los discursos son “producidos” por algunas condiciones sociales. Este discurso empezó a relativizar el progreso científico y la noción misma de progreso, de verdad, de objetividad, etc. El resultado es que se ha hecho pasar como un discurso de izquierdas y antiautoritario la vieja actitud anticientífica de la iglesia del Antiguo Régimen, y que hoy permanece en las sociedades islámicas. De hecho, este reduccionismo sociológico también se observa en el marxismo vulgar, con la absolutización de frases como “el ser social determina la conciencia” o “las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante”, que ha dado lugar a seudociencias como el lysenkismo en la Unión Soviética, o que da lugar a que en la actualidad se razone de la siguiente manera: “La ciencia actual es la ciencia del modo de producción capitalista, por lo tanto es una ciencia capitalista, potencialmente corruptible, y como el objetivo del capitalismo es la máxima ganancia, las vacunas son peligrosas.” También es lo que da lugar a la típica frase sobre las vacunas, como la que dijo Florian Philippot una vez en televisión: “no es conspiracionismo, se llama capitalismo financiero”.
  • Segundo, una deriva libertaria, que es la paranoia anti-estado. La paranoia anti-estado se debe en parte a la novela 1984 de George Orwell, pero ha sido introducida en la izquierda a través de Foucault, filósofo conocido por su crítica de ciertas instituciones sociales (psiquiatría, medicina, sistema penitenciario) y por su desarrollo de la historia de la sexualidad, pero que al final de su vida se sintió atraído por el neoliberalismo, porque veía en él una forma de gobierno mucho menos “normativa” y autoritaria que la que proponían la izquierda socialista y comunista.

Estos dos factores, unidos a cinco décadas de neoliberalismo (con el individualismo y la mentalidad anti-estado que promueve) son lo que han fomentado la histeria anti-ciencia, anti-vacunas, anti-confinamiento y anti-mascarillas que hemos visto durante la crisis del Covid-19, que por suerte en España ha sido extremadamente marginal, pero que en países como Francia e Italia han sido fenómenos de masas, de los cuales algunos políticos oportunistas no han tenido escrúpulos en intentar sacar rédito.

Lo que resulta irritante de este asunto es que algunas de las personas (seguramente la mayoría) que participan en estos movimientos creen que son “disidentes” que luchan contra el liberalismo económico o el “globalismo”, que luchan por el “bien común”, y hasta se definen de izquierdas, cuando la realidad es que son unos ultraliberales en su visión del mundo. Porque bajo el pretexto de luchar por la “libertad” y contra la “dictadura sanitaria”, se niegan a hacerse vacunar o llevar una mascarilla, con el riesgo de contagiar a mayores, gente con obesidad o gente con complicaciones (de hecho uno de los argumentos que dan es: “el Covid sólo mata a los viejos, no justifica recortar nuestras libertades”). O sea, básicamente es, “hago lo que quiero, cuando quiero”, aunque eso conlleve la muerte de personas.

Florian Philippot llega a decir: “la libertad es un absoluto”. Pero nada más lejos de la realidad. La libertad individual siempre es relativa, porque si no lo es, entonces no habría ningún motivo por el cual impedir la libertad de conducir a 180 km/h o la libertad de no pagar tus impuestos. Estos magufos defienden el concepto de libertad de Benjamin Constant (“condición de existencia que permite al individuo rechazar la interferencia del estado o la sociedad”) frente a la idea de libertad de Jean-Jacques Rousseau, basada en el contrato social, según la cual la libertad consiste en atribuirse una ley común y respetarla.

Por eso resulta profundamente patético cuando afirman que son unos “resistentes contra el globalismo”, cuando lo que reivindicaron durante la pandemia (“libertad total de movimiento”, “anular todas las medidas anti-Covid”, “no soy anti-vacunas, soy anti-pass”), es exactamente lo que deseaba la gran patronal, para que la gente salga a trabajar y consumir y así se reanude la marcha del capitalismo. Por lo tanto de resistentes no tienen nada. Lo que hay que decirles es: “¿Queréis hacer una revolución y obrar por el bien común, y cuando la situación lo exige no sois capaces de poneros una mascarilla?”

Es más, voy a contar algo de mi vivencia personal. En junio de 2022 he podido observar que en la contracumbre de la OTAN que se había organizado en la Parroquia San Carlos Borromeo, participaron ciertas organizaciones de izquierdistas indefinidos de Galicia (probablemente separatistas también), que se habían constituido exactamente con el mismo propósito: “luchar contra el recorte de libertades”, y lo peor es que relacionaban esta temática con la del imperialismo de la OTAN. Y a ver, yo soy una persona extremadamente tolerante con las distintas ideas e ideologías, aunque puedan ser de derecha, de extrema derecha o tercerposicionistas, siempre y cuando la otra persona muestre la misma tolerancia con las mías. Porque yo no juzgo a las personas, juzgo a las ideas, y las combato refutándolas con argumentos o suscitando dudas en mi oponente (método que se llama epistemología de calle). Pero los que pretenden ser unos campeones del antifascismo, son esta gente de izquierda indefinida, no yo. Y sin embargo, su interpretación de la crisis del Covid-19 es la misma que la que pueda tener un Alain Soral, un Philippot o cualquier grupúsculo neo-nazi. ¿Y eso por qué? Pues volvemos a lo mismo: por una cognición disfuncional.

III. 2. ¿Qué obtiene una persona al ser conspiracionista?

Johann Chapoutot ve claramente cuáles son las satisfacciones que procura el conspiracionismo:

  • Adhieres a una comunidad, por lo tanto dejas de estar aislado.
  • Comprendes todo, porque el conspiracionismo es una hermenéutica total de lo real, de lo pasado, lo presente y lo futuro, y por lo tanto permite una prolepsis.
  • Te sientes un iluminado, un “woke” que ha visto la luz, y que por lo tanto es superior a los demás, que no han entendido cómo funciona el mundo (recordar el síndrome de Hubris).
  • Ofrece explicaciones simples y mono-causales a los fenómenos complejos del mundo.

Esto en el caso de que seas un conspiracionista de base. Si eres un conspiracionista “creador de opinión”, obviamente el interés es pecuniario (Alain Soral, Thierry Meyssan) o político (Florian Philippot, Gianluigi Paragone). En el caso de algunos magufos científicos, lo más probable es que simplemente sea una cuestión de ego (científicos como Luc Montagnier o Didier Raoult).

En la siguiente parte de este artículo profundizaremos sobre algunos rasgos personales de los conspiracionistas, y (ahí sí) refutaremos en detalle algunas teorías de la conspiración que son totalmente falsas, como las teorías de la conspiración sobre los atentados del 11-S o sobre el alunizaje del Programa Apolo en 1969.


Bibliografía:

recogido en: https://www.investigaction.net/fr/la-pensee-de-michel-foucault-une-critique-marxiste/


Notas:

(1) Rudy Reichstadt es el fundador y director de la página web ConspiracyWatch.info, “dedicado al análisis crítico del conspiracionismo y de las teorías de la conspiración”, que básicamente se dedica a ensuciar la imagen de todo aquel que contradiga la versión oficial de los medios atlantistas.

(2) Este es el caso por ejemplo del sofista antisemita y pro-nazi Alain Soral, que en un video de mayo de 2020 (que se puede escuchar en podcast en el siguiente enlace: http://www.ekouter.net/couillonavirus-suite-avec-alain-soral-pour-e-r-5086), afirmaba que el coronavirus se había creado con intenciones genocidas, para a posteriori decir que no existía en Francia porque los hospitales estaban vacíos.

(3) Una variante alternativa a la teoría de la aparición del virus a la que han dado crédito ciertos conspiracionistas de izquierdas, es aquella que dice que el virus se escapó de Fort Detrick, que es una instalación del Comando Médico del Ejército de los Estados Unidos. ¿Y por qué es verdad, según ellos? Porque lo dijo Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China. Entonces tiene que ser verdad.

(4) Lagnoseología es la parte de la filosofía que estudia el conocimiento humano en general, en cuanto a su origen, su alcance y su naturaleza.

(5) El síndrome de Hubris es un trastorno que se caracteriza por generar un ego desmedido, un enfoque personal exagerado, aparición de excentricidades y deprecio hacia las opiniones de los demás.

(6) Florian Philippot, que es un genio de la política, pensó que podía surfear sobre la ola negacionista obteniendo un rédito político de ello, pero la realidad es que solo obtuvo un apadrinamiento de los 500 necesarios para poder ser candidato a la presidencia de Francia en 2022.

(7) Dicho sea de paso, aunque esto ya se sale de la temática de este artículo, Roberto Vaquero no ha entendido nada a la obra de Michel Clouscard Neo-fascismo e ideología del deseo, y algún día haré un artículo sobre ello.

(8) Katalin Karikó es una bioquímica húngara cuya investigación sobre la activación inmune mediada por ARN ha permitido desarrollar la tecnología para desarrollar las vacunas contra el Covid-19.

1 Comentario

  1. Este artículo es formalmente lo más antihumano que he podido leer/escuchar/ver en los últimos 3 años (y mira que era difícil superar las mentiras/estupideces/inmundicia de los últimos 3 años). Nunca tuve dudas de porqué la «izquierda» de Occidente está haciendo exactamente lo contrario de lo que debe y del consiguiente crecimiento de la «extrema derecha», pero esto lo supera todo y a la vez es paradigmático de hasta dónde se puede degenerar. Acabais de crear otro «facha», y esta vez uno muy calificado (los antiguos comunistas lo llamarían antiglobalista, obrerista o simplemente humano, pero vosotros no podéis comprender algo tan evidente, porque habéis renunciado a todo, pregonando a las masas que deben ser absolutamente esclavas, que deben estar orgullosas de serlo y además exterminar a los que quieran luchar contra la esclavitud y utilizar algo que quizá ya ni recordéis, que se llama cerebro).

    Esperando vuestro pronto y brutal fin, me despido

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