Milagritos del Niño Jesús

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Pilar Aguilar Carrasco, Analista y crítica de cine.

Vemos y oímos cosas tan pasmosas que solo se explican creyendo en los “milagritos del niño Jesús”. Así, es normal que los transactivistas vayan presumiendo de marginados, pero, que haya gente que se lo crea ¿es o no un milagro?

Porque, a ver:

¿Qué marginación sufre Paul B. Preciado? Claro que él se jacta de vivir en la “perversión poética de lo marginal”, pero ¿no es milagroso que alguien se lo trague? ¿Marginal quien vive –y estupendamente- de pasear su transexualidad por el mundo cantando alabanzas sobre dildos y hormonas? Si Preciado no fuera trans ¿lo entrevistarían en radios y teles, le pagarían por promocionar moda, vendería libros, daría conferencias? ¿Es desestabilizador del sistema cobrar por un anuncio de Gucci?¿es que ahora Gucci, Dior, Saint-Laurent, Valentino son marginales y las señoras que cargan con la compra, la limpieza, el cuidado, la crianza están, por el contrario, en la cresta de la ola del poder, del glamour, del dinero?

Si, en un plis-plas, Elisabeth Duval se ha convertido en columnista de prensa y si todos los medios publicitan sus libros ¿es porque lo vale? Seguramente ella así lo piensa. Pero ¿no resulta milagroso que tan bonito cuento lo crea tanta gente? Incluso jóvenes con estudios que en nada desmerecen de los de filosofía de la Universidad de París IV (de los que tanto presume Duval); jóvenes que escriben bien y no consiguen ser publicados; jóvenes que cada día experimentan en carne propia lo duro que es encontrar un trabajo… Oye, pues, muchos dicen que Duval sufre marginación…

¿Marginal Antonelli? ¿Seguro que no llegó a diputada justamente por ser trans?

¿Marginal Cambrollé? Pero si está encantada de haber conocido y su único oficio y beneficio es su transexualidad…

¿Marginal Samantha Hudson? Pero, si no fuera trans ¿cuál sería su arte, ese que le da fama y dinero?

¿Marginal Elsa Ruiz? ¿Me queréis decir cuál es su vis cómica, su humor, su ingenio a parte el de reivindicar su mujerez y, al tiempo, presumir del tamaño de su pene?

Y así podríamos seguir desgranando nombres de “pobrecitos/as/es” que viven disfrutando del “aura épica de la marginación”, haciendo de ella ingrediente esencial de su atractivo. Tan pobrecitos como los youtubers, otros infortunados…

Podréis alegar, “Sí, muchas personas viven de eso, pero ¿y las demás trans, las anónimas?”

A lo que respondo: existirán casos de todo tipo, como ocurre con cualquier grupo humano. Ahora bien:

¿Hay algo que esté más en la cresta de la ola y que goce de mayor glamour, seducción y fascinación que el transactivismo? ¿Algo con tan excelente prensa y con tal campaña de propaganda? (potente, extensa, pertinaz: todos los días, en prácticamente todos los medios, en series, films…)

¿Qué otro grupo dispone de tal coro de personalidades políticas apoyándolo, jaleándolo y asegurando que carece de derechos humanos? (mintiendo descaradamente, pues).

¿Algún otro (incluso con muchos más miembros y con muchísima más marginación: discapacitados, minorías étnicas, emigrantes, personas con aspecto físico poco normativo, pobres…) posee un ministerio dedicado en cuerpo y alma a su causa? ¿Qué otro grupo goza de parecido apoyo institucional? ¿Alguno tiene ley específica que, bajo pretexto de ampararlo, le otorgue tan extravagantes privilegios? ¿Qué grupo -marginado o no- disfruta del inédito derecho de poder autodefinirse legalmente? ¿Qué otro grupo cuenta con protocolos educativos que prediquen su doctrina entre alumnado, profesorado y AMPAS y sancionen con tal dureza a quien la cuestione? ¿Alguno al que apoyen unánimemente todas las fuerzas políticas, en todas las comunidades autónomas, gobierne quien gobierne? Todas menos VOX, me diréis, pero porque los de VOX son un poco torpes y aún no se han enterado de que nada más parecido al transactivismo que la ideología patriarcal que ellos predican. A saber: nacemos con alma (o cerebro, mera cuestión terminológica) masculina o femenina. Cierto, para VOX, si hay desacuerdo entre cuerpo y alma, se debe disciplinar el alma para adecuarla al cuerpo. Los transactivistas optan por disciplinar el cuerpo (operarlo, hormonarlo). Pero, en lo básico coinciden: los hombres, de natural, son brutotes, independientes y se pirran por el fútbol. Las mujeres, de natural, son sumisas, un poco putonas, aman los volantes, los brillos y se pintan las uñas. El día en el que VOX y el transactivismo comprendan lo profundamente unidos que están (pues ambos piensan que el género es innato, no construcción social) se van a dar besos hasta en el paladar.

En resumen: ¿quién cuenta con el apoyo del Gobierno central y de los gobiernos autonómicos, con puestos reservados en el mundo laboral y municipal, con una ley que se salta a la torera la lógica misma de la justicia, con una campaña de propaganda absolutamente descomunal, con personajes representativos en films, series, eventos…?

Pero ¿quién, pese a todas esas realidades, presume de marginado y perseguido? Y, sobre todo: ¿cómo logra, pese a las evidencias, el prodigio de venderle el cuento a tanta gente? ¿Cómo lo consigue? Pues con ideología neoliberal en vena y dinero a espuertas. O sea, con milagritos del Niño Jesús.

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