El patriarcado no pasará

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Soledad Granero Toledano

Parte del movimiento LGTBI está difundiendo bulos y mentiras apoyado por un progrerío descriteriado que cree ser más de izquierdas por querer implantar la llamada identidad o autodeterminación de género.

Pero ese progrerío sabe que, al menos, algo de razón tenemos las feministas, por eso no llaman a las cosas por su nombre, sino que las nombran confusamente, porque saben que confundir tiene sus réditos.

Llaman Ley Trans, a una norma que esconde un objetivo patriarcal, que es acabar con el feminismo y con las conquistas de las mujeres. Y la llaman así para atraer a quienes entienden (y entendemos) que estas personas requieren de una protección específica ante una sociedad sexista y patriarcal.

Lo que les duele es que el feminismo haya descubierto su trampa y hechas públicas sus pretensiones.

El feminismo ha sido el único movimiento social y político que ha apoyado la erradicación todo tipo de discriminaciones, muchas veces, incluso con contradicciones. Las personas trans, siempre han tenido nuestro apoyo y lo tendrán. Otra cosa, es que parte de estas personas se organicen en contra de los derechos humanos de las mujeres y del principio de igualdad. En este caso no estamos atacando su opción o identidad sexual, estamos atacando su ideología machista y neoliberal.

La identidad de género nada tiene que ver con el sentimiento de transexualidad de algunas personas, independientemente de los motivos que las lleve a esa conclusión.

La identidad de género tampoco tiene nada que ver con la identidad u opción sexual. El género es un concepto que conlleva opresión tanto para hombres como para mujeres, aunque éstas últimas somos, sin lugar a dudas, las que nos llevamos peor parte. Adjetivar un sentimiento o identidad con la palabra “género”, significa obviar su significado político, que no es otro que desigualdad y una historia interminable de comportamientos estereotipados que obligan y esclavizan a las mujeres.

La identidad u opción sexual ya sea ésta heterosexual, bisexual, homosexual o lesbiana no necesita de aval de ninguna instancia administrativa para ser disfrutada plenamente. A no ser que a través de esta “identidad de género”, pretendan acabar igualmente con la lucha de tantos hombres y mujeres por vivir su sexualidad sin esconderse. Esa lucha consiguió que muchísimas personas pudieran hablar abiertamente de su opción sexual y reconocer sentir amor y deseo por personas del mismo sexo, sin subterfugios opresores para con otra gente.

Lo que la identidad de género pretende, con la protección y ayuda de neoliberales, poderes mediáticos, capitalistas y patriarcales y la complacencia de ese progrerío descriteriado, es que las mujeres no sólo dejemos de ser el sujeto político del feminismo, sino que dejemos de ser sujetos políticos -de todo-. Así, si cualquiera puede ser una mujer, cualquier hombre podría ser sujeto de cualquier finalidad política por el sólo hecho de identificarse como mujer en el momento que le convenga, pudiendo intercambiarse mujer-hombre, hombre-mujer, según la oportunidad que se le ofrezca.

Y nombramos a los hombres porque son ellos los portadores de privilegios tanto lo sean biológicamente como tras identificarse como mujeres. No veo a ninguna mujer autodeterminada como hombre que vaya a disfrutar de ninguna prerrogativa masculina (mayor salario, mejores contratos, oportunidades de promoción…)

Al patriarcado le es más fácil y conveniente reconocer a un hombre identificado como mujer como sujeto de derechos, que a una mujer biológica que siempre le resultará más incómoda para determinados quehaceres, no sea que reivindique igualdad y acabar con los roles de género.

El feminismo no tiene que demostrar su vocación transformadora de la sociedad. De hecho, es el único movimiento que se mantiene deconstruyendo desigualdades con la misma coherencia que cuando empezó hace varios siglos, cosa de la que no puede vanagloriarse ni tan siquiera la izquierda. Que nadie se venga abajo, todo lo contrario, la cabeza bien alta.

Que nos insulten quienes quieren destruir el principio de igualdad, mintiendo y confundiendo a la ciudadanía y a la clase política -que se deja-, significa que sus intereses están en peligro y que el feminismo está fortalecido.

Insultar al feminismo y a personas concretas porque denunciemos un sinsentido, una tomadura de pelo a las mujeres, una barbaridad política, humana y jurídica, sólo quiere decir que vamos por buen camino. ¡El patriarcado no pasará!

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