¿Me acaban de llamar “vulvaportante”? (La ridiculez genera peaktrans)

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Freyja, @fremfreyja

Hace más o menos un año tuve, lo que yo llamé, “mi crisis feminista”. Vi alguna tontería en Twitter y recuerdo mandar un audio larguísimo a una amiga diciendo: “es que yo no puedo decirle a nadie quién ser o cómo sentirse”. En aquel momento ambas pensamos igual. ¿Quiénes éramos nosotras para criticar la vida de nadie? Pero es que solo por dudar ya me sentía fatal por verme poco inclusiva. Porque sí, yo era de las que usaba la “x”. Como me rayaba tanto con eso, intentaba utilizar palabras como “gente, alumnado, personas”. Y… también usé lo de personas con vagina. “Porque no todas las mujeres tienen vagina”, continuaba, sintiendo después como una liberación, como cuando de pequeño salías de confesarte y te veías superlimpio. Como si el ser inclusivo te diera un halo de superioridad, de: “qué buena soy, que incluyo a todes independientemente de quien sea y además estoy enseñando a otros”.

¡Encima me escuchaban! Por favor, ¿por qué nadie me dijo nada antes? Era para pegarme un palo.

Mi peakqueer hace un año, entre febrero y marzo de 2020. Pero ya tuve un acercamiento con la teoría justo el año anterior, cuando después de la manifestación del 8M de 2019 una amiga empezó a hablarnos muy angustiada (realmente muy angustiada, casi ataque de ansiedad) porque habían gritado consignas tránsfobas y eso no estaba bien, porque hacían sentir supermal a las compañeras trans.

Hacer el símbolo del triángulo con las manos: mal.
Decir “polla violadora a la licuadora”: mal.
Gritar “nosotras parimos, nosotras decidimos”: mal.

Y en ese momento me angustié hasta yo al creerme tránsfoba. A pesar de que aclaré que lo de las pollas iba hacia los que violaban. Pero su respuesta fue que “suenan a voladora y las mujeres trans se sienten mal”. Vale. Silencio con ese tema. Era impensable que alguien tan inclusiva, tan de izquierdas y feminista como yo pudiera hacer sentir mal a alguien. Me sentía como una mierda.

Tuve otro acercamiento más a la teoría queer cuando conocí a una famosa youtuber, pero eso es otra historia. Traté de ser lo más inclusiva del mundo y me sentía muy bien, como superior por no ser de mente cerrada. Pero también viví ese momento con mucho estrés por si se me escapaba algo tránsfobo y apenas hablé.

El caso es que pasé bastante de todos esos rollos. Seguí por la vida creyéndome muy inclusiva y apoyando a todos los colectivos oprimidos. Incluso tengo que confesar que seguía a E. Ruiz, a Tigrillo y esa banda. Y cuando algo me causaba disonancia, solo pensaba en la palabra mágica: deconstrucción.

¿A las lesbianas no les gustan los penes? Deconstrucción. Aunque cada quien que elija con quién acostarse. ¿Yo no me acostaría con alguien con vagina? Deconstrucción. Aunque me sintiera mal al pensarlo.

Me movía en una mezcla de sentirme superbien y superangustiada a la vez (y no exagero, las palabras “súper” y “deconstrucción” están trilladísimas ahí).

Volvemos a retomar al día de la manifestación del 8M del año pasado. Avisé a mi amiga de que a lo mejor había movida y ella me dijo que no sería para tanto, así que dejé pasar un poco todo eso para centrarme en la manifestación y ya. “Serían cuatro locxs”, pensé. Así, con x lo pensé. Había que ser inclusiva, por favor.

Después del 8M y de ver que sí había habido agresiones por parte de colectivos trans a compañeras, me empecé a inclinar hacia el radfem, pero inocente de mí, todavía creía que se podía reconciliar de alguna manera el transactivismo con el feminismo. ¿Se acuerdan de lxs cuatro locxs? No podía pensar que el colectivo más oprimido de la historia, al que habíamos apoyado, fuera así. ¡Si eran seres de luz!

Desde siempre entendí que las personas trans tenían otro movimiento para ellas, que eran conscientes de su realidad y que no deberían estar sujetando la pancarta feminista, pero era un pensamiento al que no di importancia hasta ese momento. Claro, que ver a los seres de luz tratando de boicotear nuestro día y romper las pancartas a navajazos (¡ojo!) le vuela la cabeza a cualquiera.

Tres días después, el peak llegó. Bueno, no llegó, me arrolló. Literalmente lo sentí como un golpe terrible a todo lo que yo creía. Muchas compañeras hablan de la angustia que supone abrir los ojos en este tema y lo comparto. Es un agobio terrible y buscas de cualquier forma no reafirmar las ideas que se abren paso en tu cabeza. Ahora escucho los audios y me doy vergüenza, tenía un cacao mental increíble. Pero en aquel momento me sentía fatal. Como si dentro de una semana me fuera a afiliar a VOX o algo así.

Vi en Twitter una publicación en la que una persona hablaba de eufemismos que podíamos usar para ser inclusivos y no hacer daño a las personas trans, y daba una lista: persona menstruante, persona con útero, vulvaportante…

¿Perdona? ¿Me acaban de llamar vulvaportante? ¿Qué hago con ella? ¿La llevo como un bolso?

Esa palabra me pareció tan ridícula que, después de reírme con unas amigas, me entró la rabia. ¿Por qué nosotras teníamos que dar siempre el brazo a torcer para no ofender a nadie y resulta que ahora no éramos mujeres, sino “vulvaportantes”?

Me enfadé, hice un hilo en Twitter para desahogarme. Creía que nadie me leería; mis dos o tres tímidos likes pasaron a ser casi 400 en ese hilo y me di cuenta de que no era la única que pensaba eso y que algunas compañeras compartían mi punto. Sí que hubo gente que me dijo que por ahora era suave mi discurso. Claro, estaba teniendo mi peaktrans en ese momento, no me veía capaz de ser más dura. Todavía estaba confundida, enfadada pero confundida.

Tantas cosas que había tragado en pos de la inclusividad y había sido esa palabra la que me había despertado. Había visto les inclusives echar de un grupo a una mujer que hablaba de endometriosis, tratándola como si fuera la peor persona del mundo, a algunos increpando a una embarazada porque pensar que el embarazo era de mujeres era tránsfobo, y cosas así. Todo eso hizo que mi cabeza hiciera click e hice el hilo.

No somos tontas. Todos sabemos distinguir a una mujer de un hombre, o qué son transexuales. ¿Por qué se estaba trasformando la realidad para darle el gusto a unos pocos? Otra cosa que reafirmó mi peaktrans fue ver que hablaban de gente sin disforia. Todo valía.

Un mes después me quedé sin cuenta de Twitter por dos meses, cuando todavía era suave en mi discurso. Una parte de mí aún creía que eran unos poquitos, que en realidad los transactivistas no nos querían borrar porque ellos sabían de sufrimiento más que nadie… aunque ya tenía mi postura, pero intentaba frenarla. En mi cabeza, no podía pensar tan parecido a las del autobús de Hazte Oír, ¡con lo que yo lo había criticado! A pesar de ser sanitaria, de haber estudiado anatomía, fisiología, genética y todas esas cosas, me negaba a pensar en “los niños tienen pene, las niñas, vagina”. Me aterraba. Sabía que era verdad y, aun así, me acojonaba.

Dos meses estuve sin Twitter, pensando que las aguas se habían calmado y que todo había sido producto del enfrentamiento del 8M. ¡Ja!

Durante este tiempo en el que estuve vetada caí en el vídeo de “¿Se puede reconciliar el transactivismo y el feminismo?”, de Supervioletas, creyendo que esto me quitaría ideas raras de la cabeza y… fue entrar en ese vídeo y que no hubiera marcha atrás. De ese encontré otro sobre peaktrans y me vi totalmente reflejada. La incomodidad empezó a irse porque estaba investigando y viendo que muchas compañeras pasaban por lo mismo. Al recuperar mi cuenta, siete apelaciones después, entré con ganas. No me iba a callar ya ante las magufadas. Porque sí, había visto cosas muy ridículas y luego me sentía mal por pensar que lo eran, como si no fuese lo suficientemente superinclusive.

El peaktrans es un golpe de realidad muy duro para nosotras. Es darnos cuenta de que no todo vale, de que tenemos que poner freno a las fantasías que algunas de nosotras aceptamos solo para no hacer sentir mal a otros. Al final, siempre mirando por los otros.

Darse cuenta de que no estás siendo mala persona cuesta, pero luego, cuando asumes que todo el tema Queer no tiene sentido, es una liberación en todos los sentidos. Ya no hay estrés pensando en lo que vas a decir, en si se te ha olvidado poner la “e” en alguna palabra, de si no has hablado con suficientes “súper” en tu charla o de si has asumido un género de alguien que en realidad era otra cosa y, ¡oh! ¡Culpa tuya por no saberlo!

Tantas son las tonterías que se inventan para no decir mujer, que pienso que ellos mismos te echan de su movimiento, pues es estresante defender semejante ridiculez. Ellos son los mayores creadores de peaktrans, así que, gracias por hacer que me alejara de un movimiento que nos llama vulvaportantes.

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