Jaime Cedano, en el blog Suenan Timbres
Hablar de la Unión Patriótica y del genocidio de que fue víctima obliga a hablar de buena parte de la historia de Colombia, de la violencia reaccionaria de los años cuarenta e incluso desde los tiempos de la “Patria boba”, la confrontación bipartidista de los cincuenta, del surgimiento de las guerrillas en los sesenta, de la cerrada muralla bipartidista, del desarrollo, extensión y profundización del conflicto armado interno en los setenta, y llegar al momento en que se intentan salidas políticas negociadas en los ochenta.
Un recorrido largo y doloroso, pero necesario de caminar para tener una adecuada lectura de la historia de la UP y de las causas y responsables del genocidio, mantener viva la memoria y que sea conocida por las nuevas generaciones.
Queremos resaltar algunos hechos puntuales de los años setenta que desembocaron en las violencias de los ochenta, en el genocidio de la UP y el exterminio y violencia contra el conjunto del movimiento popular. Con este texto buscamos aportar a una construcción colectiva de la memoria del genocidio contra la UP y contra el Partido Comunista Colombia, en el marco de la violencia generalizada contra las organizaciones y movimientos de oposición al bipartidismo y a la oligarquía colombiana.
Pero empezamos con un hecho de 1980:
la tesis de la Solución Política Negociada
En el año 1980 en medio del recrudecimiento de la represión oficial, institucionalizada con el Estatuto de Seguridad (Turbay Ayala 1989), y cuando el conflicto armado vivía un proceso de extensión y degradación, el Partido Comunista Colombiano planteó la tesis de la posibilidad de una Solución Política Negociada al conflicto social y armado, en perspectiva de una Democracia Avanzada.
En desarrollo de esta tesis el gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP inician una serie de contactos, exploraciones y de encuentros que dan como resultado la firma, en marzo de 1984, de un Acuerdo de Tregua, Cese al Fuego y Paz, concebido como hoja de ruta para las negociaciones hacia un acuerdo final. Y el 24 de agosto de 1984 en Corinto (Cauca), Hobo (Huila) y Medellín, se firmaron acuerdos similares con el Movimiento 19 de abril (M‑19) y el Ejército Popular de Liberación (EPL). El segundo acuerdo se rompió muy rápidamente y el otro se fue diluyendo entre el asesinato de desmovilizados y el exterminio iniciado contra la militancia de la UP y el PCC.
Llegar al Acuerdo de La Uribe no fue fácil. Fueron largos meses de negociaciones en medio de saboteos políticos y militares, que incluyó la renuncia del ministro de defensa Landazábal Reyes, ataques en la prensa y hostigamientos militares a las comisiones de la guerrilla que se dirigían a la Uribe.
El 11 de mayo de 1985 las FARC proponen la creación de la Unión Patriótica como un movimiento pluralista, civilista y con un programa de contenido democrático. Era una alternativa al bipartidismo y serviría como instrumento para la paulatina transición de la guerrilla a la vida política legal. Una veintena de mandos medios fueron amnistiados y se vincularon al proceso de construcción del nuevo partido. El gobierno se comprometió a brindarle todas las garantías para su actividad política.
Los días 14-15 y 16 de noviembre se realizó en Bogotá el congreso constitutivo, sin la anunciada presencia de Jacobo Arenas ante serias amenazas de muerte, y en medio de las tragedias de Armero y del palacio de Nariño.
Pese al ambiente de hostilidad en su contra, la constitución y organización de los comités de la UP se realiza con alegría y con mucha ilusión en todo el país, especialmente en las regiones agrarias históricamente golpeadas por la violencia. Simultáneamente la UP desarrolla su primera campaña para las elecciones legislativas de marzo de 1986 y las presidenciales de mayo. Las concentraciones y los actos eran desbordantes. Pero los obstáculos y amenazas también crecían.
De las acusaciones del “proselitismo armado” al genocidio
El creciente apoyo popular a las candidaturas de la UP profundizó el odio de los enemigos de la paz quienes acusaban a la UP de realizar la campaña electoral bajo la intimidación de los fusiles. Una acusación que sería el preludio del genocidio que se inició durante la misma campaña, y mucho más después de las elecciones en las que la UP obtuvo resultados muy positivos con un buen número de concejales, diputados congresistas y una importante votación por Jaime Pardo Leal como candidato presidencial.
Muy pronto vendría el genocidio sobre el cual existen amplios y suficientes estudios por parte de la Corporación Reiniciar, del Comité Permanente por la defensa de los derechos Humanos, la UP, el Partido Comunista, la Comisión de la Verdad y la misma sentencia de la Corte Interamericana que condenó al estado colombiano por este genocidio claramente definido por su carácter político.
El contexto político regional y nacional del genocidio
Queremos con este trabajo señalar algunos de los hechos políticos en los que se enmarcó el genocidio contra la UP, que van más allá de una temerosa reacción de la oligarquía colombiana, que también, a los resultados electorales obtenidos por la UP en las elecciones parlamentarias y presidencial de 1986, especialmente por los resultados obtenidos en el Urabá y el Nordeste antioqueño, Meta, Guaviare, Caquetá, sur del Tolima y otras regiones.
En la década de los años setenta se produjeron algunos hechos, en el país y en América latina, que tuvieron gran incidencia en la extensión y profundización del conflicto armado y el paso a una nueva etapa de la violencia, el terrorismo de estado y de guerra sucia, golpeando inmisericordemente al conjunto del pueblo colombiano y de una manera muy fuerte a la dirigencia y militancia de la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano.
Veamos algunos de ellos:
1. El 11 de septiembre se perpetra el Golpe militar de Pinochet contra el gobierno de la Unidad popular en Chile, afectando la idea de una vía pacífica al socialismo e iniciando mediante la violencia la implementación del modelo neoliberal, primero en Chile y luego en toda la región. En desarrollo del Plan Cóndor se imponen otras dictaduras en el Cono sur e igualmente hay un reforzamiento de las luchas armadas revolucionarias.
2. En el año 1974 surgen las guerrillas del M19, el Quintín Lame y otros pequeños movimientos que, junto a las FARC, el ELN y el EPL configuran un amplio espectro de luchas armadas diseminadas por todo el país
3. Se produce el exterminio de la Unión Nacional de Oposición, la alianza político-electoral pactada en 1972 entre el Partido Comunista, el MOIR y el Movimiento Amplio Colombiano.
4. Se realiza el Paro Cívico Nacional de 1977 que paralizó al país y tuvo expresiones de insurrección popular
5.Pablo Escobar inicia el montaje de la industria transnacional del narcotráfico.
6. En 1989 el presidente Turbay Ayala expide el Estatuto de Seguridad, estableciendo los consejos verbales de guerras y masificando allanamientos, detenciones masivas y torturas en los batallones.
7. Se conocen los documentos del grupo Santa Fe, centro de estudios estratégicos del Pentágono, que plantean que el Paro Cívico Nacional, el auge de las luchas guerrilleras y el crecimiento de la izquierda llevarían a Colombia en los años ochenta a una situación de insurrección popular más fuerte que la ocurrida en Centro América y propone tomar medidas.
La UP, un bautismo en medio de las tormentas
“Cuando la noche está más oscura es que muy pronto va a amanecer”, se dijo cuando el acuerdo de la Uribe y el nacimiento de la UP se daban en medio del cruce de diversas guerras y violencias, y en un país donde las elites construyeron un régimen político basado en la exclusión violenta de los adversarios
Bajo la orientación yanqui, y en desarrollo por lo planteado por el grupo de santa fe, se organizó una “contrarrevolución preventiva” basada en las tesis del enemigo interno y con la idea de “quitarle el agua al pez”, es decir aislar a las guerrillas de las masas y sectores sociales que supuestamente eran colaboradores o auxiliadores. La UP y el PCC fueron considerados parte del agua a eliminar. La contrarrevolución preventiva también incluyó a los barrios populares de Provivienda tan combativos en el paro del 77, a las universidades y los sectores culturales.
Los enemigos de la paz y quienes históricamente mediante la violencia se habían opuesto al surgimiento de proyectos políticos diferentes al bipartidismo, aunaron esfuerzos para eliminar la supuesta amenaza para el poder que significaba la UP y eliminar la posibilidad de la paz mediante el dialogo y la negociación.
El modelo neoliberal entró al país a sangre y fuego exterminando a la dirigencia sindical que podría oponerse a ella en sectores claves de la producción como el petróleo, cementos, textiles o las manufacturas. Sectores fuertemente sindicalizados y de reconocida hegemonía política de las y los comunistas.
La expansión y crecimiento del narcotráfico incrementó el despojo violento de las tierras en amplias zonas del país de influencia comunista como el Urabá antioqueño, Meta, Guaviare, el oriente de Cundinamarca, Sur Tolima, Cauca
La violencia, la persecución y el exterminio se dirigió contra todo el conjunto de los partidos, movimientos y organizaciones sociales que se enfrentaban al bipartidismo y tenían una opción anticapitalista o simplemente transformadora. Se dirigió contra la CSTC, Fensuagro, Provivienda y contra A Luchar, el M19. La militancia de la UP era parte de la primera línea de todos los sectores y regiones contra los que se proyectó la violencia y el exterminio. Por esa razón recibió el mayor impacto de esas violencias, fue objetivo militar de varios planes de exterminio y fue tan alto el número de víctimas. Estos planes están muy bien reseñados en documentales como El Baile rojo, el informe de la Comisión de la verdad o la misma sentencia de la Corte Interamericana
En los años noventa a la par con los cambios socioeconómicos y el surgimiento de diversos movimientos sociales la política de exterminio se fue concentrando en las regiones y contra lideresas y lideres sociales, incluyendo también a militantes y sobrevivientes del genocidio contra la UP.
Con el gobierno de ADLE hay ahora nuevas amenazas y políticas de odio, amenazas de destripamiento, guerra religiosa y cultural de características de los tiempos de las cruzadas y de la inquisición.
Pero también hay un fuerte movimiento político y social que sabrá defender la vida, la democracia y las libertades.
Y que dice con serenidad
¡No pasarán!
Jaime Cedano Roldán
Bogotá, octubre 23 de 2026








