Por Candela Aguilar
El otro día leí en la prensa el caso de un chico que obligó a su pareja a matar y a comerse a su mascota para “darle una lección”. Seguro que no era la primera agresión. La prensa rápidamente aclaró que el chico sufría esquizofrenia paranoide y que iba a ser utilizado en el juicio como un atenuante. Y yo digo, ¿atenuante de qué? ¿Por qué el consumo de sustancias o tener un diagnóstico sirven como excusa a los hombres para violentar a las mujeres?
En este país hay entre 400.000 y 500.000 personas con esquizofrenia, más hombres que mujeres y la inmensa mayoría no son agresores. Relacionar esquizofrenia con violencia machista es simplista y quita el foco de lo que realmente importa; es el patriarcado quien mata.
Y es que, además de no ser cierto, provoca un doble efecto. Por un lado estigmatiza la salud mental y por otro exime de responsabilidad a los hombres que cometen este tipo de violencia y abusos con el falso argumento de que no han sido ellos si no su enfermedad lo que los empujó. Hemos extendido de manera totalmente acrítica la idea de que los diagnósticos de salud mental hacen que los hombres sean más violentos y solo hace falta ver las estadísticas para comprobar que el porcentaje de hombres con un diagnóstico que violenta a las mujeres es inferior al de los hombres sin un diagnóstico que acaba agrediendo a una mujer.
Como técnica que ha trabajado muchos años con personas con problemas de salud mental cada vez que oigo o leo una noticia de este tipo me indigno. Estamos poniendo el foco en la salud mental en vez de en el verdadero problema, la ausencia de coeducación y de conciencia feminista. Titulares como que el 96% de las agresiones a menores en Méjico son cometidas por hombres, o las noticias sobre los grupos de Telegram con millones de hombres en el que comparten trucos sobre como drogar y violar a sus mujeres, intercambiando además fotos y vídeos de esas agresiones o el aumento exponencial de agresiones sexuales en grupo realizadas por chicos menores de edad a chicas menores de edad, deberían ponernos en alerta y hacernos comprender que lo que mata es el patriarcado y una cultura violenta que deshumaniza a las mujeres y hace creer a los hombres que hay que ejercer control sobre nosotras.
Con esto tampoco quiero negar la mayor, hay hombres con un diagnóstico que son violentos, pero no es la enfermedad lo que los vuelve violentos si no la cultura que tenemos que hispersexualiza y cosifica a las mujeres y normaliza la violencia ejercida hacia nosotras. Es importante que pongamos el foco en lo verdaderamente trascendental; una salud mental frágil no te vuelve un delincuente al igual que el consumo de drogas no te lleva a asesinar a alguien, otra cosa es que sean la vía para actuar con impunidad.
Lo vemos en los que casos de hijos que agreden a sus madres o cuidadoras y les hacen la vida imposible, hombres mayores con demencia que se “transforman” en tiranos, jóvenes en pleno brote que saben perfectamente a quien agreden, a las mujeres. No son enfermos, son hijos sanos del patriarcado como venimos defendiendo las feministas desde hace mucho tiempo. Focalizar en un diagnóstico hace que no veamos más allá, ¿por qué las mujeres con esquizofrenia no matan a sus parejas? ¿Por qué las mujeres con demencia no se vuelven agresivas con sus cuidadoras? Porque la raíz del problema no es el diagnóstico, es la educación patriarcal que nos transforma a las mujeres en víctimas potenciales y a ellos en victimarios en potencia.
Como profesional de la salud mental he visto más agredidos que agresores, chicos y chicas que tienen más miedo de hacerse daño a ellos mismos que a los demás. Personas que luchan diariamente contra sus propios fantasmas y los que proyectamos en ellos movidos por el estigma. He visto mucho dolor y sufrimiento, soledad e incomprensión por eso me indigna que la salud mental sea una excusa más para que los hombres violentos se escuden en el dichoso “not all men” que tanto daño nos hace, porque de acuerdo, no todos los hombres, pero siempre son hombres.








