Más allá de lo que ves, lecciones disruptivas de Marx y Lenin para hackear la realidad (1)

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Juan López Páez

La precarización en las apps de entrega.

Hoy, en la era del scroll infinito, nunca hemos tenido tanta información y, a la vez, nunca hemos estado tan desconectados de las leyes que rigen nuestra existencia. Navegamos en un océano de Doxa (mera opinión), confundiendo la reacción emocional con el entendimiento. El entorno digital funciona como un espejismo que confunde la apariencia con la esencia. Para desarmar esta falsa sensación de realidad, analizamos la precarización en las apps de entrega. Este fenómeno no es un accidente tecnológico, sino la clave metodológica para entender cómo opera la arquitectura del capitalismo de plataformas.

Para romper este hechizo de superficialidad, no basta con «pensar diferente». Necesitamos una caja de herramientas para hackear la arquitectura de lo real. La epistemología dialéctico-crítica, forjada por Marx y Lenin, no es un ejercicio académico inerte; es un radar para detectar las corrientes profundas del poder y un manual para la intervención directa.

  1. El Concreto Representado (La Superficie)

Qué observamos a simple vista: Caminamos por la calle y vemos a miles de jóvenes en bicicleta o moto, con mochilas de colores llamativos, entregando comida. En nuestros teléfonos, vemos una interfaz limpia, un mapa interactivo con un monigote moviéndose en tiempo real y promociones agresivas.

La narrativa oficial (Doxa): La aplicación se vende como una «plataforma de intermediación tecnológica». Los repartidores no son empleados, son «socios repartidores» o «microemprendedores autónomos» que eligen sus propios horarios y «son sus propios jefes». Si ganan poco o trabajan mucho, la narrativa dice que depende puramente de su voluntad y esfuerzo individual. Vivimos el fenómeno como un dato aislado y caótico de la modernidad.

  1. El Análisis Crítico (Descomposición)

Empezamos a desarmar el fenómeno en sus componentes esenciales, si dejamos de mirar la aplicación como «magia tecnológica» y empezamos a descomponerla, encontramos contradicciones flagrantes:

–El mito de la autonomía: El repartidor no fija el precio de su trabajo, no conoce el destino del viaje antes de aceptarlo, y si rechaza muchos pedidos, el sistema lo penaliza.

–La transferencia de costos: La empresa de plataforma no posee motos, ni bicicletas, ni asume los accidentes de tránsito, ni las jubilaciones. Todo el capital físico básico y el riesgo biológico/económico lo pone el trabajador.

-El algoritmo como capataz: No hay un jefe humano, pero hay un código de programación que monitorea la velocidad, el tiempo de espera y las calificaciones. El algoritmo actúa como un supervisor invisible e implacable.

  • Lo Abstracto-Universal (Las Categorías Fundamentales)

Llegamos al núcleo del sistema. Aquí identificamos las leyes del capital descritas por Marx:

–Plusvalía absoluta y relativa mediante tecnología: La app no es una «herramienta neutral». Es un medio de producción de alta tecnología de propiedad privada. Al optimizar las rutas mediante IA, el capital reduce al mínimo los «tiempos muertos», exprimiendo el máximo de trabajo vivo por cada minuto de conexión.

–El «Salario a Destajo» tecnificado: Marx dedicó un capítulo entero de El Capital al salario a destajo (pagar por pieza/tarea terminada y no por hora). Marx explicaba que esta forma de salario es ideal para el capitalismo porque el control de calidad y la intensidad del trabajo se trasladan al propio obrero: el repartidor se autoexplota y corre a toda velocidad porque su supervivencia depende de meter un viaje más antes de que cierre la tarifa dinámica.

–El Ejército Industrial de Reserva Global: Las plataformas se nutren de la masa de desocupados, subempleados y migrantes que no encuentran espacio en el mercado laboral formal. La app utiliza esta sobrepoblación relativa para mantener el pago por viaje al mínimo posible: si un repartidor se queja o se desconecta, hay cien esperando en la esquina para tomar su lugar.

  • El Concreto Pensado (El Retorno y la Síntesis)

Volvemos a mirar al repartidor en la calle, pero ahora vemos la película completa (La Totalidad): Ya no vemos a un «joven libre y emprendedor» ni a un hecho tecnológico fortuito. Ahora entendemos al repartidor de la app como la expresión avanzada de la precarización del siglo XXI, donde el capital utiliza la tecnología de punta (IA, geolocalización) no para liberar al ser humano, sino para resucitar formas decimonónicas de explotación (el trabajo a destajo) evadiendo todas las conquistas laborales del siglo XX.

El «concreto pensado» nos revela que la interfaz limpia de la app es la apariencia (la espuma) que oculta la esencia (el río): un mecanismo ultra-eficiente de extracción de plusvalía y transferencia de riesgos del capital hacia el trabajo. El algoritmo es, en última instancia, el nuevo rostro del viejo capataz de la fábrica.

El concreto pensado

Es la meta del método científico de Marx. Se define como la comprensión profunda de la realidad, entendida ya no como un hecho aislado, sino como una totalidad compleja explicada a través de sus leyes invisibles, contradicciones internas e historia. Lo podemos definir a través de tres características clave:

-Es la síntesis de múltiples determinaciones: Marx decía que «lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, es decir, unidad de lo diverso». Significa que un fenómeno (por ejemplo, el repartidor de una app) no se explica por una sola causa (la tecnología), sino por el cruce de muchas fuerzas subyacentes: la falta de empleo formal, el desarrollo de la Inteligencia Artificial, la necesidad del capital de bajar costos y la ausencia de leyes laborales.

-No es lo que ves, sino lo que comprendes: A diferencia del «concreto representado» (la foto superficial que captan tus ojos), el concreto pensado es la película completa que procesa tu cerebro tras haber estudiado las estructuras ocultas del poder. Ya no ves un dato suelto (el precio de un alquiler o un algoritmo), sino el mapa entero de relaciones sociales que lo hacen posible.

Es el «viaje de retorno»: volver al punto de partida de la realidad, pero con los ojos abiertos de la teoría. No te quedas en la abstracción pura (la teoría en un libro), sino que usas esa teoría para explicar perfectamente el mundo real que pisas todos los días.

En resumen: El concreto pensado es la realidad explicada científicamente. Es el momento exacto en que dejas de ser un usuario de la opinión común (Doxa) y logras hackear el funcionamiento real del sistema.

Mientras que Marx pulió esta categoría para desentrañar la lógica económica del capitalismo en El Capital, Lenin tradujo el «concreto pensado» al plano de la estrategia política y la acción revolucionaria.

Lenin acuñó la famosa fórmula del «análisis concreto de la situación concreta» como la esencia misma del marxismo. Su enfoque añade dimensiones cruciales:

-Contra las fórmulas dogmáticas: Lenin rechazaba aplicar las teorías de Marx como recetas fijas o verdades eternas e invariables. Un análisis político no puede basarse en abstracciones puras (como «la revolución en general» o «el capitalismo en general»).

-Síntesis de contradicciones en tiempo real: Para tomar una decisión política (hacer una huelga, firmar un tratado de paz, aliarse con un sector), se deben agrupar todas las fuerzas vivas del momento: la economía actual, el estado anímico de las masas, la división del ejército y el contexto geopolítico. Esa totalidad armada en la mente del estratega es el concreto pensado.

-Criterio de la praxis: El fin del concreto pensado en Lenin no es solo el mapa teórico, sino la transformación. El conocimiento acumulado vuelve a volcarse en la práctica histórica para transformar el «concreto real»

 Continuará con la próxima entrega: “El algoritmo de las redes sociales y la colonización de la atención” , dejaremos las calles para hackear las pantallas y desarmar el espejismo del scroll infinito.

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