Jaime Cedano, autor del blog y podcast Suenan Timbres
Aquella noche decenas y decenas de miles de activistas y militantes no pudimos dormir. Muchas tareas había que hacer. Regar los miguelitos por calles y carreteras, alistar llantas, canecas y maderos para las barricadas, aprestarse a clausurar las puertas y portones de oficinas, dependencias, institutos y fábricas. Apagar motores a tiempo y aprestarse a enfrentar la represión oficial.
Aquel miércoles 14 de septiembre de 1977 El país amaneció paralizado.
Desde las primeras horas se supo que el Paro Cívico Nacional era un éxito total. El gobierno del «Mandato Caro» de Alfonso López Michelsen estaba acorralado. La unidad de todas las centrales obreras, los partidos de izquierda y el movimiento popular, barrial y juvenil eran el poder que en las calles movía la batuta reclamando mejores salarios, tierra y soluciones a una aguda problemática social.
El gobierno no atendió las demandas y respondió con una represión ciega y violenta. Más de treinta personas asesinadas por la policía, miles de heridos y centenares de presos.
El paro Cívico trajo muchas consecuencias y fue factor importante en la configuración de una serie de acontecimientos que se expresarían en las turbulentas y dolorosas décadas de 1980 y 1990.
El paro fue una gran escuela de unidad para el movimiento sindical popular tras dos décadas de fuertes divisiones. Unidad de acción fue la táctica desarrollada y sería la semilla para la creación en 1986 de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia, la CUT, avance unitario que también fue impulsado por el acuerdo de paz de La Uribe de 1984.
Pero la oligarquía colombiana y el pentágono yanqui dieron su propia lectura el paro cívico y a otros hechos de los setenta, como el crecimiento y expansión de las luchas guerrillas. Señalaron que había un serio peligro de que Colombia viviera una gran insurrección revolucionaria en los ochenta y había que actuar. Turbay Ayala decretó en 1989 el Estatuto de Seguridad y el pentágono proyectó a fondo la política de seguridad nacional y la teoría del «enemigo interno». El acuerdo de paz de La Uribe lo vieron como un peligro y se lanzaron a destrozarlo. El país conocería la paramilitarización, la degradación de la guerra, el terrorismo de estado y la guerra sucia. El genocidio contra la UP y el exterminio de A Luchar, el Frente Popular y el movimiento sindical y popular. Las luchas sociales fueron diezmadas y paralizadas, hasta que lentamente pudo volverse a levantar, ante todo con el surgimiento de nuevos y diversos movimientos sociales. Se logró avanzar hacía un acuerdo de paz, nuevos procesos unitarios de la izquierda, el estallido y el gobierno del cambio.
Hoy Colombia hace parte de los países gobernados por el nuevo bestiario ultra reaccionario internacional. Lleva el nuevo gobierno solo un mes de desaciertos y despotismos y el movimiento sindical, social, popular y de oposición, reunido este pasado fin de semana en un encuentro nacional ha trazado los derroteros de una radical oposición con acciones regionales y sectoriales que desemboquen en una gran huelga nacional para frenar las contra reformas y los ataques a los derechos, la soberanía, la paz y la democracia.
Ad portas de la conmemoración del 50 aniversario del Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre el movimiento sindical, social, popular y político organiza la resistencia a un gobierno ilegítimo, minoritario y despótico al tiempo que se prepara unitariamente para la batalla electoral de 2007.
Soplan vientos de unidad y de optimismo.
Jaime Cedano Roldán
Bogotá, septiembre 14 de 2026








