José Antonio Egido, sociólogo, politólogo y antropólogo, presidente de la Asociación Cultural Volver a Marx.
El presidente Inazio Lula da Silva mantuvo relaciones cordiales con el presidente venezolano Chávez, aunque sin respaldar su proyecto integrador radical de los paises latinoamericanos, reformas estructurales y resistencia al imperialismo. Lula, de perfil obrero socialdemócrata, inspiró junto a Fidel Castro la creación del Foro de Sao Paulo en 1990 y junto a Chávez de UNASUR en 2008. Pero evitó confrontar al imperialismo norteamericano. Cuando fue encarcelado de manera ilegal en abril de 2018 a resultas de una conspiración orquestada por un juez inspirado por los Estados Unidos (EEUU) adoptó una crítica radical hacia la injerencia norteamericana. Acusó directamente en 2019 desde la cárcel al Departamento de Justicia de los EEUU de organizar la farsa judicial que lo había condenado. Siendo presidente de nuevo en mayo de 2025 expresó su apoyo al presidente Nicolás Maduro. En una conferencia de 11 paises sudamericanos chocó con los presidentes de Uruguay, el derechista Lacalle y de Chile, el falso izquierdista Boric, por negarse a asumir la posición agresiva de estos contra Maduro. Lula les respondió pidiendo respeto para Maduro y observando la contradicción de que la escrupulosidad democrática que se pedía para Venezuela no se pide para Arabia Saudita, despotismo petrolero protegido por los EEUU. Lula se negó a apoyar la política imperialista de derrocar la Revolución Bolivariana. Había descubierto en su propia desgracia personal, que servir a la injerencia norteamericana llevaría a la destrucción de todos los paises sudamericanos, incluyendo el más importante de todos, el suyo, Brasil. Lula dijo que el acoso que sufría Maduro lo había sufrido él mismo.
Sin embargo, a fines del 2023 la dirección de Venezuela lanzó una política agresiva contra la vecina Guyana para exigir sus supuestos derechos sobre una region que es más de la mitad de ese pequeño país, fruto como Venezuela de las tragedias de la colonización y esclavismo europeos. Maduro y Delcy Rodríguez se alejaron de la política de Chávez partidaria de una alianza política amistosa con Guyana dejando de lado esa demanda. Demanda que había sido resucitada en 1962 por el presidente adeco Rómulo Betancourt a instancias del Washington para frenar una “segunda Cuba” en Sudamérica. Ya el imperialista británico Churchill había lanzado un golpe de Estado en 1952 contra la vanguardia revolucionaria del pueblo guyanés, el Partido Progresista del Pueblo (PPP) dirigido entonces por marxistas. En 2023 bajo el consejo del derechista Herman Escarrá, que intentó encarcelar a Chávez en 2004 por su acercamiento a Guyana, el gobierno venezolano movilizó tropas a la frontera, algunos de sus partidarios profirieron amenazas graves que inquietaron al gobernó guyanés y realizaron un referéndum para decidir la “integración” del Esequibo a Venezuela
Lula rechazó indignado esta política provocadora. Envió a su asesor principal Celso Amorim a pedir a Maduro que la abandonase inmediatamente. Muy probablemente le transmitió que lo único que iba a conseguir con esa conducta es que Guyana pidiese ayuda militar a los EEUU con el riesgo de que éstos hiciesen de Guyana una plataforma para agredir a toda la region incluyendo Brasil, Venezuela y el Caribe. Efectivamente Rubio y Trump no desaprovecharon la ocasión para poner a Guyana bajo su esfera de influencia. La entonces vicepresidenta acusó repetidas veces al gobierno guyanés de “marioneta” de los norteamericanos, que es en lo que se ha convertido hoy.
Desde ese momento la actitud de Lula hacia Maduro cambió radicalmente. Se negó a aceptar el resultado de las elecciones presidenciales de julio 2024 que dieron la victoria al chavismo. Y algo más significativo: se negó a aceptar la entrada de Venezuela al bloque BRICS. Algunos buenos chavistas desinformados acusan a Lula de ser nada menos que responsables del derrocamiento por vía militar imperialista de Maduro. La prohibición explícita por el gobierno de Mador y hoy de Delcy de un debate público honesto sobre el Esequibo ha hecho imposible a la opinión publica venezolana tener una visión objetiva de los acontecimientos y sobre la acertada política de Chávez al respecto de buscar la alianza con Guyana y en particular con lo que era el gobierno de izquierda dirigido por Jagdeo. La misma oposición extremista y golpista venezolana acusó falsa y machaconamente a Chávez de haber “entregado” el Esequibo “que es nuestro” al gobierno guyanés por “órdenes de Fidel Castro”. Las grandes dificultades que sufre la Revolución cubana frente al brutal acoso imperialista han impedido al Partido Comunista cubano de ejercer una función mediadora entre Guyana y Venezuela y de calmar el fervor chovinista venezolano alimentado históricamente por la CIA y la derecha expansionista. Chávez ya denunció públicamente el rol “sub imperialista” que el régimen burgues de la IVª república buscaba para Venezuela, alentado siempre por Washington. En 1980 se publicó en Caracas el libro de Eloy Lanza El subimperialismo venezolano para denunciar esa política.
Lula no se equivocó tanto ¿Imaginemos una Venezuela en manos de Trump y Rubio como desgraciadamente la actual haciendo de quinta columna para destruir internamente los BRICS como hacen serviles con Washington como Emiratos Árabes Unidos, Etiopia y la India?
Lula tampoco se equivocó en rechazar la agresividad venezolana contra Guyana que sólo ha favorecido la derechización del Partido Progresista del Pueblo, su seguidismo con respecto a Trump y efectivamente un reforzamiento de las posiciones imperialistas en el Caribe y norte de Sudamérica. Una desgracia consecuencia del esequiberismo tardoadeco ha sido la derechización del PPP guyanés y el renacimiento de una profunda desconfianza de las masas guyanesas hacia la Venezuela agresiva del pasado que Chávez había reemplazado por una Venezuela fraternal y solidaria.








