¿Por qué los “errores” norteamericanos en Irak guían a Trump en Venezuela?

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José Antonio Egido, sociólogo, politólogo y antropólogo, presidente de la Asociación Cultural Volver a Marx.

El viernes 16 de enero en la Casa Blanca Trump respondió a la pregunta de por qué había decidido confiar en Delcy Rodríguez en lugar de María Machado para dirigir el “protectorado” sobre Venezuela. Aludió confusamente a los errores que cometió la invasión de su potencia en Irak en 2003: “Si alguna vez recuerdas un lugar llamado Irak donde despidieron a todos, a cada persona, a la policía, a los generales, a todos, y terminaron siendo ISIS. En lugar de simplemente ponerse manos a la obra, terminaron siendo ISIS, así que lo recuerdo”. Esta respuesta oculta una verdad: la CIA y el Pentágono han sacado como conclusión de que su política rencorosa y criminal de destruir las estructuras de un país invadido bárbaramente como lo fue Irak en marzo 2003 perjudicó su propio objetivo de saquear sus recursos hidrocarburíferos y su dominio absoluto.

No es Trump, completamente ignorante sobre Oriente Medio y sobre los desastres de su propio país, quien se expresa sino lo que estúpidamente se llama “El Estado profundo”. Es decir, los centros de inteligencia al servicio del poder económico oligárquico que dirige el Estado imperialista.

Recordemos el caos impuesto a Irak por estos bárbaros y porqué les perjudicó a ellos mismos.

El primer virrey impuesto por Bush, el general Jay Garner, propuso el 15 de abril de 2003 la disolución inmediata del partido Baas dirigido por Saddam Hussein (SH) que vertebraba el Estado iraquí. El segundo virrey, Paul Bremer, firmó la Orden Number 1 prohibiendo este partido. El secretario de defensa Donald Rumsfeld consideró que era fundamental eliminar los “restos del régimen de Saddam”. Bremer expulsó a 30 mil altos funcionarios miembros del Baas y promulgó leyes anti baas que afectaron a un millón de personas. El 11 de mayo el general Tommy Franks al mando de la fuerza militar de ocupación, dijo que su prioridad era destruir el Baas y eliminar su influencia en el país. Sus tropas desplegaron los operativos Cordon and seach (rodeo y busca) para capturar a los militantes baasistas. En junio el general David McKierman anunció que habían capturado a 400 baasistas pero la Cruz Roja informó que habían sido hecho prisioneros más de mil baasistas. Tras culminar la invasión de la ciudad de Tikrit, bastión sadamista, entre el 22 de abril y el mes de agosto 1.859 personas acusadas de apoyar al gobierno derrocado fueron capturadas. El teniente coronel Steven Russel declaró que del 17 al 28 de junio sus tropas asesinaron en Tikrit a 7 familiares de SH, heridos a 3 y capturado a 12. En Basora extremistas chiitas protegidos por las tropas ocupantes británicas asesinaron a cientos de militantes baasistas. Los británicos hicieron prisioneros a los que sobrevivieron. Los colaboracionistas kurdos de la “Unión patriótica del Kurdistán” (UPK) protegidos por los estadounidenses asesinaron a decenas de baasistas en la ciudad de Kirkuk. La CIA y los militares gringos dieron caza a altos dirigentes, antiguos ministros y funcionarios de todos los niveles. Ya en 2003 habían hecho prisioneros a 42.000 iraquíes. De 2005 a 2006 los gringos tenían 60.000 prisioneros y sus lacayos iraquíes otros 40.000 en diversos campos de tortura y detención: la prisión de Abu Graib, el Camp Nam, el Camp Cropper y muchos otros.

El teniente coronel  Nat Sassaman que comandaba un batallón en 2003 dijo: “El objetivo es eliminar el partido Baas”. El comandante Smith declaró el 3 de agosto 2003: “buscamos a los baasistas para matarlos”. El brigadier Mark Kimmit dijo que buscaban a los líderes regionales del Baas. El mayor Mike Silverman jefe de operaciones de la primera brigada en Tikrit dijo: “Vamos a seguir hostigándolos”.

Esta letanía asesina fue repetida por sus lacayos iraquíes. El capitán Awad Nima, tratando de ganar puntos con sus nuevos amos, dijo que había que matar a todos los partidarios de SH. El teniente Hussein Abad declaró que era lógico que la “brigada Badr” se dedicase a matar baasistas.

Los invasores llamaron en su ayuda a lacayos tan incompetentes y corruptos como lo son hoy María Corina Machado, Guaidó, Ledesma y el “nuevo español” Leopoldo López. Uno de ellos fue designado por los gringos “primer ministro”, Iyad Allawi, a la sombra de Bremer. Un banquero que llevaba 40 años fuera del país, Ahmed Chalabi, fue nombrado presidente de la comisión “para desbaasificar Irak”. Lo suyo era robar el erario público, como lo que han hecho los famosos “demócratas” venezolanos citados. Además, pagaba 250 dólares por cada baasista asesinado, lo que aún no ocurre en Venezuela con los chavistas leales y esperemos que no ocurra nunca.

Donald Rumsfeld creó una “Fuerza de tarea 21” en base a los miembros de la CIA, Armada y Grupo Delta (el que ha secuestrado a Maduro) para dirigir a los pistoleros de la brigada Badr. Brigada creada por la oposición religiosa chií y armada por Irán.  Irán y los EEUU actuaron codo con codo para exterminar el Estado baasista iraquí, aunque hoy eso parezca impensable. La “Fuerza” norteamericana le entregaba las listas de los baasistas y otros patriotas iraquíes a eliminar. Y los asesinos cumplían la orden.

Los 600 agentes de la CIA encargados de desmantelar el estado iraquí y eliminar a sus dirigentes estaban al mando de George Tennet.

El periodista estadounidense Robert Dreyfus escribió que los EEUU dispusieron de un presupuesto de 3 mil millones de dólares para asesinar a 120 mil miembros del partido baas. Y la inversión dio los resultados apetecidos. El secretario general del Baas clandestino Izzat Al Duri dijo que de 2003 a 2008 fueron asesinados 120.000 miembros de su partido.

Pero la operación de extermino no afectó sólo a baasistas sino a los miembros de otros partidos y a los cuadros industriales, universitarios, militares, administrativos y científicos capaces de reconstruir un Irak fuerte que pudiese impulsar la unidad árabe, el desarrollo nacional y el apoyo a los derechos de las masas árabes, incluidas las palestinas. En un libro que no logré publicar describo la eliminación por los invasores con apoyo iraní de los cuadros científicos, los cuadros de las industrias petrolera, nuclear y de la economía en general, del sistema de salud publica. Las industrias del cemento y metalúrgica, la banca y las telecomunicaciones fueron privatizadas. Tal caos permitió que Irán controlase el país y que las multinacionales gringas no pudiesen saquear a placer sus recursos de petróleo y gas. El objetivo estratégico de aniquilar Irak como país se convirtió en un obstáculo para saquearlo. Aprendida la lección de Irak, la administración Trump prefiere la cooperación de los cuadros de origen chavista y madurista para poder controlar su petróleo, gas, oro, tierras raras y otros minerales y metales. Han aprendido que deben moderar su desmedido afán por llevar el caos a cualquier parte del Mundo. Esta es la explicación que Trump no quiere dar pero que les sirve para la “hoja de ruta” anunciada por Rubio para neocolonizar “pacíficamente” Venezuela.

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