Nos han engañado

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Lidia Falcón

Se celebraba en estos días el aniversario de la Constitución en una ceremonia en el Palacio Real a la que han asistido los reyes y los diputados y el gobierno y todo el sector social que decide los destinos del país. Entusiasmados los oradores y los invitados con el éxito que ha supuesto esta última Constitución que nos ha insertado entre los países avanzados, democráticos, en pleno desarrollo económico y cultural, como nunca antes había disfrutado España.   

Pero se repite que la generación que cuenta entre 18 y 25 años repite frustrada que los han engañado. “Nos dijeron, mis padres, mis abuelos, los profesores, los políticos, los medios de comunicación, que si nos esforzábamos, es decir estudiábamos con aplicación y seriamente, y no nos dejábamos seducir ni por las drogas ni por amoríos frívolos llegaríamos donde nos propusiéramos”. A ellos les engañaron y a sus padres también. Nosotros, los de la generación ya jubilada, sobrevivimos a la postguerra trabajando en los mil oficios y empleos que sólo permitían mal comer, y renunciamos a todo lo demás para lograr una vivienda estable donde criar a nuestros hijos. Y obtenida esta ya solo quedaba para pagar los estudios de nuestros hijos que se hacían cada vez más caros con las reformas que se iban implantando, imitando al sistema estadounidense que es el que nos manda y organiza, a base de cursos extra, masters obligatorios, viajes de estudios, e idiomas imprescindibles, y terminada esta etapa, obtenidas las licenciaturas y doctorados requeridos, seguimos alojando y manteniendo a los chicos que no tenían hueco en una sociedad que no pensaba que requirieran un trabajo remunerado y pretendieran ser autónomos y hasta montar familia e independizarse de sus generosos padres. 

 En 2026 un licenciado y doctor universitario prepara oposiciones a policía municipal porque en la Universidad donde ha dado clases esporádicas no lo integran a menos que se una al ascensor donde el catedrático sube a los que han pasado cinco o seis años sirviéndole de ayudantes: dando clases sin remunerar, corrigiendo exámenes, terminando o redactando artículos, ponencias y conferencias que no llevan su nombre, para ser admitido en la lista de los que conseguirán ser profesores interinos. Una médica, terminada la carrera hace veinte años no ha podido comprarse el piso donde además de vivir tiene que pasar consulta, porque el MIR que aprobó le utiliza una serie de horas a la semana que no le permiten pagar la hipoteca. Una bibliotecaria, licenciada en Historia y Arte ha conseguido que la contraten en dos bibliotecas de la Comunidad de Madrid, a medias jornadas, una por la mañana y otra por la noche, con lo que reúne 1.600 euros mensuales  y no llega para pagar los recibos de la hipoteca o el alquiler, además de mantener a su hija que está estudiando arte, con pocas posibilidades de encontrar un empleo estable. Como tuvo la mala ocurrencia de divorciarse de un marido adúltero, la pensión que obtuvo para mantener a la hija nunca le permitirá adquirir la vivienda.

Unos y otras, madres de sesenta años abocadas a una jubilación escasa, hijas de poco más de treinta, licenciadas y hasta doctoras, que no encuentran más trabajo permanente que servir platos en un restaurante. Padres que siguen ayudando económicamente al hijo que ya tiene dos, porque ni entre su mujer y él llegan a sumar lo que requiere la compra o alquiler del piso además de las guarderías y las escuelas de los pequeños.

Se repite en las informaciones oficiales que España es el país que mejor ha superado las crisis económicas pasadas, pero las cifras del paro siguen siendo el doble de la media de la Unión Europea, sin contar esa engañifa del empleo “fijo descontinuo”, que consiste en trabajar unos meses y vacar cuando el empresario considera que no necesita al empleado, sin que su tiempo perdido le sea remunerado, hasta que la empresa vuelva a requerirlo, si lo hace.

Licenciados, masterizados, doctorados, que siguen haciendo de camareros como cuando estudiaban, porque únicamente en el sector turístico se sigue requiriendo fuerza de trabajo. Aquellos que optaron por las carreras del presente: ingenieros informáticos, industriales, medio ambiente, no tienen hueco entre los veteranos que se ven abocados a jubilaciones tan escasas que sólo prometen escasez para cuando cumplan 65 o 70 años.

El gran desarrollo español que el gobierno publicita cada día, con los aumentos del empleo, las supuestas bajadas del paro, y el aumento del SMI, del que tanto presume la ministra de Economía, lleva a las generaciones de 25 años en adelante a seguir viviendo con sus padres, aunque se hayan aparejado y tengan hijos a su vez, como en los años de la postguerra.

Todas las informaciones repiten que la vivienda es el principal problema del país, según confiesan las víctimas y los encargados de resolverlo, pero no se vislumbra ningún proyecto serio para paliarlo.

Parejas y hasta matrimonios que alquilan una habitación doble en un piso de una familia afortunada. Precios astronómicos por la compra de un apartamento de 60 metros cuadrados, la imposibilidad de hacer el proyecto de iniciar una nueva convivencia, estar sometido a la amenaza de ser desalojado cuando venza el plazo del alquiler, y saber que cada año va a subir su precio. Empleos mal pagados sin reconocimiento profesional para varias generaciones que han cursado estudios superiores, engañados por las promesas de lo que les beneficiaría invertir su juventud en estudiar ocho horas diarias, pagando matrículas y masters cada vez más caros.

 Padres casi octogenarios que ya no pueden ayudar más a sus hijos porque todos sus ahorros se invirtieron en la compra de la vivienda, que es la única herencia que dejarán a sus sucesores, que deseamos no sea el único motivo por el que los hijos siguen ocupándose de los padres dependientes. Abuelos inválidos que cuando recurren a la Ley de Dependencia reciben a los 90 años 300 euros de subsidio mensual si viven con familia. Aquellos que esperan la muerte en soledad, pueden lograr que la seguridad social les proporcione la ayuda de una mujer que acuda algunas horas al mes para limpiarles y hacerles la compra, por la módica cifra de 80 euros .

 Este es el estado del Bienestar que hemos pagado varias generaciones desde el fin de la Guerra Civil, con sangre, sudor y lágrimas, para comprobar, en el ocaso de nuestra vida,  que nos habían engañado, sin que ninguna de las opciones políticas que ahora se postulan con la soberbia de asegurar que tienen la solución, ni siquiera mencionen las situaciones que he descrito y que no son todas, porque otro día estudiaré la ruina del sector primario que no se halle en poder de las grandes corporaciones internacionales de la alimentación. Y que el infame contrato del Mercosur va a agravar la situación para los medianos y pequeños agricultores. Únicamente, como siempre, los grandes latifundios, que posee la aristocracia, saldrán beneficiados de las exportaciones que manejan las conocidas marcas de bienes de consumo.  

Es evidente que nos han engañado. A todos, no sólo a los jóvenes, a los viejos además nos han explotado.

         Madrid, 22 febrero 2026.                      

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