Acaba 2025 y en los fenómenos de interdependencia a escala mundial de la sociedad contemporánea se comprueba la escalada militar imperial dirigida por Trump desde el inicio de su mandato. Para caracterizar estos tiempos que corren y situarnos, definamos el Imperialismo contemporáneo como la época de capital financiero y de monopolios devenidos en ETN (mega empresas transnacionales) con una marcada tendencia a la dominación, a las relaciones de vasallaje con las naciones excoloniales y subdesarrolladas, y aderezado el terreno con el conflicto de las contradicciones interimperialistas.
Samir Amin teorizó en su libro “El imperialismo moderno, el capital financiero monopolista y la ley del valor de Marx” como el imperialismo contemporáneo opera a través del control de las finanzas globales, el papel protagonista del dólar como moneda de reserva, combinado con la jurisdicción de los EEUU sobre los pagos globales, proporciona a Washington el “privilegio exorbitante” de imponer el aislamiento económico a cualquier país rebelde a sus dictados.
Y cuando los mecanismos de consentimiento se debilitan, los mecanismos de coacción los intensifican como ocurre en los casos de Venezuela y Colombia
La declaración de Trump de que el espacio aéreo venezolano debe considerarse cerrado, aunque carezca de jurisdicción legal internacional, sirve para intimidar a las compañías aéreas comerciales. El cierre del espacio aéreo venezolano mediante un anuncio en redes sociales añade un toque teatral a una política con consecuencias geopolíticas reales.
El despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford en el Caribe, junto con los ataques que han causado la muerte de más de ochenta personas desde septiembre de 2025, según la BBC el despliegue acumula en aguas de la región al menos 12 buques de guerra, un submarino nuclear, aviones, helicópteros y drones, además dos portaaviones: el USS Gerald R. Ford y el Iwo Jima. Se cree que el número de efectivos militares supera ya los 15.000, todo ello sugiere la idea de que Washington complementa el estrangulamiento económico con la violencia militar ya sea de intervención e invasión.
Björn Beam, responsable de Investigación Tecnológica y analista geopolítico senior de la firma Arcano Research declaró que el hecho de que la administración Trump presente las operaciones antidroga como un acto de autodefensa nacional marca un giro profundo en la política exterior estadounidense y explica que al declarar un «conflicto armado» contra actores no estatales que operan desde territorio venezolano, Washington ha difuminado la frontera entre la lucha contra el terrorismo y el cambio de régimen. La Casa Blanca enmarca su campaña como una lucha contra grupos criminales internacionales, ahora designados como actores terroristas . Esta definición legal crea una nueva libertad para la fuerza, permitiendo ataques de precisión, incursiones encubiertas y, eventualmente, si la secuencia continúa, el reemplazo de Maduro.
Colombia
Cuando el presidente Gustavo Petro se negó a aceptar vuelos de deportación en aviones militares estadounidenses, Trump respondió en cuestión de horas con amenazas de aranceles del 25% y revocaciones de visados. Esta táctica de presión tenía un mensaje claro: la alianza con Washington no ofrece protección cuando las prioridades imperiales exigen lo contrario.
El discurso humanitario
Otro ejemplo de afianzamiento imperial para legitimar la acción militar es la apropiación del discurso humanitario que adquiere otro significado a la luz de la lógica del capital. El “genocidio” en el discurso estadounidense no es una categoría analítica que exija una aplicación coherente, sino un instrumento político que se utiliza de forma selectiva, ya sea el caso de Israel o de Nigeria.
En noviembre de 2025, Trump designó a Nigeria como “país de especial preocupación” por la persecución religiosa y amenazó con “acabar con los terroristas islámicos” que supuestamente cometen genocidio contra los cristianos.
Un poco de historia reciente de los acontecimientos tira por la borda el planteamiento imperial, según datos del ACLED (Datos sobre la Localización y los Acontecimientos de los Conflictos Armados) entre enero de 2020 y septiembre de 2025, el ACLED registró 385 ataques contra cristianos en los que la identidad religiosa fue un factor determinante, lo que provocó 317 muertes. Durante el mismo periodo, 196 ataques tuvieron como objetivo a musulmanes, lo que provocó 417 muertes. La violencia es real y devastadora, con más de 20.000 muertes de civiles desde el año 2020. Los conflictos entre agricultores y pastores, la desertificación, la competencia por los recursos y el colapso de los mecanismos tradicionales de mediación explican gran parte de la violencia.
El marco del supuesto genocidio transforma conflictos políticos que requieren una salvación externa (intervención) posicionando a las potencias occidentales como salvadoras y a las poblaciones africanas como víctimas incapaces de resolver sus propios problemas.
A la luz de la lógica del capital se persigue tratar de preservar la reproducción sostenida del capital a toda costa mediante cualquier medio, que puede ir desde la apuesta dominante del dólar, la deuda pública y los préstamos del FMI, los pagos internacionales por SWIFT, los embargos económicos, el chantaje político-diplomático y las «ayudas humanitarias«, la coerción militar llegando a la invasión o la condena en organismos internacionales.








