Aprendiendo a mentir

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Por María Pasquín

Pienso que para acercarme lo más posible a la realidad, Es importante analizar todos aquellos personajes mitológicos que construimos socialmente a través de películas y cuentos que acaban adquiriendo tanta fuerza que se normalizan y se convierten en costumbres.

Hablan de nosotros y del patriarcado. Lo que quiero es analizar, desde mi perspectiva, algunos de los mandatos que se ocultan detrás de un encantador hombre de barba blanca, vestido de rojo y que reparte regalos a niños de todo el mundo. Dejando a un lado la parte histórica y bonita del personaje, siendo consciente de que está muy arraigada en el imaginario personal y colectivo, voy a intentar señalar algunas cosas que me chirrían.

La primera es que esta fantasía lleva a los niños a un gran desengaño y una de sus primeras grandes decepciones sociales que se produce al descubrir la realidad, porque siempre se descubre.

 ¿Cuál es la respuesta social a esta decepción?, en lugar de felicitarles por haber descubierto el engaño, les pedimos que lo mantengan en secreto. Mis hermanos me decían: «No digas nada o nos traerán menos regalos». 

Eso me hace pensar en las madres y padres que se van ha gastar un dinero que a veces no tienen para mantener esta fantasía y en unos niños que no valoran los regalos porque como pueden pedir todo lo que deseen, no son conscientes de lo que implican sus deseos. 

El costo sí que lo tienen claro. Han de ser buenos, porque este señor desconocido los ve y los juzga desde el Polo Norte.

¿Qué pasa cuando los progenitores de los niños son pobres y estos piden cosas que no pueden comprarles o no tienen familia para celebrar esta fantasía? La materialidad y la realidad se imponen y eso puede llevarlos a pensar que han sido niños y niñas malos. Siempre la caridad puede ocuparse de esto, pero algún día la realidad se impondrá. 

Las comparaciones en el colegio, la ropa en vez del juguete, etc. Lo cual puede llevar a que los padres gasten más de lo que pueden para estar a la altura de este personaje. Bajo la excusa de que los niños no pierdan la ilusión.

Hablemos ahora de algo difícil de exponer, ya que cada vez que lo hago la gente se pone las manos en la cabeza o directamente me tacha de loca, pero, en mi opinión, sería interesante analizarlo, aunque sea difícil asumir.  ¿Cómo es posible que demos tanta importancia a un personaje que viene a casa cada año desde que los niños nacen y que les trae regalos? Alguien extraño que no es de la familia y que regala cosas a nuestros hijos si se portan bien. Pienso que es un argumento fantástico para un pederasta. Con esta fantasía, facilitamos la entrada a estos depredadores y bajamos la defensa de los niños, que tienen normalizado que un desconocido les dé regalos.

Yo he sido elfo varios años y los niños que tenían miedo a Papá Noel (cosa que está muy bien, porque no se deben acercar a un extraño) siempre recibían la misma respuesta de sus progenitores: «Pero si es Papá Noel, es bueno, no te asustes». Lo importante era hacerse una foto con ese hombre, que cada año es diferente y está en muchos sitios. 

¿Por qué simplemente no podemos decir que es una fecha especial en la que los padres han decidido hacer regalos a sus hijos, teniendo en cuenta su comportamiento y sus posibilidades? es decir: podéis escoger dentro de lo que nosotros os podemos comprar.

¿Quiénes están dirigiendo esta fantasía y hacia dónde? ¿Nosotros o el mercado? ¿Qué catálogos utilizan los niños para pedir regalos? ¿Que se incluye en ellos?

Hago este comentario porque el otro día me explicaba una amiga que en uno de ellos se incluían productos de belleza para niñas entre 5 y 7 años, pintura de uñas, de labios, pestañas, etc., que es lo siguiente ¿Camisetas con relleno? Está claro que detrás de un regalo muchas veces se ocultan mandatos patriarcales y roles de genero, muy bien publicitados en todos los medios y redes sociales.

Por último, miremos la estructura empresarial que tiene Papa Noel, el es el jefe y los trabajadores son empleados en cadena. Santa es un hombre y los elfos seres de fantasía que tienen un plazo para realizar todos los regalos ¿Quien se lleva los méritos de los obreros? A quienes les dejan comida los niños con todo el cariño del mundo.  Es lo mas patriarcal que existe.

Si queremos mantener esta fantasía es nuestra responsabilidad dirigirla y no dejarla en manos del comercio que crea la ilusión que mejor le conviene para vender a nuestros niños lo que le interesa al poder, respaldándose en una fantasía que se repite cada año y que parece inocua e inocente.

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