Europa se enfrenta ahora a un EEUU que considera el apoyo, el acceso y las garantías como cuestiones de intercambio condicionadas por incentivos políticos y financieros.
La estrategia cohesiva de influencia que propone Trump radica en fusionar la política energética, la presión comercial y las relaciones de la industria de defensa con Europa.
El equilibrio transatlántico entre EEUU y Europa que existía antes de 2021 no existe más, Trump impone un eje estratégico que reemplaza la lógica de la seguridad colectiva por un modelo en el que las garantías de defensa, el apalancamiento[1] energético y el acceso industrial funcionan como instrumentos de negociación en lugar de pilares de una alianza en Occidente.
A)La priorización de las exportaciones estadounidenses de GNL ha reconfigurado las estrategias europeas de diversificación impulsándolas a alinearse más estrechamente con los intereses comerciales estadounidenses. El GNL de origen estadounidense representa casi el 50% de las importaciones de GNL de Europa en 2024-2025, frente a aproximadamente el 20% en 2021.
B)Los aranceles funcionan no solo como instrumentos económicos, sino también como herramientas geopolíticas utilizadas para obtener concesiones, influir en la política industrial europea y forzar la alineación.
C)El aumento de los presupuestos de defensa de Europa ha profundizado la dependencia a pesar del gasto récord, el nivel nominal más alto desde el fin de la Guerra Fría, Europa tiene dependencia operativa con EEUU de las capacidades críticas que siguen vinculadas a las plataformas, cadenas de suministro, sistemas de inteligencia y arquitecturas de mando y control estadounidenses. A gusto del que vende: Washington determina las autorizaciones de exportación, los calendarios de producción y los plazos de entrega.
Los fundamentos ideológicos del principio «EEUU Primero» persisten, pero su aplicación en el segundo mandato de Trump es más deliberada. Trump se ha «posicionado como el estadista global indispensable » indica Robert C. O’Brien, presidente de American Global Strategies.
De la lectura documento “National Security Strategy of the United States of America” publicado en noviembre 2025 se pueden seleccionar pasajes que vienen a decir: Trump insiste en que EEUU seguirá ejerciendo liderazgo, pero sólo bajo condiciones que, en su opinión, rectifiquen décadas de reparto desigual de cargas, simplemente está expandiendo su red de representantes en lo que él mismo llama una «red de reparto de cargas«, pedir a los aliados que asuman la responsabilidad principal de sus regiones que EEUU «controla» y “apoya» para evitar su propia sobreextensión militar que excedería sus recursos, generando un riesgo de decadencia relativa del imperio norteamericano y sostener indefinidamente su papel de superpotencia.
Ejemplo palpable es la última política seguida por EEUU con el régimen de Kiev, así ahora Europa financia la mayor parte del apoyo a Ucrania, mientras que Washington controla el acceso a capacidades críticas y se reserva el derecho de retirar la asistencia a menos que se cumplan los acuerdos de costos.
informes del SIPRI (Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo) y del Financial Times confirman que la mayoría de las armas importantes suministradas a Ucrania provienen de Estados Unidos o dependen de licencias de exportación estadounidenses. Los datos del SIPRI sobre transferencias de armas indican que Estados Unidos representó aproximadamente el 45 % de las armas importantes entregadas a Ucrania durante este período. El intento de presionar a Kiev para que considere concesiones vinculadas a los recursos subraya aún más que la asistencia en materia de seguridad ya no se basa en la lógica de alianzas, sino en el intercambio negociado.
La seguridad como mercancía negociada
La transformación más significativa reside en la repolitización de la lógica central de la OTAN inducida por EEUU. La exigencia de Washington de un 5% de gasto en defensa puede parecer una audaz iniciativa estratégica para Europa, pero el factor subyacente es la «cautela defensiva», más que la percepción compartida de la amenaza. El temor a que EEUU reduzca sus compromisos o los retire por completo influye en si mismo en la toma de decisiones europea con mayor fuerza que el mismo conflicto militar en Ucrania.
La jugada garantiza que las cargas se compartan y que todos esos esfuerzos se beneficien de una legitimidad más amplia. El modelo consistirá en alianzas estratégicas que utilicen herramientas económicas para alinear incentivos, compartir responsabilidades con aliados afines e insistir en reformas que afiancen la estabilidad a largo plazo. Esta claridad estratégica permite a EEUU evitar la sobreextensión en los frentes de confrontación con China en el Indo Pacifico y la dispersión de enfoques entre aliados occidentales.
[1] multiplicar un pequeño esfuerzo para un gran resultado.








