LA VUELTA PALESTINA A ESPAÑA
Enarbolar una bandera como quien se refugiara
Bajo la sombra de una árbol talado
Caer desde la distancia de un foso
Hacia la ingravidez de saber lo que apoyas
Soltar el grifo del aliento enjaulado
Dar color a la carretera recién cerrada
Y saber que tu gesto es amplio y claro
Que tu boca anuncia el resultado de lo que piensa el pueblo
Mientras los tibios salpican pesquisas y sahumerios
Catervas de tropeles que circulan como obuses
Y las islas negras de escombros lloran en el alféizar
De la equidistancia
Mientras el epicúreo responsable encuentra abierta la carretera
Se espantan las palúdicas moscas de los cuerpos cercenados
Abre la boca el bebé y muere el recién nacido
Un niño hambriento anuncia el fin del mundo
Mil lanzas clavadas en todos los costados recrudecen los pelos de punta
Sangre de hijos retorciéndose
Sangre de terciopelo gris
Sangre de polvo en cada sionista que ametralla
Miremos el solsticio de jaulas y líquenes
Cambiemos el cuerpo de la carrera
Cerremos todas sus embajadas
Y que el sionista desaparezca entumecido entre dos zarzas ardientes
Bravo pueblo recién escarmentado
Brava prole de futuros proletarios
Que estáis poniendo el asta de vuestras banderas
Por encima de la postración de vuestros próceres
Sois el pueblo y clamáis con voz de argonauta
Que es más justo enfrentar al psicópata
Que ser un ser más en medio de esta vileza
La virtud reside en el enfrentamiento
La potencia ondea con furor regio
La integridad la lleváis calzada en el aire como un Ave Fénix
La facultad del alma más altiva reside en despreciar la indiferencia
La bondad sin pudor ejecuta al cobarde y prende al necio
La ética es el don más preciado del individuo que empatiza
Porque lo injusto siempre prendió el fuego
No se quemarán vuestras entrañas
Y la soberbia ha de ser combatida a mano armada
Pueblo virtuoso y compañero
Fiel epígrafe palestino de la mar a la montaña.
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CONTRA EL GENOCIDIO
Hacia el sur miran mis dedos de plomo rojos
No hay candela que el horror mire y alumbre
Algo de sangre se ha salpicado a mis ojos
Y tengo los zapatos repletos de herrumbre
Que están quemando hombres como rastrojos
Que están matando niños por costumbre
Que el genocidio escupe víboras y cerrojos
Sobre la virtud de un mundo de servidumbre
¿Es que no hay quien ayude y ejecute
A los hijos de ese su dios tan diminuto?
¿Es que han de morir de hambre—nadie lo discute—
Aquellos que plantaron ese masivo fruto
De olivo y de sal de vida y de disfrute
Por un nazi nacido de hez y medio bruto?








