Gaza: ¿el próximo genocidio olvidado?

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Cuando se recuerda el genocidio armenio, lo que se escucha es una letanía domesticada: “una tragedia del pasado”, “un episodio doloroso”, “un conflicto complejo”. Con el paso del tiempo, los responsables fueron integrados al orden internacional y sus crímenes se volvieron notas al pie en los manuales de historia. Las víctimas quedaron reducidas a números y símbolos, despojadas de su verdad. El verdugo terminó convertido en socio respetable.

La pregunta es inevitable: ¿pasará lo mismo con Gaza?¿Dentro de cien años se hablará de la limpieza étnica del pueblo palestino como de Armenia hoy: con solemnidad vacía, sin responsables, con la verdad borrada por la diplomacia?

El guión repetido. Ya lo estamos viendo. Las masacres de civiles son presentadas como “defensa propia”. Los niños muertos de hambre se describen como “consecuencias colaterales”. Los desplazamientos masivos se disfrazan de “operaciones militares necesarias”. La resistencia palestina se criminaliza, mientras los verdugos son agasajados en salones diplomáticos y tratados como “aliados estratégicos”.

La maquinaria del imperialismo funciona con precisión: EE.UU. financia y arma directamente al Estado genocida, la Unión Europea ofrece cobertura política y complicidad activa, y los organismos internacionales —paralizados por los vetos— se convierten en cómplices por omisión. No es “un conflicto”, es un crimen planificado y sostenido desde el corazón del sistema mundial.

La hipocresía global y no se trata solo de Occidente

Ayer mismo, 20 de agosto de 2025, mientras en Gaza los cuerpos siguen apilándose bajo los escombros, el embajador chino en Israel, Xiao Junzheng, se reunió sonriente con el ministro de exteriores israelí, Gideon Sa’ar, para hablar de cooperación bilateral y felicitar al equipo israelí en los Juegos Mundiales de Chengdú: “Glad to meet Israeli Foreign Minister Gideon Sa’ar and discuss how to expand bilateral cooperation under the complex circumstances in the region. (…) Looking forward to more ‘take home the gold’ moments in China-Israel relations.”

Ni una palabra sobre las víctimas, ni una condena, ni un mínimo gesto hacia Gaza. Solo sonrisas, diplomacia y negocios.

Este episodio desnuda la verdad: también quienes se presentan como contrapeso al imperialismo occidental priorizan alianzas y mercados por encima de la vida de un pueblo masacrado. Gaza no es un fin, es una moneda de cambio.

El olvido como política deliberada

Así se fabrica el olvido: primero la masacre, luego la justificación, después la neutralización de la memoria. El genocidio se convierte en un hecho “lamentable” sin responsables. Las víctimas son enterradas dos veces: bajo las bombas y bajo el silencio diplomático.

Es lo que ocurrió con Armenia. Y si no se rompe este ciclo, ocurrirá también con Palestina. Dentro de un siglo, Gaza será recordada como “una tragedia”, pero sin nombres, sin verdugos, sin justicia.

No nos confundamos: lo que ocurre en Gaza no es un accidente, es barbarie imperialista, organizada desde Washington y Bruselas, y tolerada por todos los que prefieren negocios antes que dignidad. Estados Unidos y la Unión Europea no solo son cómplices: son arquitectos y financiadores de la masacre. Cada bomba, cada misil, cada niño que muere de hambre lleva su firma.

Si los pueblos no rompen este silencio, Gaza será la próxima Armenia: un recuerdo neutralizado, un símbolo sin filo, una herida vacía para discursos solemnes. Pero si se impone la voz de quienes resisten, el futuro no podrá esconder la verdad: que hubo verdugos con nombres y apellidos, que hubo responsables en las capitales del “mundo libre”, y que hubo un pueblo que no se resignó a ser borrado de la historia.

La memoria es un campo de batalla.

Hoy decidimos si dentro de cien años Gaza será una nota al pie… o el grito que impida que el genocidio vuelva a repetirse.

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