La fallida moción de censura al ejecutivo de la UE

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La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, sorteó fácilmente la moción de censura dando la merced a socialdemócratas y liberales de mantener un fondo social en el próximo presupuesto plurianual de la UE.

La moción de censura presentada, reclamaba que Von der Leyen dimitiese: “debido a sus reiterados fracasos a la hora de garantizar la transparencia y a su persistente desprecio por el control democrático y el Estado de derecho en la Unión”.

Y citaba los hechos puntuales en su contra:

a)“La interferencia ilegal de la Comisión  Europea en las elecciones de los Estados miembros, a través de una aplicación errónea de la Ley de Servicios Digitales (DSA)” en el caso de la intromisión en las elecciones de noviembre de 2024 en Rumanía

b) Las secuelas del Caso Pfizergate, un escándalo que estalló en abril de 2021, y la negativa de Von der Leyen a revelar los mensajes privados que intercambió con el jefe de la farmacéutica Pfizer, Albert Bourla, durante la negociación de las multimillonarias compras de vacunas anticovid.

c) El caso omiso a la Eurocámara por parte del ejecutivo de Von der Leyen pretendiendo que el programa SAFE no pasase por el control del poder legislativo europeo, hecho denunciado por los servicios jurídicos del Parlamento europeo, Von der Leyen adujo que en el contexto geopolítico actual y la necesidad urgente de reforzar la base tecnológica e industrial de defensa europea (BITDE), el SAFE (Security Action for Europe) es el fondo europeo de préstamos por 150.000 millones de euros, para financiar compras conjuntas en defensa.

La Presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, había subrayado que «el Parlamento Europeo no cuestiona los méritos de esta propuesta de reglamento», sino que está «profundamente preocupado» por el hecho de que su adopción sin una base jurídica adecuada estaría «poniendo en riesgo la legitimidad democrática al socavar las funciones legislativas y de control del Parlamento».

Es importante señalar que la moción de censura no estaba dirigida únicamente a Von der Leyen, sino a toda su Comisión, en particular, a la Vicepresidenta de la Comisión Europea, la estonia Kaja Kallas, la Alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, lo más parecido a un ministro de Asuntos Exteriores, desde su confirmación en diciembre de 2024 ha llegado a personificar, más vívidamente que nadie, la tóxica mezcla de incompetencia, irrelevancia e ignorancia absoluta de lo que representa la UE a nivel global.

En un momento en que el conflicto militar de Ucrania es, sin lugar a dudas, el principal desafío de política exterior de Europa, es difícil imaginar a alguien tan pueril y menos idónea para el cargo que Kallas, cuya profunda hostilidad hacia Rusia roza la obsesión. En su primer día en el cargo, durante un viaje a Kiev, tuiteó : «La Unión Europea quiere que Ucrania gane esta guerra», una declaración que inmediatamente causó inquietud en Bruselas, donde los funcionarios la consideraron contraria al lenguaje establecido de la UE dos años después del inicio de la guerra, “sigue actuando como una primera ministra», comentó un diplomático europeo. En un contexto del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), ¿alguien puede ser menos apta en el tema de las relaciones de política exterior entre la Federación Rusa y la UE por el cargo que ostenta la estonia?. Una profunda hostilidad hacia lo ruso que roza la obsesión que se expresa mediante pensamientos recurrentes.

En mayo de 2024, siendo primera ministra de Estonia, Kallas, afirmaba que el conflicto en Ucrania debe terminar con la derrota de Rusia, la desintegración del país y su división en estados más pequeños y asi aplicar el plan de la RAND Corporation de 2019: Extending Russia. Competing from Advantageous Ground, think tanks estadounidense creado en 1948 para prestar servicios de investigación y análisis a las Fuerzas Armadas de EEUU, financiada mayormente por el Departamento de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional.

Kallas desde entonces, ha exigido repetidamente la restauración completa de las fronteras de Ucrania de 1991, incluida Crimea, una postura que descarta efectivamente las negociaciones. Incluso Donald Trump ha reconocido que la membresía de Ucrania en la OTAN es imposible, Kallas insiste en que sigue siendo un objetivo, a pesar de haber sido una línea roja para Rusia durante casi dos décadas. Kallas incluso ha declarado que «si no ayudamos más a Ucrania, todos deberíamos comenzar a aprender ruso». Sin importar que Rusia no tenga ninguna razón estratégica, militar o económica para atacar a la UE. A principios de este año, denunció los esfuerzos de Trump para negociar el fin de la guerra, desestimándolos como un «trato sucio», lo que explica por qué el Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, canceló abruptamente una reunión programada con ella en febrero.

La obsesión de Kallas con Rusia la ha mantenido prácticamente en silencio sobre cualquier otro asunto de política exterior. Como observó el exdiplomático británico Ian Proud, quien sirvió en la Embajada Británica en Moscú de 2014 a 2019, se presenta como una «Alta Representante dedicada a un solo tema» cuyo único objetivo es mantener la política europea de no compromiso con Rusia, independientemente del coste económico, que lleva una década vigente.

Pasar de la mesa del Consejo Europeo a la arena de las reuniones de los ministros de Asuntos Exteriores no es tarea fácil, con una retórica agresiva y unilateral —a menudo emitida sin consultar previamente a los Estados miembros— que distancia a países que si bien se alinean en gran medida con la política de la OTAN hacia Ucrania, no comparten la evaluación de Kallas de que Moscú representa una amenaza inminente para la UE, si se la escucha, parece que estamos en guerra con la Federación Rusa.

Su iniciativa de movilizar 40 mil millones de euros para proporcionar armamento y capacidades militares a Ucrania fue un fracaso. La cantidad corresponde a la ayuda militar acumulada de los europeos, los estadounidenses y otros apoyos a Ucrania en 2024. Kaja Kallas quería prevenir a Kiev de una falta de financiación en caso de que cesara el apoyo estadounidense. Tomó al pie de la letra los compromisos de los líderes europeos de ayudar a Ucrania «cueste lo que cueste«. Pero la clave de reparto entre los Estados miembros fue rechazada. Los 40 mil millones se redujeron a 5 mil millones para la compra de municiones. Kaja Kallas es la última responsable europea en hablar de ayudar a Ucrania «hasta la victoria«. Los líderes europeos han entrado, por su parte, en una nueva dimensión: las negociaciones para un acuerdo de paz.

A pesar de sus proclamas de defensa de la democracia, la UE cae en brazos del vedetismo rusófobo que hace gala en sus declaraciones y echa la persiana al diálogo con la Federación Rusa. Le gusta el cliché de la «Dama de Hierro». Cuando se le pregunta sobre esto, Kaja Kallas sonríe con mucha delicadeza y da una respuesta  retórica en perfecto inglés: «¿No fue la primera ministra británica Maggie Thatcher una mujer de éxito? queriendo emularse gratuitamente.

El partido de Kallas, el Partido Reformista de Estonia, obtuvo menos de 70.000 votos en las últimas elecciones al Parlamento Europeo, lo que representa menos del 0,02% del voto, sin embargo, Von der Leyen se ha rodeado en la Comisión Europea con funcionarios bálticos afines —procedentes de una región de poco más de seis millones de habitantes respecto a los 449 millones de la UE, para ocupar puestos clave en defensa y política exterior. Estos nombramientos reflejan una alineación estratégica entre las ambiciones centralizadoras de von der Leyen y la visión de la clase política báltica. Ambos comparten un compromiso inquebrantable con la línea de la OTAN y una profunda hostilidad a cualquier tipo de diplomacia con Moscú.

El conjunto de los “bálticos” adictos a Von der Leyen, está compuesto por el economista letón conservador, Valdis Dombrovskis, en el puesto clave como Comisario de Economía y Productividad, la estonia Kaja Kallas designada como Alta representante para Política Exterior y Seguridad, que hace gala de su talante rusófobo manifiesto y aguerrido, mencionando la victoria de Ucrania como una prioridad para la UE, y el lituano del PPE, Andrius Kubilius es el primer Comisario de Defensa y Espacio, está dispuesto a emitir bonos conjuntos o utilizar el dinero no gastado de los fondos post pandémicos para recaudar fondos vitales para reforzar el Ejército e «impulsar la competitividad«.

Antecedentes familiares.

Poco mencionada su propia familia, lejos de ser víctima de la opresión soviética, vivía una vida relativamente cómoda como parte del establishment soviético, o lo que bien podría considerarse la clase media soviética. Kallas nació en una de las familias políticas más poderosas de Estonia, una familia cuyo ascenso se vio facilitado, en gran medida, por el mismo sistema soviético que ahora demoniza. Su padre, Siim Kallas, fue un miembro influyente del aparato soviético y posteriormente una figura clave en la política postsoviética estonia, llegando a ser primer ministro antes de ejercer como comisario europeo durante más de una década. Kallas inmediatamente después de finalizar sus estudios, en 2010, Kaja decidió entrar en política y se unió al Partido Reformista —el partido de su padre—, y siguió sus pasos al mudarse a Bruselas tras ejercer como primera ministra de Estonia de 2021 a 2024.

Otra de sus múltiples torpezas fue ofender a los irlandeses al comentar la neutralidad de Irlanda sin tener en cuenta la larga historia de Irlanda bajo el dominio colonial británico y el derramamiento de sangre de los disturbios, un eurodiputado irlandés le pidió que se disculpase por sugerir que la política de neutralidad de Irlanda se debe en parte a que Irlanda no tiene una comprensión moderna de «atrocidades, deportaciones masivas, supresión de la cultura y la lengua».

El celo antirruso de Kallas se contradice con su historial político, en 2023, cuando Kallas aún era primera ministra de Estonia, tres importantes periódicos estonios pidieron su dimisión tras revelarse que la empresa de transporte de su marido había seguido haciendo negocios con Rusia tras la invasión de Ucrania. Sin embargo, Kallas restó importancia al escándalo y se negó a dimitir, alegando no haber cometido ninguna irregularidad, lo que desencadenó acusaciones de hipocresía: exigía el aislamiento económico total de Rusia por un lado, mientras ignoraba los vínculos comerciales de su propia familia con el país.

Un moralismo selectivo

Su ceguera en asuntos globales: el caso de China. Con una falta absoluta de “savoir faire”diplomático confronta en términos crudos y confrontativos, en una reunión reciente con el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, Kallas exigió que China condenara las acciones de Rusia en Ucrania y se alineara al «orden internacional basado en normas». Wang Yi, respondió con dureza, señalando que China no había apoyado militarmente a Rusia, pero que tampoco tenía intención de ver a Moscú derrotado, ya que eso simplemente acarrearía la ira de Occidente sobre China. Quizás aludía a la pose de Kallas en las redes sociales «Si Europa no puede derrotar a Rusia, ¿cómo podrá enfrentarse a China?». Sermonear a China sobre derecho internacional y el «orden basado en normas» revela no solo una llamativa ceguera ante la reducida posición global de Europa, sino el rasero ejercido por la UE con Beijing y  el Sur Global.

Si bien condena enérgicamente los ataques rusos, Kallas ha encubierto sistemáticamente, o incluso respaldado abiertamente, las atrocidades de Israel en Gaza. Un informe de la UE filtrado recientemente confirmó que Bruselas reconoció hace mucho tiempo que Israel estaba cometiendo crímenes de guerra en Gaza, incluyendo «hambruna, tortura, ataques indiscriminados y apartheid», pues bien Kallas no ha condenado a Israel ni cuestionado los vínculos entre la UE e Israel. De igual manera, no dijo nada sobre las amenazas de Estados Unidos de anexar Groenlandia y apoyó el bombardeo estadounidense-israelí de Irán, una clara violación del Derecho internacional.

La Alta Representante tiene dificultades para manejar el lenguaje diplomático y olvida que ya no es jefa de gobierno de su país de origen. Conmocionada por el altercado entre los presidentes estadounidense Donald Trump y ucraniano Volodymyr Zelensky en la Casa Blanca, puso en cuestión el liderazgo estadounidense en Occidente con un ataque mordaz contra Trump: «Hoy ha quedado claro que el mundo libre necesita un nuevo líder«, escribió en X. El lenguaje de la verdad fue juzgado inoportuno y fue considerado como otro error diplomático.

El primer ministro eslovaco, Robert Fico, dirigió una carta a la funcionaria europea en redes sociales donde le recuerda el límite de las funciones de su cargo: “Como alta funcionaria de la Comisión Europea, Kallas no tiene absolutamente ninguna autoridad para criticar al primer ministro soberano de un país soberano, que tiene un enfoque constructivo de toda la agenda  europea».

 En vísperas a la cumbre de la Comunidad Política Europea el 16 de mayo en Tirana (Albania) en que se reunirían Antonio Costa y los líderes de la UE  con sus homólogos de los países de los Balcanes Occidentales, una semana antes Kallas afloró su rasgo de intransigencia enviando una advertencia al presidente serbio Vucic. «Hemos dicho muy claramente que no queríamos que un país candidato participara en estos eventos el 9 de mayo en Moscú».

Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo desautorizó la postura de Kaja Kallas y le propinó una clara lección, Costa declaró que los gobiernos europeos requieren de la unanimidad y no aceptan que se siembre discordia y que se suscite animosidad entre países. “Debemos tener un alineamiento completo en nuestra política exterior y de seguridad común», insistió Costa y añadió: «Serbia está plenamente comprometida en el proceso de adhesión a la Unión Europea«.

Técnicamente, la función de la Alta Representante es reflejar el consenso de los Estados miembros como una extensión del Consejo Europeo, no actuar como una responsable política supranacional como intenta. Kallas interpreta su función actuando repetidamente como si hablara en nombre de todos los europeos: un enfoque verticalista y antidemocrático, sintomático de una tendencia autoritaria más amplia impulsada por la alemana Úrsula Von der Leyen, en un entorno de carencias la mediocridad puede parecer virtud.

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