Mentes brillantes y violencia sexual

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Por Silvia Carrasco (profesora de antropologia de la UAB y presidenta de Feministes de Catalunya)

Una supuesta mente brillante, un catedrático cuyas clases eran fascinantes, me tocó una teta ante la puerta de la secretaría de la facultad y a plena luz. Asombrada, que no asustada ni avergonzada, hice como contó hace unos años Leticia Dolera con un director de cine y le dije: Pero ¿qué haces? Impasible, desde una sonrisa de superioridad burlona, me respondió: Nada, es un gesto cariñoso, mujer, te estoy felicitando. Y lo repitió. De repente, la alumna que le había comunicado, entusiasmada, que todas sus notas habían sido matrículas de honor al encontrárselo por azar, rebajada a niña tonta que no sabe interpretar una muestra de afecto y reconocimiento del profe. 

Así empieza todo, siempre, si la receptora del toqueteo se lo traga. Y es fácil que se lo trague en un entorno que hace de la ruptura conceptual un alarde de revolución moral y disidencia política, como era el de algunas disciplinas académicas desde mucho antes del desembarco posmoderno que lo elevó a su objeto. 

Al baboso de turno que se autoidentifica como genio -líder o maldito- generalmente le puedes parar los pies si no te atrapa en su halo (tras años de socialización en la admiración de esos tipejos), si no es tu superior y quiere vengarse por tu resistencia, y siempre que no pase a mayores. Pero muchas quedan atrapadas y eso refuerza su modus operandi. Algunos, además, sí pasan a mayores. Las universidades y los partidos políticos están llenos de muñecas rotas invisibles y de mujeres que aprenden reglas de evitación, supervivencia y cinismo. 

La ministra de igualdad Ana Redondo dice a las mujeres que denuncien, lo que siempre se le ocurre responder dejándonos, una vez más, estupefactas. ¿Dónde se denuncia el tocamiento de teta y qué recorrido e impacto tiene para quién denuncia? ¿No sabe la ministra qué les ocurre a las mujeres que se atreven a denunciar el acoso sexual al nivel y en el contexto que sea? Como es imposible que lo ignore a estas alturas, no me cabe otra hipótesis que su incompetencia voluntaria para realizar mínimamente las funciones esenciales de su cartera. 

Varios periodistas y opinólogos alegan que si ha habido o no delitos lo tiene que determinar un juez, o que si vas del palo sadomasoquista luego no te puedes quejar porque ya sabías en qué consistía el juego. Más allá de lo que tipifique la ley, las nociones básicas sobre las conductas reprobables y misóginas no las debieron aprender de pequeños. O no les habrán tocado las tetas en su vida, ni habrán sido objeto de mofa por quejarse, ni habrán sufrido ostracismo alguno por poner en cuestión lo que hace alguien con mayor poder. Otros se rasgan las vestiduras y se lamentan por la pérdida de una mente política tan brillante en la izquierda refiriéndose a Errejón. Qué entienden por izquierda es un misterio, puesto que el poseedor de tal mente es abiertamente partidario de la explotación sexual y reproductiva de las hembras humanas.

En Sumar y en Más Madrid, además, hacen ver que no saben qué es una mujer y se comprende que también pretendan desconocer contra quién se dirige la violencia machista. De hecho, dos formaciones políticas integradas en su espacio o cercanas a él, como Catalunya en Comú y la CUP, omiten la palabra mujer en sendos comunicados condenatorios para referirse a “personas víctimas de violencias machistas”. Una persona que no será jamás víctima de violencia machista fue nombrada portavoz de lo que ellos llaman “feminismos”. Sus expertas en violencia machista (véase el currículum de la diputada de Más Madrid cesada) debieron faltar a todas las clases porque no me cabe en la cabeza que les enseñaran a tapar las denuncias internas como estrategia de actuación. Por otra parte, su idea de sexualidades transgresoras basadas en un oxímoron continuo (prostitución empoderante, consentimiento en menores, porno educativo, etc.) es perfectamente compatible con las prácticas violentas que han llevado a su exportavoz a la máxima coherencia entre personaje y persona, al contrario de lo que sostiene en su carta. 

Y por supuesto, nadie sabía nada, aunque lo supiera todo el mundo. Dicen en su rueda de prensa que les han fallado los mecanismos de detección y prevención y que se ponen a formarse ya en serio. Desde aquí el movimiento feminista les ofrece sus servicios, con el aval de más de 300 años de experiencia, incluso de forma gratuita. Váyanse preparando para la primera lección: 1. Qué es una mujer (convalidable por el currículum de educación infantil anterior a la penetración queer) y 2. Por qué existe la violencia machista y el acoso sexual como parte de ella (pista: no es por el neoliberalismo ni por el consumo de drogas). 

Cuando adquieran un mínimo nivel, pueden apuntarse al Máster en violencia sexual dirigido por Rosa Cobo y Berta Aznar en el que he tenido el honor de impartir docencia esta semana. 

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