Alexandre García Turcan
Nota: este artículo se inscribe en la serie de artículos que estoy escribiendo para ir refutando, uno por uno, todos los argumentos teológicos a favor de la existencia de Dios. Serie de artículos que se inició con la publicación el día 20 de agosto del artículo “Refutación de los argumentos teológicos – 1 – Los argumentos atributivos: el argumento histórico”, en el cual había dicho que el argumento atributivo en sentido genérico se subdivide en cuatro argumentos atributivos en sentido específico. En el último artículo habíamos visto el argumento moralista. Pasemos ahora al argumento de la revelación.
El argumento de la revelación es el argumento consistente en decir que Dios existe porque nos ha sido revelado por la Biblia, que Yahvé existe porque nos ha sido revelado por la Torá, que Alá existe porque nos ha sido revelado por el Corán, y que Super López existe porque nos ha sido revelado por el Grupo Zeta por mediación de Juan López Fernández, alias Jan (aprovecho para rendir un pequeño homenaje a un genio del cómic).
Argumento que, una vez más, se refuta con una frase que cabría en un tweet, y que se basa en un sofisma que se llama razonamiento circular. Según Wikipedia, el razonamiento circular consiste en “poner a prueba una proposición mediante un proceso circular, el cual retorna a la misma afirmación expuesta, para finalmente presentar este razonamiento como demostración de su veracidad”. Básicamente, consiste en presentar la premisa básica de un argumento como la conclusión del argumento, cuando es la misma premisa básica lo que hay que demostrar.

En el caso que nos ocupa, el argumento consiste en decir “Dios existe porque está escrito en el libro de la revelación, y este libro dice la verdad porque nos ha sido revelado por Dios”. El problema es que, ante un sofisma de esta naturaleza, se puede justificar absolutamente cualquier cosa, hasta la cosa más evidentemente falsa como la existencia de Super López.
Claro, el teólogo o creyente de turno puede objetar lo siguiente: “sí, pero sabemos que Super López ha sido escrito por un ser humano”. Efectivamente, es cierto, pero es que también es el caso de la Biblia, de la Torá, del Corán o de la Bhagavad-gītā. Y si partimos del supuesto, sin demostración alguna, de que ha sido Dios quien ha inspirado la redacción de estos textos, entonces, ¿qué es lo que nos impide afirmar que también ha sido Dios quien ha inspirado la redacción de Super López o de Mortadelo?
De hecho, ahí reside el problema más fundamental de los argumentos a favor de la existencia de Dios: no basta con demostrar la existencia de UN Dios, para justificar que es en específico el dios de UNA religión el que es el dios verdadero. Incluso si partiésemos del supuesto que existe un dios, aun así cada religión tendría que demostrar que el dios que existe es SU Dios. Y esto es sencillamente imposible porque no hay ninguna razón por la cual un argumento a favor de la existencia de Dios no sea extrapolable de manera idéntica a cualquier otra religión, o incluso a Papá Noel o los unicornios. [1]
De hecho, hay que apuntar que el argumento de la revelación es utilizado indistintamente por todas las religiones monoteístas. Todas ellas afirmarán que es SU texto sagrado el que es perfecto, infalible e insondable, hasta el punto de que, según esas religiones, es imposible que haya sido escrito por vulgares humanos (o, al menos, que haya sido escrito sin inspiración divina).
Y lo que sostiene este tipo de argumento es otro sofisma clásico, que se llama el argumento de incredulidad: no es porque usted no se puede creer que algo sea posible, que de facto se convierte en algo imposible. Lo único que demuestra eso, es que usted es ignorante, o que carece de imaginación o de espíritu crítico. [2]
El problema de este tipo de argumentos, es que es empleado de manera idéntica para otras creencias religiosas completamente contradictorias. Como ya dije, aun suponiendo que Dios haya revelado su existencia por medio de algún texto, dicho texto debería ser el ÚNICO que esté en condiciones de pretender haber sido revelado por Dios. Y el contraste que hay con todos los demás textos debería ser algo tan evidente e indiscutible que cualquier infiel, por muy deshonesto que sea, debería reconocer que ESA revelación se distingue de todas las demás por ser la única verdadera. Y es más, en este caso deberían existir todo tipo de metodologías válidas que fuesen capaces de demostrar sin atisbo de duda que ESE texto en concreto es el único que dice la verdad, incluso para científicos o gente atea.
Y, sin embargo, lo que se observa es que esta supuesta perfección de los textos es completamente subjetiva: cada creyente, sea cristiano, judío o musulmán, dirá que es SU texto el que es perfecto, y opinará en cambio que no es el caso de los demás textos. De hecho, si somos honestos, en realidad la inmensa mayoría de los creyentes no juzgará con conocimiento de causa que su texto es el único verdadero, sino que SUPONDRÁ que lo es, puesto que es extremadamente raro que un creyente de una religión monoteísta haya hecho el esfuerzo de leer en su totalidad su libro sagrado. Y más raro aún será que además haya leído el texto de las demás religiones para poder comparar.
Y, tratándose de religiones monoteístas, es imposible que puedan existir simultáneamente varios dioses infinitos, omnipotentes y omniscientes, que hubiesen revelado, cada uno por su lado, su existencia a través de un libro. Y aquí es cuando suele venir un argumento recurrente (por ejemplo me lo decía mi abuela, que era una católica devota), que es que “en realidad el dios del cristianismo, del judaísmo y del islam es el mismo”, revelado de distintas formas. Sólo que esto, sencillamente, es imposible. Porque no es posible que un mismo dios de las religiones abrahámicas haya hecho varias revelaciones, sucesivas en el tiempo, contradiciendo varias veces lo que había dicho en anteriores revelaciones. Lo cual vendría a significar que las primeras revelaciones que hizo, antes de ser contradichas por revelaciones posteriores, pues, sencillamente, no eran revelaciones.

Entonces, sólo hay dos alternativas posibles:
- O bien todas estas revelaciones son falsas, excepto UNA.
- O bien todas estas revelaciones son falsas. Punto.
Pero, en ambos casos, la inmensa mayoría de las revelaciones son falsas. Y pese a ello, constatamos que cada una de las religiones abrahámicas logra reunir una cantidad considerable de fieles, que están todos tan convencidos como los demás de que es imposible que su libro no haya sido revelado por Dios. Cosa que por sí sola, basta para concluir sin ningún atisbo de dudas que estas creencias o convicciones son totalmente independientes de la verdad de la revelación. Las religiones abrahámicas no tienen ningún problema en convencer a fieles que SU texto sagrado es atribuible a la existencia de una revelación o inspiración divina, cuando al menos la mayoría de estos textos (por no decir todos) necesariamente tienen que estar equivocados.
Notas:
[1] Siguiendo en el terreno de la religión, es exactamente lo mismo que lo que ha ocurrido con las polémicas que hubo en la segunda mitad del siglo XX entre corrientes del comunismo pro-soviéticas, maoístas o hoxhaístas, pues cada una de esas tres corrientes (y sigue siendo el caso a día de hoy) afirmará que es SU lectura particular del marxismo o del marxismo-leninismo la que es la única correcta.
[2] Nótese de paso que el argumento de incredulidad es lo que sostiene las teorías negacionistas del alunizaje en la Luna de la misión Apolo IX o las teorías de la conspiración sobre los atentados del 11-S: “no me puedo creer que dos torres puedan derrumbarse así por el impacto de un avión, ergo los atentados del 11-S fueron una operación de bandera falsa.”
Fuentes:
- Penseur Sauvage, Les arguments attributifs – EP 1 – Les (non-)arguments théologiques, https://www.youtube.com/watch?v=MX906IawKgI&list=PLoxcu07al0ivmchwZf2zkEIi5DJ8dQi1u&index=2







