Cuidado con los idus de marzo

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Hoy es 15 de marzo, los famosos idus de marzo de los romanos. Nuestros antepasados latinos celebraban este día con una ceremonia que, a los ojos de la modernidad, es un comportamiento, cuando menos, chocante. En estas fechas, que coincidían con las primeras semanas del calendario romano, era costumbre celebrar el comienzo del año dando una paliza a un anciano vestido con pieles de animales, expulsándole de la ciudad. Era el famoso «chivo expiatorio». Con este ritual se simbolizaba la expulsión del viejo año y el comienzo del nuevo.

Con el paso de los siglos, el término «chivo expiatorio» fue cambiando de significado, convirtiéndose en una expresión que servía para denominar a aquellos sobre los que se vuelcan las condenas de algo de los que son inocentes, como forma de encubrir o limpiar las culpas del auténtico responsable.

Pues bien, en esta era del posmodernismo, vivimos un momento en el que los diferentes grupos de activistas «frikis» vuelcan las culpas de las insuficiencias, errores y crímenes del sistema socio-económico, reales o imaginarios, sobre distintos chivos expiatorios en lugar de deducir racionalmente las realidad y las causas de dichas reclamaciones.

Así, vemos como los chivos expiatorios de la maldad universal son los hombres «cisheteros», los consumidores «irresponsables y derrochadores», las personas con una dieta sana por su «voracidad carnívora» o, incluso, los aficionados a la equitación, «opresores de sus monturas». De esta forma, se diluyen tanto las causas como los responsables de las injusticias sociales así como los auténticos problemas de la sociedad humana, saliendo de rositas el régimen de apropiación capitalista del trabajo social así como la auténtica causa de este, la existencia del régimen de esclavitud asalariada, y el único propósito del mismo, la extracción sistemática de plusvalía, de un plusvalor producido por la clase obrera de la que se apropia toda una clase social en su conjunto, la burguesía, por multitud de medios (no sólo el trabajo asalariado, que es la forma esencial, sino también las rentas de los alquileres, los intereses de la hipotecas, los recibos de la luz y el agua…).

El porqué de la creación de estos «chivos expiatorios» es algo que ya ha sido analizado en más de una ocasión (el reciente artículo de Sergio Mario Guilli en este mismo medio es una buena reflexión al respecto), que seguirá siendo analizado en un futuro. Pero quería aprovechar estas fechas para recordar que, pese a las manipulaciones del posmodernismo, los problemas sociales siempre tienen una realidad material, fundamentalmente económica, y la única forma de afrontarlos es a través de la lucha de clases (económica, política e ideológica) buscando la unidad de la clase obrera con aquellos sectores sociales interesados objetivamente en el cambio social.

Y, evidentemente, dicha unidad no podrá avanzar ni un ápice sin una delimitación clara entre marxismo y posmodernismo, sin una lucha ideológica franca y abierta con éste, que ayude a la clase obrera y a sus aliados a clarificar su camino y a deslindar posiciones con estos elementos perniciosos.

Aquellos supuestos «marxistas» que niegan este debate ideológico por puro oportunismo, por evitar convertirse ellos mismos en chivos expiatorios, son aliados de facto del enemigo de clase y colaboran con él, condenando al proletariado a su actual situación de postración ideológica.

Quizá si estos charlatanes se quitaran sus anteojeras pequeñoburguesas y comenzaran a tratar con los trabajadores, con esos que se apiñan en sus coches a las 7 de la mañana en atascos en los accesos a los polígonos industrial para ir a trabajar, empezarían a ver que hay un mundo real ahí fuera pero, claro, su ego se vería muy probablemente tocado al ver que, a lo largo de su vida de «ciberactivista» jamás han hecho nada útil.

En realidad, esas gentes desconocen absolutamente lo que es un militante de clase y no son nadie para darles lecciones a los que sí que lo son y tienen décadas de experiencia y sacrificio a sus espaldas como aval de dicha categoría.

Roma traditoribus non praemiat.

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