Entrevista a Cxlturx

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José Antonio Albarca

«Mi actividad en redes ha evolucionado con el paso de los años: desde la difusión del pensamiento marxista en recomendaciones de libros, artículos y frases de cuadros clásicos, a la exposición de breves comentarios y apuntes en forma de hilos, compartiendo reflexiones propias acerca de la actualidad contemporánea que nos ocupa. Mis intereses y los temas de los que hablo habitualmente, entre otros muchos, son el marxismo, el feminismo radical y la unión entre ambos.”

Llevas varios años hablando en las redes sociales sobre feminismo, la primera pregunta que te quiero hacer es: ¿Cómo fue tu primer contacto con dicho movimiento? Y ¿Cuáles fueron tus referentes?

A través de las redes sociales. De la misma manera que me “introduje” en política-imagino, como otros muchos– a raíz del movimiento 15M. Sin embargo, aunque pueda ser compartido, creo que la experiencia de cada cual es única y no tiene por qué haber ninguna historia espectacular detrás: un día ves algo que te llama la atención (un artículo, cartel, libro, película, canción, charla, algo que te ha recomendado alguien…), y el resto es un trabajo de introspección a base de comprender, evolucionar y profundizar, y hasta aquí.

No solo hablas de feminismo, sino que también has criticado el sistema estructural vigente, defendiendo así un feminismo marxista y todo lo que ello conlleva. ¿Por qué la necesidad de un feminismo de clase frente a otros tipos de corrientes dentro del movimiento feminista?

Bueno, en cuanto a las corrientes internas del feminismo, mi planteamiento es que el feminismo es uno y no muchos, y esto lo digo por la consideración que se tiene habitualmente en determinados círculos de hablar de feminismo​S​, en plural. Creo que, dejando a un lado la evolución del propio Movimiento Feminista a través de sus​ olas, el feminismo nació como un movimiento para la lucha y emancipación de las mujeres, las cuales tienen (tenemos), a raíz de la diferencia sexual, un rol distinto en sociedad –en esta sociedad– al de los hombres, y ese es su significado. Pero eso no tiene nada que ver con entender la complejidad y diversidad acerca de las circunstancias de las mujeres–es decir, el sujeto político– que lo componen, ya sean mujeres del mundo rural, africanas, saudíes, europeas, con diversidad funcional, etcétera. El objetivo es la liberación de las mujeres, la equidad entre los sexos. La necesidad es comprender el marco estructural en el que nos movemos, y una cosa va ligada a la otra, por eso tienen que ser movimientos complementarios para ser efectivos. Y creo que el análisis materialista del feminismo junto con el marxismo se complementa bien para analizar no solo las particularidades de clase, sino también las cuestiones específicas de las mujeres y su naturaleza.

Defender un feminismo marxista significa luchar por la abolición de la prostitución, acabar con la pornografía y los vientres de alquiler. Observamos como desde el feminismo liberal se pretende legitimar y regular todo esto dentro de la dinámica: “Es la mujer quien decide” y como a través de este tipo de discurso convencen a muchas personas que se están iniciando en el feminismo. ¿Qué le dirías a estas personas que a priori pueden verse convencidas por esta retórica? Y ¿Cómo se puede luchar contra este discurso?

Es fácil convencer a las masas con planteamientos cómodos y simplistas, ampliamente compartidos, que no atacan ni cuestionan su manera de pensar, y que en muchas ocasiones gozan de la atención o la cobertura de los medios de comunicación tradicionales, dándoles más difusión y así naturalizándolos. Atendiendo a eso, es conformismo, y es sencillo de vender y comprar: entra mucho mejor algo que no te cuestiona de manera directa y te dice que puedes seguir haciendo lo que haces, obviando y dejando a un lado la problemática que subyace o las contradicciones que suponga, que cuestionar las y trabajarlas. En el fondo es un tema de hegemonía política, que requiere tiempo, dedicación y análisis, y no siempre es fácil combatirla. De lo contrario, si lo fuese, la revolución ya habría concluido.

Has hablado de las relaciones afectivas y de cómo las relaciones poliamorosas o abiertas más que empoderar a la mujer guardan una estrecha relación con la ideología neoliberal. Me gustaría que nos hablaras un poco acerca de este posicionamiento. ¿Cómo explicarías estas tesis que puede chocar tanto con otras posturas dentro del feminismo?

Creo que es algo que choca, en cualquier caso, porque se pierde de vista el marco estructural en el cual nos encontramos y por tanto cae muchas veces en posiciones individualistas al ser planteamientos mantenidos al margen de lo colectivo, del entorno, que no acaban cuestionando y sí reproduciendo la misma ideología. Hace un par de años (2018) escribí un pequeño ensayo acerca de esto, además de los múltiples hilos de referencia que he creado en Twitter sobre el tema, y mi tesis es que lo que pensamos y hacemos no es ajeno al sistema en el que vivimos. Por lo que, en resumen, todas las relaciones, pero especialmente las que se venden como si no lo fueran, mantienen la misma lógica de consumo que el resto.

El feminismo se ha convertido en un movimiento enorme en nuestro país. Ha demostrado tener una fuerza y capacidad de movilización que no veíamos en España desde hace años, esto genera sin duda alguna un escenario beneficioso donde las demandas pueden ser escuchadas de una forma más amplia, sin embargo, esto produce que grandes multinacionales lleguen a considerarse feministas y veamos como la presidenta del banco Santander, Ana Botín, se considera como tal. ¿Cuáles son los peligros y consecuencias de cara al futuro que pueden tener que grandes empresas intenten adueñarse del movimiento feminista?

La mercantilización de los movimientos sociales bajo el capital es una constante en tanto que ha servido como herramienta efectiva para restarles fuerza, especialmente cuanto más amplios y heterogéneos sean. Es lo que ocurre con el Movimiento Feminista (y no únicamente, como también se puede ver en cuanto a la lucha contra el especismo, siendo el veganismo convertido en una opción más de mercado, o de pasada también en cuanto al movimiento obrero con la comercialización de la imagen de Ernesto Ché Guevara estampada en las camisetas de las empresas textiles que ven aumentados sus beneficios a base de valerse de su imagen, descontextualizada de todo símbolo, etcétera).

La consecuencia se traduce en convertir movimientos de agitación social en espacios que carecen de toda fuerza de acción para transformar nada, que se componen de un discurso liberal alejado de todo mensaje de clase que sea sustancial y marque la diferencia. En definitiva, quedarse en el más puro inmovilismo, y además ejercer una importante distorsión pensando que el feminismo es eso (liberalismo, apoyo a las multinacionales o instituciones que se reinventan incluyendo una cuota de mujeres, siendo feminizadas, etcétera).

¿Puede un hombre considerarse feminista?

Creo que considerar(se) y ser son dos cosas distintas, sobre todo porque desde la individualidad la consideración queda en eso, en algo que uno cree que es o personalmente así se ve así mismo; pero esto se demuestra con frecuencia que puede estar y está lejos realmente de producir un impacto social.

Dicho esto – y siendo una pregunta polémica en la que existe un debate largo y tendido según en qué sectores preguntes–, en mi opinión, creo que es importante implicar a los hombres en cuanto a la lucha feminista, en su estudio y comprensión del movimiento, sobre todo para saber lo que ellos pueden hacer, lo que pueden aportar y lo que está en su mano; como parte y contraparte entre los sexos, pero siempre sin olvidar el papel que juega cada uno en sociedad. Pero especialmente lo que es relevante, determinante y esencial es que esto se haga sobre una concepción y definición firme y radical –de ir a la raíz– de lo que es el feminismo, con pedagogía, porque siempre se puede relegar al mismo a ser una mera etiqueta decorativa a la vez que se tienen planteamientos cómodos y limitantes, desde creer que el feminismo se basa en “la igualdad” en abstracto, a no entender bien la diferencia entre género y sexo, o que el feminismo es como el machismo pero al revés, y quedarse ahí.

¿Hasta qué punto la transformación del lenguaje puede tener un papel determinante en el proceso emancipación de la mujer?

Sin cambiar las condiciones materiales, su alcance es puramente estético, mero maquillaje. Cuando hace algunos años, por ejemplo, hubo un repunte en los discursos amparados por y en el más puro (neo)liberalismo (allá por el 2015), quedando en auge y resonando con más fuerza sus tesis en redes sociales, una de las formas en las que se puso de moda hacer frente a esta cuestión fue cambiando la manera de hablar en cuanto a los posesivos, y no por referirte a una pareja como «mi compañera» en vez de «mi novia» resta posesión alguna, o está cambiando algo. Parecer o ser, la eterna discusión. Ahora incluso con el llamado “lenguaje inclusivo” sustituyendo el masculino genérico acabado en -o por la letra -e, corremos el riesgo de invisibilizar de nuevo a la mujer con fórmulas postmodernas que no ofrecen visibilidad ni comprensión concreta. ¿A quién incluye realmente?, ¿Incluye a quien tiene que incluir o no? ¿Es efectivo, por tanto, o es una forma de complacer la conciencia pensando que es una manera de creer estar cambiando algo? Sin más. Está bien dejar atrás cierto tipo de expresiones y palabras que se han utilizado como calificativo con una connotación peyorativa, sin vigencia; pero eso es una consecuencia del avance social. Lo que no se nombra no existe, y en palabras de Karl Marx: “casuística innata en los hombres la de cambiarlas cosas cambiando sus nombres para romper con la tradición sin salirse de ella.”

¿Qué mujeres referentes encontramos en el feminismo en la actualidad?

Las filósofas Amelia Valcárcel y Alicia Miyares, con sus ponencias y ensayos; la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, o la trayectoria histórica de lucha feminista y antifascista de Lidia Falcón, así como las publicaciones de Nuria Varela, entre otras muchas.

Para terminar, ¿Qué obras consideras imprescindibles y que serían de obligada lectura sobre marxismo o feminismo, o la combinación de ambos?

El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Mujer y lucha de clases, de Alexandra Kollontai. Dialéctica del sexo, de Shulamith Firestone. La industria de la vagina, de Sheila Jeffreys. Política sexual, de Kate Millett. El origen del patriarcado, de Gerda Lerner. El origen del Estado, la propiedad privada y la familia, de F. Engels.

Muchas gracias por aceptar la entrevista.

A vosotros por vuestro tiempo y valorar el interés de mi perfil para ello.

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