Oportunidad

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Una oportunidad se abre ante Unidas Podemos: evitar que el límite de déficit del 3% impuesto por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) vuelva a entrar en vigor.

El 20 de marzo de 2020 la UE suspendió la aplicación este límite debido al coronavirus. Si Unidas Podemos consigue que, una vez superada la crisis, España no vuelva a estar sometida a este límite, habrá conseguido una victoria para la izquierda que le fortalecerá electoralmente. Si no lo intenta, o peor todavía, si apoya que el límite de déficit vuelva a entrar en vigor, las consecuencias para los estándares de vida en España serán devastadoras y es muy posible que en las próximas elecciones Unidas Podemos pase a tener una representación electoral residual.

Cuando, a principios de marzo de 2020, el coronavirus hace su aparición en Europa, la Unión Europea tenía dos opciones: reaccionar como una sola nación y adoptar el lema de los mosqueteros “todos para uno y uno para todos” o reaccionar mediante el lema del “sálvense quien pueda”. Como era de esperar atendiendo a su historia, la UE optó por la segunda opción.

Los primeros cadáveres se empezaban a amontonar en las calles de Bérgamo y de otras ciudades del norte de Italia. Asimismo, los hospitales italianos y españoles empezaban a dar la voz de alarma por la situación de emergencia. El día 11 de marzo, Italia anunció que, junto con Francia, iba pedir un plan de estímulo macroeconómico de urgencia. Este plan planteaba una subida del déficit público italiano del 2,2% al 3,3% para este año, superando con ello el límite del 3% de déficit impuesto por el PEC. La situación de emergencia así lo exigía. El aumento de muertes era ya exponencial y estaba claro que tanto Italia como el resto Europa se encontraban ante una verdadera catástrofe humanitaria.

La respuesta de la UE fue un tajante no. Tres países tomaron la palabra para tumbar el ruego italiano: Alemania, Países Bajos… y España. El gobierno de coalición del PSOE y de Unidas Podemos abandonaba así a nuestros hermanos italianos en una decisión de una crueldad sin precedentes. En plena crisis humanitaria, con miles de muertos amontonados en las calles, con hospitales a punto de reventar, con profesionales sanitarios exhaustos y sin medios suficientes para hacer frente a la pandemia, la ministra de economía del Gobierno de España, Nadia Calviño, declaró que se oponía a la petición italiana para evitar “comportamientos irresponsables”.

En vez de permitir que Italia, mediante un pequeño aumento de su déficit, pudiera incrementar de manera inmediata su gasto en sanidad y servicios sociales, Calviño invitó al gobierno italiano a que se imbuyera en el tortuoso mundo burocrático de los tratados de la UE, ya que, si se rebusca bien y el olor fétido de los cuerpos en descomposición de los muertos por el coronavirus permiten seguir leyendo, se pueden encontrar en el PEC cláusulas especiales de flexibilidad para ayudar a los sectores económicos más dañados y conceder aplazamientos parciales en el pago de impuestos de las empresas que puedan demostrar que se han visto afectadas por la pandemia, las cuales además pueden pedir en la ventanilla correspondiente acceso a aumentos de liquidez que serán estudiados convenientemente. Según la Sra. Ministra de Economía del Reino de España, Nadia Calviño, eso es actuar de forma responsable ante la mayor alerta sanitaria europea desde la Peste Negra en el siglo XIV, pero aumentar de forma inmediata el gasto en hospitales, médicos, enfermeras, medicamentos y equipamiento sanitario es una irresponsabilidad.

Mientras aplaudía a su alumna destacada en el Ministerio de Economía español, Alemania también continuaba con su particular sálvese quien pueda. El 4 de marzo de 2020, Alemania prohibió la exportación de mascarillas y de material sanitario. Es decir, ante la alerta sanitaria, Alemania, uno de los países con mayor producción de material farmacéutico y sanitario del mundo, podría haber optado por aumentar su gasto e incrementar la producción de este tipo de materiales para ayudar al resto de países europeos en situación de extrema necesidad. Sin embargo, optó por asegurarse de que todo material sanitario producido en Alemania se quedara en Alemania y fuera utilizado solamente por Alemania. Italia hubo de esperar sola, abandonada y sin posibilidad de aumentar su gasto hasta el 13 de marzo, día en el que comenzó a llegar la ayuda humanitaria enviada por la República Popular China.

A estas alturas de la pesadilla, ya resultaba evidente que la única respuesta viable era eliminar el límite de déficit impuesto por el PEC y que todos los países de la Zona Euro tuvieran carta blanca para aumentar su gasto todo lo necesario como para hacer frente a la pandemia. Todo el mundo lo tenía claro, menos el Gobierno de España.

El día 18 de marzo de 2020, el Presidente Sánchez presentó un paquete de medidas para movilizar 200.000 millones de euros, cerca de un 20 % del PIB. Se trataba sin duda de una cifra asombrosa. El gobierno de coalición no dejó pasar esta oportunidad para anunciar la medida a bombo y platillo. No obstante, el diablo estaba en los detalles. El Gobierno se comprometió a movilizar 200.000 millones de euros, no a gastar 200.000 millones de euros. De todos los especialistas que he consultado, el más benevolente con el Gobierno estima que, una vez contabilizados los estabilizadores automáticos (ya existentes), el gasto público real previsto en el paquete de medidas del gobierno era solo de 17.000 millones de euros, una cifra que en el mejor de los casos solo podría mitigar un poco la situación durante las primeras semanas de la crisis.

Ninguno de los partidos que componen la coalición de gobierno le informó de esta manipulación de datos a la ciudadanía y Nacho Álvarez, Secretario de Estado de Derechos Sociales y principal economista de Unidas Podemos, aplaudió la medida calificando los intentos por flexibilizar las reglas fiscales de la UE como «pérdida de tiempo».

Por su parte, el paquete de medidas le permitió a Pedro Sánchez llevar a cabo una estrategia a la que es muy aficionado y que ya expuse en otro artículo. Es la estrategia de dar una patada a la lata para ganar tiempo frente a un problema con la esperanza de que, entre patada y patada, pase algo que haga cambiar la situación. Y en este caso la estrategia le salió bien.

Por fin, el 20 de marzo de 2020 la UE tomó la única medida que puede atajar esta crisis y suspendió el límite de déficit impuesto por el PEC. Esto significa que, de facto, los estados de la Zona Euro podrán gastar de forma inmediata todo el dinero que necesiten para hacer frente a la crisis del coronavirus. Los estados podrán comprar respiradores, mascarillas y todo el equipamiento y medicamentos que necesiten, así como contratar médicos y personal sanitario, ambulancias y todos los trabajadores necesarios para mantener la atención sanitaria a los enfermos (además, Alemania levantó la prohibición de exportar material sanitario).

La suspensión del límite de déficit impuesto por el PEC es un paso en la dirección correcta y nos acerca al tipo de medidas tomadas por los países que han logrado hacer frente al coronavirus de forma satisfactoria como China y Corea del Sur. Pero además es una medida que deja a las claras la irracionalidad del propio límite. Y es que, como dice la economista norteamericana Stephanie Kelton, «ha sido necesario un virus para acabar con el mito del déficit».

A mi entender, la persona que a raíz de la crisis del coronavirus mejor ha expuesto la irracionalidad del déficit impuesto por el PEC ha sido el economista español Eduardo Garzón en su artículo ¿De dónde van a sacar el dinero los Estados para combatir la crisis del coronavirus? Eduardo Garzón escribe: “Los Estados tienen, a través de sus bancos centrales, capacidad ilimitada de generar capacidad de gasto […]. Los indicadores de déficit y deuda pública nos señalan simplemente la capacidad de gasto que se está creando. […] ¿De dónde van a sacar el dinero los Estados para combatir la crisis del coronavirus? Pues del mismo sitio que antes, sólo que ahora los bancos no harán negocio por el camino”.

Por consiguiente, el déficit público no es eso tan terrible que hay que combatir mediante límites arbitrarios como el que impone el PEC, sino que es una herramienta en manos del Estado para movilizar los recursos necesarios que permitan solucionar los problemas a los que se enfrenta la ciudadanía, como por ejemplo el coronavirus. ¿Acaso sería comprensible limitar las veces al día que un carpintero puede usar su martillo para poder realizar su trabajo? Obviamente no. El carpintero usará su martillo siempre que lo necesite. Pues lo mismo con el Estado y el déficit. El Estado debe incurrir en todos los déficits necesarios para poder solucionar cualesquiera que sean los problemas que aquejen a la ciudadanía. Así de simple. Eso es exactamente lo que, debido al coronavirus, ha hecho la UE al levantar el límite de déficit del PEC.

Ahora bien, esto nos conduce a una pregunta obvia: una vez que superemos la crisis del coronavirus gracias al gasto público en salud, ¿no podríamos usar el déficit para aumentar las pensiones, aliviar el paro, mejorar la educación, crear vivienda pública, etc.? La respuesta es que por supuesto que sí.

La limitación del déficit es un instrumento ideológico impuesto por la oligarquía financiera para controlar a la población. Dicha oligarquía le ha hecho creer a la ciudadanía que el dinero del gasto público es dinero de los contribuyentes, pero esto no es cierto. El estado no recauda impuestos para poder gastar porque el estado crea el dinero. No es el sector público el que necesita al sector privado para financiarse, sino que es al contrario. Los déficits públicos son otro nombre para denominar al ahorro privado, porque el dinero solo proviene de los bancos centrales y cuando los estados gastan el sector privado ahorra. Por eso Henry Ford, el creador de los coches Ford, dijo en 1922: “Si la gente entendiera cómo funciona realmente nuestro sistema financiero, creo que habría una revolución mañana por la mañana”.

Tomemos por ejemplo el caso del desempleo involuntario. El paro es un fenómeno monetario y los estados monetariamente soberanos eligen cuál es el nivel de desempleo que quieren tener. Como los estados no se pueden quedar sin el dinero que crean de la nada mediante tecleos informáticos en los bancos centrales, los estados pueden comprar todo aquello que esté a la venta en su propia moneda, incluida la mano de obra desempleada. Si los estados quisieran, podrían emitir toda la moneda necesaria para contratar a los desempleados, y si además lo hicieran mediante planes de trabajo garantizado basados en las reservas de estabilización de empleo, lo podrían hacer sin generar presiones inflacionarias. Entonces el paro desaparecería y con él los contratos basura y la precariedad. ¿Ven ustedes la contradicción de clase entre la soberanía monetaria y las limitaciones del déficit? ¿A quién beneficia que por cada puesto de trabajo miserable haya decenas de trabajadores en paro dispuestos a aceptarlo? ¿Le beneficia al patrón o al trabajador? En 2013, la economía griega se contrajo un 20% y el paro superó el 27%. Si debido al coronavirus la UE ha suspendido el límite de déficit del PEC ¿no había razones para haberlo hecho también en 2013 con Grecia? ¿Por qué en vez de eso se le impusieron a Grecia limitaciones todavía mayores que le obligaron a incurrir en superávits públicos que fueron a parar directamente a los bancos alemanes y franceses mientras el 54% de la población griega sufría inseguridad alimentaria? Afortunadamente, estas son cuestiones que empiezan a discutirse entre la opinión pública europea.

Por desgracia, Unidas Podemos cometió el error de entrar en el gobierno firmando un acuerdo con el PSOE según el cual el gobierno de coalición se comprometía a acatar los tratados de la UE, incluido el PEC. Sin embargo, ahora la situación ha cambiado porque el límite de déficit del PEC ha sido suspendido. Esta era la única medida capaz de frenar al coronavirus. Debido a la pandemia, España ha entrado en una recesión peor que la del 2009 y es posible que la economía española se contraiga más de un 10%. En una situación así, reinstaurar el límite de déficit del 3% sería un verdadero crimen. Unidas Podemos tiene la responsabilidad histórica de intentar por todos los medios que eso no pase. Si apoya la recuperación del límite de déficit, las consecuencias económicas y sociales serán catastróficas y Unidas Podemos será cómplice de la debacle. Su programa económico no se diferenciará en nada del neoliberalismo del PSOE, de la Ministra Calviño y del Partido Popular, y se convertirá en una mera corriente dentro del gobierno del PSOE. El batacazo electoral estaría asegurado. No obstante, Unidas Podemos también tiene la oportunidad de optar por la defensa del bienestar de la ciudadanía y de oponerse con todas sus fuerzas a la recuperación del límite de déficit. Si lo hace optará por la justicia social y el electorado se lo reconocerá en las urnas.

Espero de todo corazón que Unidas Podemos tome la decisión correcta.

Euro delendus est.

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