La conciencia de mis abuelos

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En primer lugar, no pretendo que las líneas que vais a leer ahora sirvan de homenaje en el sentido estricto de la palabra, a dos de las figuras más grandes que he tenido y tendré en mi vida como son mis abuelos. Ya que, para poder hacerlo debidamente por su vida, por sus enseñanzas y por sus logros como ellos realmente se merecen, tengo para varios libros.

Pero del mismo modo, si que me gustaría hacerles un pequeño tributo porque creo que si tenemos que hablar de conciencia de clase, ellos y su lucha por sacar a nuestras familias adelante en las circunstancias que les tocó vivir, son el ejemplo más grande que nos ha quedado y que debería perdurar en el tiempo para hacernos reflexionar y sobre todo para hacernos aprender.

Tengo que decir que, pese a las ganas por tenía de hacer de ponerme a escribir sobre ello como estoy haciendo ahora, lo cierto es que me está costando mucho avanzar sin pararme a respirar de muy de vez en cuando con un nudo en la garganta al acordarme de ellos, de todo lo que viví, de todas las enseñanzas y de las experiencias. Sobre todo, porque según he ido creciendo, he ido cogiendo sentido a muchas cosas que me decían o a muchas experiencias que he tenido con ellos y que en ese momento no fui consciente.

Mis abuelos, vivieron dos circunstancias muy similares en cuanto a contexto ya que crecieron en la época de la posguerra, una de las peores épocas de nuestra historia reciente y que por desgracia muchos otros todavía conocen y se acuerdan porque también la sufrieron. Otra de las cosas en común a consecuencia de este mismo contexto es que, desde muy pequeños, ellos tuvieron que tirar de su familia para poder de alguna manera, seguir adelante.

Tirar de su familia en esa situación tan dura. Como muchas otras abuelas y abuelos. Como muchos de nuestros mayores que a día de hoy y con todos los problemas con las pensiones, no tienen para nada recompensados ese esfuerzo y ese sacrificio tan grande para haber conseguido darnos una vida digna y sobre todo para poder haber conseguido muchos de los derechos de los que disfrutamos todavía hoy y que nos pretenden quitar los mismos de siempre.

Y es curioso porque mis dos abuelos, pese a tener tantas cosas en común, los dos tenían un carácter bastante diferente entre ellos. Uno era más campechano y mas dicharachero y otro era más serio y más exigente.  Aunque por otra parte, lo cierto es que estas cualidades se complementaban bastante en ese aspecto. Estoy seguro de que por eso se llevaban tan bien entre ellos. Y de igual manera, a mí como nieto, me han servido para aprender mucho de ellos, os lo puedo asegurar.

Pero si había algo que les unía era su conciencia y ahí es a donde quiero ir, porque con todo, al final sus enseñanzas, sus historias y hasta sus chascarrillos, destilaban empatía, humildad, experiencia y sobretodo conciencia de clase por todos los sitios.

Recuerdo como siempre, a mi abuelo Eusebio, con su gracia innata y su cara de pícaro (que voy a recordar toda la vida) cuando me decía que comiendo no se hablaba y yo me cabreaba bastante porque de pequeño no callaba ni debajo del agua.

Ahora me doy cuenta de que todo era porque, en su casa, lo que se ponía en la mesa era lo que había para comer ese día para todos y todas y en esa situación, al final el que más hablaba era el que menos comía. Y pese a que los tiempos habían cambiado, esa lección de vida como muchas otras se había quedado con él hasta el punto de tenerla siempre presente.

En cuanto a mi otro abuelo, Pedro, muchas veces, al acordarme de él he tenido muchas revelaciones ya que, como he dicho antes, al tener un carácter un poco mas serio y yo ser un crío bastante pesado (porque era muy pesado) muchas veces me ponía de morros sin entender sus intenciones.

Emigrante durante décadas en dos países diferentes (1 franco 14 pesetas me recuerda mucho a él y a mi abuela) igual que mi otro abuelo, desde pequeño tuvo que tirar de su familia como pudo para adelante para después salir al extranjero dejando todo aquí, como muchos otros españoles en esa época, con el fin de dar a su familia una vida mejor.

Y si algo tenía mi abuelo Pedro es que le gustaba que las cosas estuvieran bien. Algo que yo entendía al principio como una exigencia, que en realidad no era mas que empatía y esa solidaridad con los demás que muchas veces nos falta, y que hace ser a las personas tan excepcionales, ya que la importancia que daba mi abuelo a que todo estuvieran bien era porque al final las cosas bien hechas, siempre facilitan el trabajo a los demás. Ni más ni menos.

Cuanto deberíamos aprender de esta actitud en estos días también…

Algo que tampoco voy a olvidar en la vida.

Y si algo entiendo recordando de aquellos momentos y echando la vista atrás, es que el hecho de intentar inculcar eso a un desastre con patas como yo, aparte de que tuvo que ser complicado con esta cabeza tan dura que tengo, es otra lección de vida que debería de tener siempre presente.

Pedro y Eusebio, Eusebio y Pedro, con sus cosas, con su vida, pero siempre, siempre y siempre luchando. Luchando por su familia, por sus hijos, por sus nietos. Luchando por sus vecinos y por sus compañeros.

Y daba igual como vinieran dadas, siempre estaban ahí para tirar adelante con esa sonrisa, a veces pícara o a veces cómplice después de una pequeña reprimenda. Sin un ápice de avaricia, sin un ápice de egoísmo, sin un ápice de rencor.

Estando siempre para el compañero que lo necesitara, inculcando los valores del esfuerzo, del sacrifico y del trabajo. Inculcando esa conciencia de clase que por desgracia en muchos casos estamos perdiendo y que les hizo a mis abuelos personas tan especiales, tan excepcionales y tan únicas para mí ya para los que los conocieron. Os lo puedo asegurar.

Echo de menos coger esas manos esculpidas a base de trabajo duro, echo de menos esa tortilla de patata (…jaja) y echo de menos esas lecciones y esa empatía que tanto nos falta a día de hoy con nuestros semejantes, con nuestras compañeras y compañeros y que nos hace ser tan buenas personas y poder ayudar a los demás a que sean más felices, y a que tengan una vida mejor como hicisteis vosotros durante toda vuestra existencia y como nos enseñasteis a hacer para poder tener un futuro. El futuro por el tanto luchasteis.

Echo de menos esos corazones tan grandes que lo iluminaban todo.

Os echo de menos, abuelos.


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