Barcelona no se toca. Nuestras ciudades no se tocan

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Soy consciente de que a estas alturas es un tema que está un poco requemado y más, con los tiempos que vivimos, pero creo que es necesario seguir insistiendo en ello porque lo cierto es que, viendo lo que vemos en la calle o sobre todo viendo lo que se ve en las redes sociales, seguimos estando (hablando en plata) agilipollados en algunos aspectos.

Sí, es tan triste como cierto, porque si no fuera así, a estas alturas de la película, la historia sería bien distinta.

Pues resulta que aprovechando la coyuntura, después de la anulación del Mobile, nuestros buitres favoritos (Airbnb, Uber y Glovo entre otros) parece que se han puesto de acuerdo como buenos carroñeros a aprovechar los restos para montarse su propia fiesta. El Tech Spirit o más bien, la fiesta del saqueo, de la explotación y del desahucio.

Pero todo muy moderno y muy avanzado…

De toda la vida los pijos cerraban los negocios en monterías. Ahora parece que la caza se centra más en las rondas de financiación para las llamadas «start-ups» en este tipo de convenciones.

Aunque lo cierto es que fiestas para darse palmaditas en la espalda por ver quién vende la bomba de humo más grande, para luego colocársela al inversor de turno hay muchas (con invitados de excepción ¿o quién no se acuerda del sobrinisimo de la ex-alcaldesa de Madrid y su apretón de manos con el vende-motos de Uber?).

Vamos, que tampoco han inventado la rueda a estas alturas en ese aspecto.

El realidad el objetivo de aprovechar para crear un gran evento está claro. Simplemente se reduce al hecho de que para tapar tanta poca vergüenza y tanta mentira hay que tener bien distraído al pueblo con palabras raras, un marketing ostentoso en un espacio de grandes dimensiones.

Algo así como «pan et circenses»… fijaos si estos trucos son antiguos. Y eso que yo siempre he relacionado la uberización con los caciques que antes mandaban en las tierras y ahora pretenden quedarse con nuestros servicios públicos. Pero más bien «pan para hoy hambre para mañana».

Como podéis comprobar, la avaricia y la obsesión por la acumulación de riqueza viene de tiempos muy remotos. Estos modernos no han inventado nada.

Y en un ejercicio de responsabilidad, la ciudadanía se levanta. No toda ella, por desgracia y a eso me refería al principio con volver a hablar de un tema tan recurrente estos días como es la normalización de la precariedad. Porque no nos levantamos hasta que no nos creemos que nos afecta.

Si hoy, estos personajes sin escrúpulos pretenden mofarse de nuestra sociedad y de nuestros valores como personas solidarias montando un sarao, tenemos que levantarnos y decir basta.

Basta en nuestra ciudad. Como han hecho el Sindicat de Llogaters, o los taxistas o los Riders.

Porque es tan sencillo como que quien hace que nuestros alquileres suban o nos echen de nuestros barrios, está ahí pavoneándose del mismo modo que quien nos quita nuestros derechos y nos «desconecta» cuando no nos necesita o nos está robando los servicios públicos, pretende imponer su modelo de negocio para enriquecerse.

Nos roban la vida para enriquecerse tapándolo con una capa de modernidad.

Y es más, después de toda la lucha que llevamos contra este tipo de empresas extractivas, después de tanto sufrimiento, me parece una provocación a la ciudadanía en toda regla.

Por eso hay que ponerse de frente. Porque si hemos aprendido algo los taxistas de un tiempo a ésta parte desde que colaboramos con colectivos en lucha, es que no sólo hay que hacerlo cuando crees que te afecta a ti, sino hay que hacerlo siempre, porque en realidad nos afecta a todas y a todos. Porque nos afecta como personas y como trabajadoras y trabajadores. Porque nos afecta en nuestro futuro. No sólo cuando le vemos las orejas al lobo.

Hoy es la Tech Spirit, mañana es el nesting y pasado el autónomo digital. Siempre buscando imponer sus modelos de esclavitud a base de normalizarlo todo.

Hay que unirse, hay que organizarse, hay que ser parte de la lucha contra el parásito neoliberal de la nueva economía que viene a arrasar con todo.

Porque si no, cuando no nos demos cuenta, estaremos en sus redes y en sus manos, con sus normas en lugar de que ellos cumplan las nuestras, las normas todas y todos, privados de la verdadera libertad de elegir y no lo que ellos venden para acabar sometidos.

Barcelona no se toca.

Nuestras vidas, no se venden.

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