Lágrimas de libre mercado

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Un año más por estas fechas vuelven las quejas. Vuelven los sustos en la tarjeta, vuelven los cobros que en principio parecen improcedentes (pero que se han aceptado en la letra pequeña) y sobre todo, vuelve a caer desengañado algún defensor de estas doctrinas sucias de libre mercado cuando lo sufre en sus propias carnes.

Esto último suele ser muy poético siempre, probar a buscar alguna queja, ya veréis que no os engaño. Cuando el libre mercado golpea, golpea fuerte…

Lógicamente, en este caso hablo de Uber, de Cabify y de sus servicios a precio de alta demanda. Una alta demanda que entiendo que, por las quejas, la mayoría de las personas no son conscientes de los que se les viene encima cuando contratan con estas compañías.

Ejemplo de servicio con cargo por alta demanda.

(Aunque deberían saberlo, pero eso ya es otra historia…)

Según los típicos gurús a favor de estos mantras, el hecho de que te cobren más cuanta menos disponibilidad haya, se supone que es una virtud del mismo servicio y que implica que los conductores puedan acercarse a los lugares donde haya mayor demanda para recoger servicio dada la posibilidad de poder cobrar el servicio hasta cuatro y cinco veces más de su precio normal.

La verdad, es no entiendo muy bien donde está la ventaja para el usuario o la usuaria, debo de estar anticuado para estas cosas…

Es decir, en estas circunstancias ¿Por qué iría alguien a recoger a un servicio a precio normal en un sitio donde se supone que no hay tanta necesidad de servicio pudiendo incrementar la facturación multiplicándola por cuatro o cinco veces más por el mismo trabajo yendo únicamente al lugar de alta demanda?

Pues porque todas y todos los usuarios y las usuarias son iguales, independiente de dónde se encuentren o del día que sea para pedir servicio. Pero claro, hablamos de una empresa privada, el taxi es un servicio municipal. El taxi es otra cosa.

Teniendo en cuenta esto de la empresa privada , el cuento cambia. Al final lo que parece, a mi modo de ver, es que para estas empresas, no todas y todos tenemos los mismos derechos, ni todas y todos tenemos las mismas posibilidades para disponer del servicio y sobre todo, estas mismas empresas no vienen a cubrir una necesidad, vienen simplemente a estrujar a las usuarias y usuarios.

Pero claro como he dicho antes, al final hablamos de una empresa privada.

Una empresa privada que puede poner el precio que considere pero que, a día de hoy, todavía no sabemos en qué criterios se basa para hacerlo.

Porque si hay algo importante que debemos tener en cuenta siempre que utilizamos un servicio o compramos un determinado producto, es que tenemos derecho de disponer de la información antes de contratar o de comprar. Si esta información se omite en todo momento o no parece clara, será por algo.

Todo esto, en mi posición de taxista, en principio puede parecer simplemente un alegato en defensa de mi sector. Nada más lejos de la realidad, lo es, pero ya que he bajado al barro, me gustaría profundizar un poco en las consecuencias que se pueden dar de todo lo que está sucediendo en nuestro caso.

Sobre todo empezando por el hecho de disponer de un servicio regulado como es el nuestro, el taxi frente a otro privado como es Uber o Cabify y que, hablando en plata, a día de hoy solo han demostrado que están para aprovecharse de la necesidad las usuarias y de los usuarios.

Sí, porque hablamos de que el taxi, como servicio municipal, cobra una serie de tarifas en función de unos parámetros que están establecidos por la misma administración y desde una comisión de precios en los que intervienen tanto esta misma administración que nos representa a todas y todos, ciudadanos y ciudadanas, así como las asociaciones de consumidores que representan a los usuarios y usuarias, que representan al cliente final. Todo a propuesta de las asociaciones del taxi por medio de los Ayuntamientos.

Así que no, se cayó el mito de que el taxista pone los precios como os quieren vender en Uber o Cabify. Es un poco más complejo. Es un poco más complejo porque tiene que ser lo más justo para todas y todos. Al final hablamos de un servicio municipal. Un servicio de todas y todos. No hablamos de un banco que no tributa en España y manda sus beneficios a las Bahamas o las Islas Vírgenes vía Ámsterdam o vía Delaware. Y tampoco hablamos de un algoritmo secreto.

Y todo esto, ¿en qué afecta a las demás y a los demás, sobre todo a los que no son usuarios o usuarias?

Bueno, cierto es que incluso, yo mismo muchas veces, no uso taxi para mis desplazamientos porque el metro me sale mejor, lógicamente. Y del mismo modo que me sale mejor otras veces el autobús que moverme en mi coche particular. Un coche particular que tiene unas averías con un coste, que tiene un seguro con un coste también y que, de la misma forma, tiene un mantenimiento que tampoco es gratis.

Imagínate entonces pagar un seguro profesional, pagar autónomos, pagar los impuestos correspondientes, pagar el mantenimiento de un coche que está cinco días circulando, pagar los aparatos que marcan las tarifas y que luego encima te quede para vivir.

Como les pasa a los taxistas.

(Esto para los que dicen que el taxi es un transporte de burgueses. Si queréis pueden regalar su fuerza de trabajo).

De hecho, aquí en nuestro sector, el único burgués no es quién necesita de nuestros servicios. El único burgués o más bien que se cree un pequeño burgués que hay, es algún coincidente desclasado y sin conciencia que todavía no sabe junto a quiénes está su lugar o que se cree que esta labor es tener uno o un par de asalariados explotados mientras está en casa rascándose la nariz.

La herramienta de trabajo (Taxi) en manos del mismo trabajador (Taxista). ¿Ya estamos socializando los medios de producción? Si alguno que yo me sé cae en la cuenta de esto, a lo mejor un día le explota la cabeza…

Pancarta desplegada en la Avenida de la Albufera a la altura del Estadio de Vallecas durante la huelga de taxistas de Enero del 2019

Porque, mejores o peores (por desgracia), todas y todos tenemos recuerdos de viajes en taxi. Porque todas y todos alguna vez hemos necesitado disponer de ellos.

Imaginaros el día que desparezcan…

Pero por suerte, todo esto parece que va cambiando un poco. Aunque ahora,  hay otro problema más grave si cabe, que empieza por el taxi y pretenden extenderlo a los demás servicios públicos ya que, este año desde el mismo gobierno de la Gürtel de la Comunidad de Madrid, han redactado un reglamento a gusto de las multinacionales tanto de Uber como de Cabify, así como de Free Now, para que poco a poco vayan apoderándose del sector “uberizandolo” como del mismo modo quieren hacer con el metro o con el autobús.

Permiten liberalizar en sector en favor de las grandes multinazionales, facilitando de este modo su entrada en el sector del taxi, cuando realmente deberían ir regulando sus servicios. No sólo por la competencia desleal que supone, sino también por el grave perjuicio que repercute tanto en la movilidad de nuestras ciudades, donde por ejemplo hay otros servicios públicos que se van a ver afectados como en sus sostenibilidad, afectado a la salud de todas y todos por el descontrol en cuanto a niveles de contaminación de sus vehículos.

Del mismo modo, recordemos las huelgas de metro de finales de año, a los compañeros y compañeras de Solidaridad Obrera o de igual manera recordemos la huelga de trabajadores y trabajadoras de la EMT y las compañeras y compañeros de la Plataforma Sindical que estuvieron durante meses luchando para reivindicar sus derechos y los derechos de las usuarias y usuarios ante su inminente privatización por parte del mismo gobierno del PP que pretende entregar nuestro sector, el del taxi a un par de empresas extractivas.

Porque no hablamos de qué es mejor o peor, lo cual sería otro debate, hablamos de derechos.

Hablamos de que yo puedo ir en metro o en autobús porque tengo mi derecho a disponer de él, porque como servicio público me pertenece.

Hablamos de que el taxi del mismo modo es un servicio de todas y todos y su caída va a suponer la pérdida de nuestro derecho a disponer de un servicio regulado, de un servicio justo y que arrastrará a los demás servicios. Arrastrara a los demás servicios y a sus trabajadores y trabajadoras.

Y ese día estaremos perdidos, porque ese día sólo podrá disponer de servicios quien se lo pueda permitir. Estaremos perdidos porque no dispondremos ni de transporte público, ni de autobús, ni de metro, ni de Bicimad, ni de taxi, pero tampoco de sanidad pública, de pensiones, de educación, de infraestructuras o de vivienda pública, por ejemplo. El virus neoliberal ataca y devora todo lo que encuentra su paso.

Estaremos perdidos porque los mismos trabajadores y trabajadoras estarán en manos de quien no los respeta.

Y entonces llegarán los lloros, las verdaderas lágrimas de libre mercado. Unas de risa de los que mueven los hilos y otras de rabia y de desesperación por no saber cómo hemos llegado a esta situación sin poder revertirla.

No podemos ser marionetas de las empresas. El pueblo debe tener el control. Porque nuestra soberanía recae sobre el mismo.

Sólo se trata de ser responsable y actuar con responsabilidad. De hecho sé que por defender a mi sector, al taxi, me caerán palos por malas experiencias que habéis tenido algunos. Somos un sector muy heterogéneo y no somos perfectos. Somos conscientes porque si lo fuéramos, probablemente yo no tendría trabajo en ese aspecto.

Porque para eso estamos, para intentar mejorar el sector día a día para cuando nos necesitéis.

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