Enseñar la Historia del Presente: una asignatura pendiente para el nuevo curso

«España, 1 de enero de 2020. Recién recuperada la democracia después de la transmisión de poderes efectuada por la Junta Militar al primer gobierno libremente elegido desde 1981, el Ministerio de Instrucción y Emprendimiento ha publicado los diseños curriculares de la nueva reforma educativa. Los contenidos de la asignatura “Historia Reciente desde 1975 hasta la actualidad” serán impartidos en 3º de Bachillerato Genérico Polivalente (15-16 años), organizados en los siguientes temas y epígrafes:

Tema 1:  La Monarquía Parlamentaria (1975-1981). De la ilusión a la catástrofe.

1.1 La esperanza monárquica: El nuevo régimen, las elecciones de 1977 y el proceso constituyente.

1.2 Reformas y contradicciones del proyecto monárquico: Secularización (divorcio, aborto, la “movida”), tensiones territoriales (el Estado de las Autonomías), conflictividad laboral y política.

1.3 El camino hacia el abismo: crisis de gobierno y vacío de poder. El separatismo y la escalada terrorista en vísperas del levantamiento militar.

Tema 2: El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

2.1. Los bandos enfrentados: el gobierno provisional de Leopoldo Calvo Sotelo apoyado por socialistas, comunistas y nacionalistas. La Autoridad Militar (por supuesto): Líderes, personalidades y proyectos.

2.2. La evolución interna en los dos bandos y el fin de las operaciones.

Tema 3: La era de la Junta Militar (1981-2010).

3.1. El aislamiento internacional y la situación interior (1981-1989). Autarquía económica y orden autoritario.

3.2. El restablecimiento de relaciones con EE.UU. y los países del Este tras la caída del Muro (1990-2007). Los gobiernos monetaristas, la recuperación económica y el esplendor de las clases medias.

3.3. La crisis económica mundial, el conflicto con Marruecos y las divisiones internas de la Junta (2007-2015).

3.4. La oposición a la Junta Militar: Exilio, cárcel y nuevas formas de terrorismo.

3.5. Los últimos intentos de institucionalización: los gobiernos cívico-militares bajo la presidencia de Undargarin

Tema 4: La 2ª transición (2015-2019): El decisivo papel de la infanta Elena, arquitecta del cambio».

Lo anterior es, evidentemente, una ucronía. En los últimos años del siglo pasado algunos historiadores dieron en cultivar la Historia contrafactual («¿Qué hubiera pasado si…?»). En el supuesto planteado a título de reflexión, el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 habría triunfado, sometiendo al país a una dictadura militar de treinta años de la que se habría salido mediante un proceso de transición democrática pilotada de nuevo por una Corona re-instaurada. ¿Qué lectura harían las autoridades educativas de la nueva democracia de lo que aconteció con su precedente directo, la monarquía parlamentaria que rigió el país entre las elecciones de 1977 y la intervención militar de 1981?

Afortunadamente, las cosas ocurrieron de otra manera y nunca tendremos necesidad de saberlo, pero ¿sería impensable que los hipotéticos ciudadanos pudieran haberse visto abocados a forjar su imagen del pasado reciente en el crisol de un currículum escolar semejante? Si en lugar de la ucronía nos remitimos a la realidad de nuestro sistema educativo y a un discurso social muy extendido, la respuesta es: en absoluto.

Desde los años setenta del siglo XX la historiografía tipificó la Historia del Presente  como una categoría que pretende acotar aquella parte de la temporalidad sobre la que se proyecta la memoria colectiva y la experiencia socialmente vivida. Se trataba de dotar de personalidad propia a la historia más reciente, dada la obsolescencia para la generación actual del canon establecido por la taxonomía académica del XIX, que situaba los orígenes de la contemporaneidad en la Revolución francesa (1789). La Historia del Presente se entiende como el tiempo de la experiencia vivida por las diversas generaciones que coexisten en un determinado momento histórico. Para las sociedades de nuestro entorno, ese espacio cronológico comienza en la Segunda Guerra Mundial y abarca hasta nuestros días. Algunas interpretaciones más dilatadas fijan el inicio de la Historia del Presente a partir del momento en que los problemas actuales salen por primera vez a la luz. Eric J. Hobsbawm formuló su modelo del «corto siglo XX» haciéndolo nacer de la Gran Guerra como crisis paroxística de los nacionalismos y semillero de la revolución rusa y los fascismos y la era de las guerras totales. Como tal periodo, la Historia del Presente ha ido incorporándose en los últimos años a los programas educativos europeos.

En España, la Ley Orgánica General de Ordenación del Sistema Educativo (LOGSE) reguló la educación obligatoria y el bachillerato en la España democrática desde los años 90. En lo tocante al aprendizaje de la Historia Contemporánea, el marco curricular prescriptivo formuló los bloques de contenidos que todos los estudiantes debían contemplar a su paso por las aulas en 4º ESO. La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la Enseñanza (LOMCE), que vino a sustituirla, no introdujo cambios en la secuenciación. Ambos marcos legislativos consolidaron un marco cronológico para la Historia Contemporánea que abarca desde la crisis del Antiguo Régimen hasta nuestros días. Es decir, una etapa indefinidamente inconclusa a la que hay que dedicar un tiempo docente finito.

Estos contenidos se abordan universalmente en 4º de la ESO, último curso de la escolaridad obligatoria. Es el nivel en el que el alumnado entra por primera vez en contacto en toda la Secundaria con esa parte de la historia en la que va a conocer las raíces de la sociedad en que se insertará próximamente como trabajador, contribuyente y ciudadano en plenitud de derechos y obligaciones. Muchos –en torno a cinco millones desde los inicios de este siglo- lo harán por última vez en conjunto antes de abandonar su escolaridad. Es cierto que los contenidos de este periodo se reiteran en 1º de Bachillerato (Historia Contemporánea universal) y 2º de Bachillerato (Historia de España), pero solo para quienes accedan a la enseñanza postobligatoria. En 1º de Bachillerato, la Historia Contemporánea no es obligatoria para el alumnado de la opción científico-tecnológica y la Historia de España de 2º —común a todas a las opciones— se extiende en un arco cronológico tan extenso como el que va desde el hombre de Atapuerca hasta la presidencia de José María Aznar, valga la redundancia. La Historia Contemporánea, cuya complejidad precisa de una metodología basada en el tratamiento de la pluralidad de fuentes, la interpretación multicausal y el análisis crítico, se limita a la deglución compulsiva de los contenidos factuales necesarios para sortear el obstáculo de la Prueba de Acceso a la Universidad.

Teniendo, pues, en cuenta que 4º ESO es el último territorio formativo común compartido por todos los estudiantes, sería deseable que los conocimientos adquiridos fueran adecuados y eficaces para el ejercicio de la futura ciudadanía. Los datos no invitan al optimismo. Sobre la Segunda República, la Guerra Civil, el Franquismo y la transición existe aún hoy a nivel común una significativa mistificación, cuando no un simple y llano desconocimiento. La ingente investigación académica emprendida durante el último cuarto de siglo no ha permeado lo suficiente hasta los niveles básicos del sistema educativo, que es donde se forman las representaciones con que la mayor parte de los ciudadanos se aproxima al conocimiento de su historia reciente. Es como si, frente a los avances en la Biología, en las aulas continuasen enseñándose obligatoriamente los preceptos del creacionismo. Choca también con la resistencia de ciertas concepciones historicistas que regatean a los episodios más próximos a nosotros el carácter de Historia. A ello cabría contraponer el ejemplo de todo un Marc Bloch, cofundador de la Escuela de Annales, especialista en los reyes taumaturgos de Francia que, en 1940 y en la clandestinidad, escribió La extraña derrota, un ensayo en que empleó su instrumental de historiador para intentar desentrañar las claves de la recientísima ocupación alemana de su país.

La enseñanza escolar de la historia reciente está amenazada globalmente en un quíntuple frente: la labilidad de la fundamentación académica, la inercia docente, la propensión al relativismo y la equidistancia, la competencia de las informaciones falsas divulgadas masivamente por las redes sociales y la extinción de los testigos directos que podrían refutarlas. Por tanto, es extremadamente necesario -más aún: urgente- abordar exhaustivamente en las aulas aquella parte de la temporalidad sobre la que se proyecta la memoria colectiva y la experiencia socialmente vivida. Ese es uno de los campos donde, sin mucho coste ni necesidad de mayorías cualificadas, un gobierno progresista puede llevar a cabo una reforma fundamental: la de modificar el currículum para que a la Historia del Presente se le otorgue el protagonismo que merece con un curso propio, el último de la escolaridad obligatoria.

La enseñanza de la Historia no puede ser un menú a la carta en que cada consumidor escoja su combinación favorita y que lo que uno sabe o cree saber sea, como ocurre en los discursos de falso sentido común, una mezcla de lugares comunes, retazos de relatos derivados de la autopercepción familiar, ecos fragmentarios de lo visto y oído en medios de comunicación, retales de lecturas superficiales, soflamas de tertulianos, memes y noticias falsas o deformadas difundidas por Whatsapp. Ingredientes que, amalgamados, constituyen la masa madre de una opinión pública que se enfrenta con tan pobres herramientas a la comprensión de un presente complejo y desasosegante. Un coste a pagar en forma de ascenso de movimientos que apelan a los elementos más primarios del imaginario social: la nación, el identitarismo reaccionario, el rechazo del otro y la guerra civil del penúltimo contra el último.

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Fernando Hernández Sánchez. Doctor en Historia Contemporánea y profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de Guerra o revolución: El Partido Comunista de España en la guerra civil (Crítica,2011); Los años de plomo. La reconstrucción del PCE bajo el primer franquismo (Crítica,2015); El bulldozer negro del general Franco. Una historia de España en el siglo XX para la primera generación del XXI (Pasado&Presente, 2016) y La frontera salvaje. Un frente sombrío del combate contra Franco (Pasado&Presente, 2018). Coautor con Ángel Viñas de El desplome de la República (Crítica,2009). Ha colaborado en las obras colectivas En el combate por la Historia. La República, la guerra civil, el franquismo (Pasado & Presente, 2012) y Los mitos del 18 de julio (Crítica, 2013).

1 COMMENT

  1. Dejando a un lado la cómica genialidad del profesor Hernández Sanchez: «la Historia de España de 2º —común a todas a las opciones— se extiende en un arco cronológico tan extenso como el que va desde el hombre de Atapuerca hasta la presidencia de José María Aznar, valga la redundancia», tengo que decir que no son desidia, incapacidad o locura de los distintos gobiernos las causantes de la masiva ignorancia sobre nuestra reciente historia, sino que esta es precisamente el objetivo a conseguir.
    Hay un auténtico interés en que la gente no tenga argumentos ni sepa argumentar. De esta forma, se controla a las masas mucho mejor porque son más fáciles de convencer, de movilizarles apelando a las tripas y no al cerebro. Es una continua batalla contra la Razón.
    La historia es tan científica como la Biología, por eso el negacionismo de ciertos hechos históricos de nuestro pasado reciente equivale al creacionismo.

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