Silenciar nuestra conciencia

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A decir verdad, hasta hace bien poco no estaba tan interesado en la política ni tan «concienciado» como ahora. Como muchos, nos han sacado la conciencia de clase cuando le hemos visto la orejas al lobo, sobretodo con la crisis. Su crisis claro, la crisis creada por los de siempre, los que nos echaban la culpa de vivir por encima de nuestras posibilidades mientras se habían estado enriqueciendo a base de especular, de engañar, de robar o de gastarse el dinero que era suyo.

Si bien es cierto, que a un nivel más humano, sí que he vivido esa conciencia de clase desde pequeño en mi casa, sobretodo en el sentido de ser tolerante y de tener claro de cómo se consiguen las cosas en esta vida. Vengo de una familia obrera y lógicamente es lo que hemos vivido en casa.

Trabajo, sacrificio y respeto, a las personas y a su trabajo, así es cómo se consiguen las cosas.

Gracias a ese sacrificio de mis padres, no he tenido que preocuparme más que de vivir feliz y pudiendo elegir mi camino hasta cierto punto, hasta esos baches que los demás y sus intereses ponen en tu camino y que por desgracia no te das cuenta hasta que te toca o hasta que tomas una decisión que no era la acertada.

La conciencia de clase se hace, aunque creo que es una condición humana con lo que también se nace. Quiero creer que esa empatía como característica de la conciencia de nuestra clase y de esa solidaridad, es algo común a cualquier persona, aunque para algunos mas que una virtud, simplemente la consideren algo que se interpone en sus ansias de acumular riqueza a costa de los demás, lo cual hace que sea la única diferencia entre ellos y nosotros y nosotras.

Y gracias a esa conciencia de clase, (de nuestra clase, de la clase trabajadora) somos lo que hemos sido y gracias a esa conciencia, de mismo modo seremos lo que queremos ser o por lo menos, es la única forma de llegar a ello. Con lo que, unas veces antes y otras más tarde, esa empatía y esa solidaridad con los demás para sentir sus problemas como nuestros, debería manifestarse en algún momento.

Porque como he dicho antes, es humano empatizar con los demás y es humano considerar que todos somos iguales excepto el que nos considera diferentes por la raza o por el género.

Todas y todos somos iguales, menos el que simplemente nos considera una pieza más del engranaje de su maquinaria para sacar beneficio. Por eso la conciencia de clase es algo tan humano como la misma conciencia en sí y en este caso, en este país y me atrevería a decir, en este mundo, las obreras y los obreros, las trabajadoras y trabajadores somos más y mejor preparados para ir avanzando en una sociedad mas real y más justa con las necesidades de todas y todos . 

Es curioso porque según vas creciendo, siempre está el amigo «loco» que cuando erais más jóvenes sólo leía libros o escuchaba música revolucionaria cuando tu sólo pensabas en chicas o en chicos o en emborracharte y ahora, según creces y te tocan los problemas de cara, se ha convertido en la persona a quién acudir, en un referente para saber cuál es el camino.

Y en este país no sé si por las circunstancias o no sé si por la edad, en ocasiones me da la sensación de que en estos últimos años hemos empezado a ser más críticos con el tema político, y en parte esto ha despertado conciencias, ha despertado a muchos como yo, que al salir de nuestra burbuja nos hemos dedicado a buscar nuestro sitio, el cual al final como no podía ser de otra manera, lo hemos encontrado en nuestra clase. La clase trabajadora.

El problema es que, no todos han sabido reaccionar de manera correcta. Porque a veces es complicado no encontrar tu hueco, es complicado no hacerte a la idea de que las cosas se pierden y no se puede volver atrás.

De ahí surge el fascismo, de ahí emergen partidos como Vox, como Ciudadanos o como el PP, más antiguo pero corrupto como él solo y salido de donde todos sabemos aunque hasta a ellos les de vergüenza decirlo. No sea que pierdan votos de la social democracia venida a más.

Ellos han sabido recoger esa incertidumbre y ese miedo y lo han convertido en una falsa esperanza para volver a crear un futuro. Porque el motor de las personas es la esperanza pero esa misma esperanza tienen que crearse en base a unas expectativas ajustadas a la realidad.

Y estas expectativas que crea en fascismo en las personas que lo pasan mal, no son reales, lógicamente simplemente como ya he dicho en más de una ocasión, se remiten a nuestras emociones para engañarnos. Porque si de otro modo, hicieran hablar a nuestra conciencia, sus mentiras no tendrían sentido.

Mentiras demasiado obvias para la conciencia de clase pero demasiado buenas si las creemos para nuestras emociones.

Así se han conseguido cincuenta y dos escaños en el congreso y así ha avanzado la ultraderecha en lo que se supone que debería ser una democracia consolidada.

Semáforo situado en uno de los puentes que une Vallecas con Moratalaz, barrios obreros de Madrid

Y todo esto tiene mucho que ver con el auge del capitalismo de plataforma. Porque la mal llamada economía colaborativa bebe de eso mismo, de aprovecharse de la falta de empatía provocada por las circunstancias. Bebe de ocultar las malas condiciones de las trabajadoras y los trabajadores en ensalzar un producto como falsa satisfacción para hacernos sentir mejor que los y las demás o más especiales cuando realmente, nuestros problemas son los mismos. De hacernos sentir que pertenecemos a un grupo exclusivo que realmente nos excluye, porque sólo nos quieren para su propio beneficio.

Y hecho de apoyar a las trabajadoras y trabajadores frente a la empresa extractiva es reconocer y reivindicar que no somos como ellas y ellos. Que no somos como los que no tienen escrúpulos y como los que no tienen conciencia. No somos como los que mienten y juegan con nuestras vidas solo para su propio interés.

No somos como los que pretenden que estemos siempre en conflicto los unos y unas contra las otras y otros, mientras nos siguen destruyendo.

Y esto es muy importante comprenderlo, porque a mí mismo me pasa. Yo muchas veces no me callo si me intentan pisar, incluso por parte de otro trabajador cuando entiendo que no está respetando mi trabajo o el trabajo de las demás compañeras y compañeros, pero del mismo modo creo que en estas circunstancias, reflexionar nos hace llegar a soluciones y sobretodo de quién se beneficia en realidad con esta confrontación y esta competencia artificial.

Comprender, apoyar y reivindicar los derechos de los demás, es la única manera de atacar al corazón del verdadero enemigo. Llámese Glovo, llámese Uber o llámese Cabify.

Siguen destruyendo a nuestra clase. De la lucha entre iguales, quien gana es el de arriba.

Para terminar, del mismo modo y apelando a nuestros sentimientos, yo me pregunto:

– ¿De verdad somos tan intolerantes?

– ¿De verdad tenemos tanto odio para considerar a los demás diferentes por su género, por su nacionalidad o por su raza?

– ¿De verdad somos tan clasistas para creernos superiores o del mismo modo estamos tan desclasados para no reivindicar nuestros derechos y apoyar a las demás y a los demás?

Y por supuesto, ¿de verdad nuestra conciencia de clase se puede silenciar con una bandera, con las mentiras de los medios y un par de pulseras?

Pues probablemente habrá que reflexionar un poco y quitar la capa de emociones falsas hasta que oigamos a nuestra conciencia. Porque somos más y somos mejores que ellos.

Porque el futuro debería ser nuestro.

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Carlos Rodríguez Expósito
Carlos Rodríguez Expósito. Community Manager de Élite Taxi Barcelona. Colabora activamente con el espacio No Mas Precariedad, formado por decenas de colectivos en lucha y con 404 Comunicación Popular. Ahora también pertenece al área de comunicación de Taxi Project una nueva asociación donde del mismo modo, pretenden acercar el sector a los colectivos sociales y luchar contra la uberizacion de la economía a nivel global.

1 Comentario

  1. Me alegro de poder darte voz con mis palabras . Gracias por el comentario compañero!!! Un saludo !!!

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