Torio

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“Ahora que sabemos que las energías renovables no pueden salvar al planeta ¿vamos a dejar que continúen destruyéndolo?”. Estas palabras son de Michael Shellenberger, uno de los ecologistas más importantes de California.

La cita pone de manifiesto una realidad que tenemos que afrontar: necesitamos una fuente de energía no basada en el carbono que nos permita cubrir nuestras necesidades hasta que la fusión nuclear a nivel industrial sea una realidad. Como veremos a continuación, las energías renovables no parecen ser la solución, sino que más bien la solución reside en la energía nuclear basada en el torio.

Shellenberger ha documentado con gran exactitud el daño que causan las energías eólica y solar. Estas tecnologías no solo son poco fiables porque dependen de las condiciones medioambientales para producir energía (no siempre sopla el viento, no siempre hace sol), también plantean problemas graves a la hora de almacenar la energía creada y de introducir la energía en la red, necesitan de grandes instalaciones para transmitir la electricidad producida que dañan la fauna autóctona, pueden producir sobrecargas y en el caso de los paneles solares crean residuos peligrosos una vez finalizada su vida útil (de aproximadamente 15 años). Pero lo que es igual de grave es que la mayoría de personas se olvida de que debajo de los paneles de las granjas solares (mucho más eficientes que los paneles en los techos de las viviendas) y en el aire que ocupan los molinos de viento actuales viven animales salvajes.

Los molinos de viento matan con sus hélices anualmente a millones de pájaros y murciélagos, muchos de ellos especies protegidas. Asimismo, los paneles de las granjas solares arrasan toda la vida que se desarrolla en el suelo debajo de ellos. Las consecuencias analizadas por Shellenberger son catastróficas. Solo en California estas instalaciones amenazan la supervivencia de varias especies de pájaros y de otras especies como la tortuga del desierto. Por eso Shellenberger plantea una pregunta que deberíamos hacernos todos los que nos tomamos en serio el cuidado de la naturaleza: “¿Estamos destruyendo el medio ambiente mediante el esfuerzo por salvar el clima?”

Fue la experiencia vital de este activista la que le llevó a darse cuenta de que no cabía otra solución que no fuera recurrir a la energía nuclear, ya que “la mayor parte de los problemas con las energías renovables no son técnicos, sino naturales […]. Si Alemania hubiera gastado 580 mil millones de dólares en la energía nuclear en vez de en las energías renovables, estaría generando más del 100 % de la energía que dedica a la electricidad y al trasporte a partir de fuentes limpias y sin emisiones contaminantes”, y Shellenberger cita al investigador del clima James Hansen diciendo: “la energía nuclear ha salvado hasta la fecha 1,8 millones de vidas mediante la prevención del consumo de combustibles fósiles” (recordemos que anualmente mueren 7 millones de personas debido a la contaminación del aire).

La energía nuclear es por tanto la mejor alternativa para salvaguardar el medio ambiente y evitar el cambio climático. Tanto es así, que la doctora en física noruega Sunniva Rose plantea la pregunta “¿Cómo es posible estar preocupado por el calentamiento global y no estar a favor de la energía nuclear?” Sin embargo, la doctora Rose no se refiere a cualquier tipo de energía nuclear, sino que se refiere concretamente a la energía nuclear basada en el torio.

Vivimos en un planeta en el que hay más de 7.000 millones de personas. Cada hora, la población del planeta aumenta en 10.000 personas. Esto significa que o bien condenamos a la gran mayoría del planeta a vivir en condiciones peores que las nuestras o desarrollamos fuentes de energía nuevas que sean capaces de satisfacer las necesidades de todo el mundo. Esa fuente de energía nueva es el torio.

Al no haber plutonio involucrado en el tratamiento nuclear del torio, no se producen residuos nucleares de larga duración (los pocos residuos generados por el torio solo permanecen activos 300 años, mientras que los residuos del plutonio permanecen activos decenas de miles años). Además, la cantidad de residuos radiactivos producidos es muchísimo menor que en la energía nuclear al uso y se puede aprovechar un fenómeno llamado breeding [reproducción]:

“Como [el torio] se convierte en material fisible, se produce más combustible fisible que el que se consume. De manera que se introduce una cierta cantidad de combustible y al final se posee más combustible que el que se tenía al comienzo. Parece demasiado bonito como para ser verdad […], pero es la realidad. No es fácil, es difícil, pero es físicamente posible. [Este proceso] se llama breeding [reproducción]”.

Tal y como explica el ingeniero danés Kirk Sorensen, la persona que redescubrió la energía nuclear basada en el torio, a todo esto hay que sumar tres factores fundamentales más: el torio es cuatro veces más abundante que el uranio (ni siquiera está considerado una tierra rara), la tecnología para producir energía nuclear a partir del torio es mucho más sencilla que en el caso del uranio y la seguridad es mucho mayor.

Los reactores para procesar torio en forma de sal no tienen que funcionar a grandes presiones. Eso significa que no tienen que estar encriptados en los enormes y pesados recipientes de acero que necesita la tecnología del uranio, pero mucho más importante que eso es que no necesitan ser refrigerados mediante grandes cantidades de agua. De hecho, la tecnología del torio no necesita agua en absoluto. Esto permite que el tamaño de las instalaciones nucleares sea mucho menor y convierte a los reactores de torio en una tecnología muy segura, ya que si se produce un problema con la alimentación de energía los reactores de torio se apagan automáticamente sin necesidad de intervención humana y sin riesgo de fugas.

La eficiencia de la tecnología basada en el torio es 200 veces superior a la del uranio. Toda la energía que un ser humano utiliza en su vida está contenida en una cantidad de torio que cabe en la palma de una mano. No solo hay suficiente torio como para generar energía eléctrica para satisfacer las necesidades de toda la humanidad durante siglos, sino que además el torio también puede ser utilizado para generar los combustibles líquidos que necesitamos en nuestro día a día. Las tecnologías para generar combustibles líquidos sostenibles ya existen, pero exigen un gran aporte de energía. Este aporte lo podría proporcionar el torio para generar metanol, amoniaco o éter dimetílico. Esto significa que gracias al torio podríamos generar gasolina y combustibles diésel no contaminantes. Y por supuesto esta tecnología eliminaría los conflictos que genera la dependencia de occidente del petróleo y de otros combustibles fósiles.

Lo expuesto anteriormente es la razón fundamental por la cual la conferencia de la Naciones Unidas sobre el clima COP25 recientemente celebrada en Madrid ha fracasado. El primer escollo fue la exigencia de Francia, Polonia y República Checa para incluir la energía nuclear como fuente de energía limpia. Tal y como dijo el primer ministro checo Andrej Babis: “Para mí es importante estar seguro de que nadie nos podrá impedir la construcción de centrales nucleares. Es simple, tenemos que tener electricidad para la gente, las compañías, la calefacción. Y esta es nuestra prioridad […]. La energía nuclear es energía limpia, no emite emisiones. Y no entiendo cómo algunos países tienen un problema con esto”.

Pese a que el documento de conclusiones incluyó a la energía nuclear como fuente aceptable de energía, un segundo escollo, esta vez insalvable, fue la negativa de países como EE UU, China, India, Brasil y Sudáfrica a la hora de aceptar un mercado del carbono. Esta solución no era más que el intento de imponer impuestos de tipo pigouviano a las emisiones de carbono. De esta manera se convertía a la contaminación del aire en un artículo de lujo solo al alcance de los ciudadanos ricos. No solo se trataba de una solución profundamente injusta con los países más pobres, también abría la veda a la exigencia de subvenciones públicas a las empresas privadas dedicadas a las energías renovables para paliar los efectos negativos sobre el empleo generados por el mercado de carbono, lo cual nos conducía de nuevo a los problemas enumerados al principio del artículo. Por tanto, el fracaso de la COP25 no debería sorprendernos.

En Europa ya se están desarrollando experimentos con el torio en el reactor Mosart y en Japón se está haciendo lo propio en el reactor Fuji MSR (un proyecto en el que junto a Japón colaboran los EE UU y Rusia), sin embargo el mayor esfuerzo lo está haciendo China.

Mediante la inversión de 350 millones de dólares, China ya ha puesto en marcha la primera etapa de su plan energético basado en el torio en la central de Gansu, que en 2020 generará 12 megavatios de potencia. El proyecto chino se llama Proyecto MSR y emplea a 140 científicos de alto nivel. Un proyecto parecido lo está llevando a cabo India en su central de Chennai y se espera que en 15 años esta tecnología empiece a utilizarse de manera masiva.

Por tanto, todo hace indicar que esta fuente de energía será la que elijan los BRICS que se negaron a firmar el acuerdo de la COP25. Sudáfrica por ejemplo está apostando por los vuelos nacionales de bajo coste para desarrollar la red de transportes del país. Esto supone no destruir extensas zonas verdes mediante carreteras e infraestructuras asociadas, pero exige el uso de queroseno. Castigar este tipo de decisiones mediante el mercado del carbono no es razonable. Lo mejor es apoyar este tipo de iniciativas y sustituir el queroseno por los combustibles ecológicos que el torio permitiría producir de manera eficiente.

La negativa de Trump a firmar el acuerdo no va más allá de su soez negacionismo. No obstante, el candidato demócrata a la presidencia de los EE UU Andrew Yang señaló en el debate de candidatos del 19 de diciembre de 2019 que EE UU debería apostar por la energía nuclear basada en el torio.

En todo este proceso parece que solo hay un problema a tener en cuenta, la corrosión. La energía nuclear basada en el torio degrada los materiales de los reactores más rápidamente que los reactores al uso, lo cual implica un aumento del gasto en el mantenimiento de las instalaciones. No obstante, esto parece ser un problema mucho menor que las ventajas que reporta el torio y se puede solucionar sin grandes dificultades.

No estamos hablando de una tecnología futurista, sino de una tecnología más que consolidada. De hecho, entre 1965 y 1969 los EE UU usaron un reactor basado en el torio que funcionó a la perfección, el llamado Reactor Experimental de Sal Fundida (Molten Salt Reactor Experiment). Fueron los trabajos de investigación de aquella época en los que se basó Kirk Sorensen para relanzar la investigación sobre el torio cuando trabajaba para la NASA en planes para colonizar La Luna (rica en torio). Por desgracia, los políticos y funcionarios norteamericanos abandonaron el proyecto debido a que alcanzaron acuerdos con los suministradores de uranio y no se comprometieron con el proceso de extracción del torio.

Mediante el torio podríamos atajar la crisis climática y medioambiental. No se prevé que la fusión nuclear a nivel industrial, es decir, mediante un proceso que genere más energía que la que consume, sea una realidad en menos de 20 años. Después es posible que se tarde una década más en implantar esta tecnología. No podemos perder 30 años sin sufrir consecuencias catastróficas en todo el planeta, por tanto el torio debería ser adoptado como solución de transición antes de que sea posible adoptar la fusión nuclear.

España debería sumarse cuanto antes a la investigación en este terreno. Para ello debería recuperar su soberanía monetaria saliéndose del Euro, lo cual le permitiría nacionalizar el sector energético nacional y acometer las inversiones para la construcción de reactores nucleares destinados al tratamiento del torio.

Euro delendus est.

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