Desmotando mitos II: Hernán

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La derecha nos tiene acostumbrados a apropiarse de parte de la historia de nuestro país, aunque por suerte lo hace de la forma más lerda posible, o si no recordemos que ponen la canción de Los Nikis ‘El imperio contraataca’ en los mítines de Vox, canción que es más una sátira que otra cosa y que el propio autor (el bajista del grupo) define como “una chorrada” sin trasfondo político. Y como esta canción, también han querido apropiarse de personajes históricos, eso sí, sin abrir un libro, o peor, abriendo la famosa Enciclopedia Álvarez, que cuenta con menos avales que Esperanza Aguirre en la fiesta del PCE (perdón por el chiste malo, os juro que volverá a pasar). Uno de estos personajes, al que glorifican hasta la saciedad, es Hernán Cortés, cuya figura ha sido tomada por la plataforma Prime para hacer una interesante serie, que se suma a las series rompe-mitos, con el título Hernán.

No puedo sino empezar por el principio, pero el principio más primigenio, la cabecera de la serie, que es simplemente brutal, muy cuidada, muy bella, muy significativa en relación a lo que va a ser la serie, acompañada de una buena banda sonora y una producción increíble. Es de encomiar esta cabecera, por el hecho no ya técnico o estético, sino que es algo que normalmente pasa desapercibido, pero realmente la cabecera de una serie dice mucho de ella y se queda en el imaginario del espectador y la relaciona directamente.  Por ejemplo, si digo El príncipe de Bell Air, a todos se nos viene la canción de la cabecera y a Will Smith girando obre un trono o haciendo molinetes con la cabeza después de llamar a la puerta de la mansión de su tío, y así con muchas otras series que de seguro estáis imaginando ahora.

La serie, a pesar de contar con buena parte de su reparto español (lo cual es lógico, pero no del todo necesario), es una producción en colaboración de Onza Entertainment, para TV Azteca (México) y Amazon Prime Video (Estados Unidos), que originalmente fue planteada para la conmemoración del 500 aniversario de la caída de la ciudad de Teochtitlan a manos del susodicho conquistador. Este hecho, el que se trate de una producción mexicana y no española, puede que alerte a más de un patriota de pacotilla a desconfiar por las recientes peticiones (más o menos afortunadas) por parte del presidente del país del Yucatán, de unas disculpas algo extemporáneas de España sobre la conquista de parte de América, que ocurrió hace más de quinientos años y que pintaran al extremeño como un diablo que come niños, con cuernos y hasta rabo acabado en punta de flecha. Pero no es así, aunque tampoco lo describen como el héroe castellano que ellos pretenden que fue, ni mucho menos. El acierto en este sentido ha siendo reflejarlo como lo que fue sin lugar a dudas, un ser humano, con sus dudas y con su firmeza, con su ingenio y sus torpezas, con su ambición y con su honor, un ser humano. Los hechos han sido tratados desde un prisma muy correcto históricamente, combinando la realidad de la brutalidad de la conquista española, con la decadencia del sistema de los pueblos precolombinos, que como en el caso del imperio inca, andaban a la gresca desde antes de que llegaran los castellanos.

Oscar Jaenada es el actor que encarna a Cortés, de una manera muy digna y correcta, y después de leer entrevistas al actor sobre el personaje, es para quitarse el sombrero e incluso algún pelo del cogote. Jaenada es un actor del que hay también mucho mito en nuestro país, pues aquí los actores no pueden tener una voz concreta y de hecho los que la dan a conocer no trabajan más en España (no, Bardem no trabaja aquí desde hace años) o le hacen el vacío, como al propio Óscar, o Willy Toledo, que independientemente de que se esté o no de acuerdo con sus opiniones, las productoras y sobre todo las televisiones, los vetan. Voy a hablar de experiencias personales, he conocido a gran cantidad de actores y actrices (creo que incluso más, pero claro, hay más actrices que actores) que no se atreven a dar su opinión política (tanto de un lado como de otro) por las consecuencias que pudieran tener y las puertas que les pudieran cerrar, habiendo casos de gente encerrada en el armario, o trabajando para lo totalmente opuesto a sus creencias. Por mi parte yo siempre he pensado lo que un viejo actor dijo (no recuerdo su nombre) “Yo haré encantado un personaje de derechas en una película de izquierdas, pero nunca un personaje de izquierdas en una película de derechas”. Pero bueno, también, así me ha ido a mí, aunque nunca tuve problemas para dar mi opinión, tampoco me vi en el caso de dudar si darla.

Los actores están muy correctos, destacando aparte de a Jaenada, al argentino Michel Brown como Pedro de Alvarado (aunque en un par de instantes se le escapa el acento), la mexicana Mitzi Mabel Cadena (en un personaje precioso y muy bien ejecutado), el joven Miguel Ángel Amor (compañero de estudios en la ESAD de Sevilla en mis tiempos mozos) como Bernal Díaz del Castillo, personaje muy logrado y mejor interpretado. Pero una vez más, el personaje que sobresale es una mujer, interpretado por Ishbel Bautista como La Malinche (Malitzin), bautizada como Marina. Este personaje es el verdadero protagonista de la serie, pues ya los propios historiadores atribuyen a esta intérprete una sagacidad y una inteligencia interpersonal mayúscula. No quisiera dar más datos sobre el personaje pues creo que el arco en la serie es muy interesante y no quiero que os lo perdáis, pues la actriz además da unos registros espectaculares.

En mi opinión personal, la serie en general está bien, pero le falta algo que no sabría definir con claridad. No sé si es un poco como la propia cabecera de la serie, muy bien producido, muy bello, pero algo forzado. Lo cual es una pena porque hace que, aún estando muy bien adecuada históricamente, hace que haya parte que no te llegues a creer o que te chirríe un poco y eso es una pena. Tal vez sea un problema de números (pecuniario y de personas), porque está muy bien escenificado que hubo pueblos que se unieron a la expedición castellana para tomar la ciudad de los mexicas, pero tanto en eso como en el número de conquistadores hay una propia escenificación, pues donde hubo miles, se cuentan por decenas y eso, aunque sea algo impertinente, te lleva a plantear que una ciudad de ese tamaño (entre 80 000 a 230 000 habitantes), con un pueblo guerrero como anfitrión, era imposible tomarse con el contingente que aparece en la serie. Lo cual parece más que nada una falta de presupuesto.

Lo mejor, es el tipo de ficción histórica que tiene más crédito, desde mi punto de vista, no tira ni para un genocidio ni para una conversión, como a muchos les gustaría, sino que se planta en el realismo, enseñando una interpretación lo más veraz posible a lo que sucediera.

Lo peor, pues quizás esa falta de dinero que antes mencionaba, que hace que la serie esté bien, pudiendo haber sido épica en muchos sentidos.

La serie ya tiene acordada una segunda temporada y espero que haya tenido el suficiente éxito como para que Amazon se arriesgue a invertir un poco más y hacer de esta producción algo memorable.

Como reflexión después de verla, es apasionante, porque te dan ganas de leer más sobre el tema si no sabes mucho y descubre las licencias que se han tomado en el guion, así como la veracidad de otras narraciones y eso, mi alma de cultureta y de friki, lo agradecen. Y esto me lleva a pensar que el mito es innecesario, porque la historia es siempre mucho más interesante y rica y épica. Tan solo si algunos “librepensadores” y postmodernos de hoy en día se pusieran a investigar un poco, se acabaría más de una tontería y más de dos. Porque abrir un libro, es abrir un mundo y ya hemos pasado (o eso creemos), una época en que los más obtusos ladraban en la universidad a coro el famoso “¡Muera la inteligencia!” y no, no queremos volver a eso nunca más.

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