El Fascismo que no existe

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(Parte de este artículo sale de la transcripción libre de mi intervención de clausura en las jornadas provinciales sobre fascismo, del 26 de enero, organizadas por el PCA-Sevilla)

Apenas 48 después del golpe de Estado (11-09-1973) de Pinochet en Chile, en las calles de Santiago de Chile y de otras ciudades del país reinaba una “absoluta normalidad”. Había un tráfico enorme, los escaparates lucían prendas con las últimas modas, los taxis, que semanas antes habían desaparecido, volvían a circular, los camiones, también desaparecidos en la huelga del transporte contra Allende, llevaban a sus destinos las mercancías necesarias para el correcto funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda. Al fin reinaba el orden, el orden del mercado. Al fin la tranquila “clase media”, compuesta por sectores de comerciantes, ejecutivos, pequeños “emprendedores”, burócratas y otros que creen que lo son, había conseguido su objetivo: que nadie ni nada entorpeciera su sosegada vida de consumo. Efectivamente, parte de las personas de esa odiosa clase media, ante los momentos de convulsión o inestabilidad política, en los procesos de cambio revolucionario, o simplemente, progresista, se vuelven miedosos,conservadores, reaccionarios o, directamente, fascistas.

Y ese comportamiento social tiene que ver con el corrimiento electoral vivido en nuestro país en los últimos procesos electorales, con la irrupción de la extrema derecha de VOX. Y lo digo porque no podemos obviar que el fascismo es una cuestión de clase. El fascismo no aparece para cargarse la democracia liberal, aparece cuando los mecanismos de la democracia parlamentaria no son suficientes para contener el descontento fruto de las contradicciones de clase agudizadas por las crisis (ajustes) en el capitalismo y/o cuando los partidos homologados de la derecha no son suficientes para asegurar el dominio sobre la clase trabajadora y capas populares.

Al finalizar la II Guerra Mundial la sociología y la psicología norteamericanas inventaron una cosa a la que llamaron “Escala F” (f de fascismo), con lo que venían a plantear que una personalidad desquiciada de uno o varios líderes, tras ocupar éstos el poder del aparato del Estado, podían degenerar hasta acabar en una dictadura fascista. ¿Pero por qué este invento?, porque querían hacernos creer que el fascismo era una cosa de locos, de desquiciados, de desequilibrados, de lunáticos; querían borrar del imaginario colectivo (y en gran parte lo consiguieron), el más mínimo recuerdo de que el capitalismo tenía algo que ver con el surgimiento del fascismo y con el holocausto de la II Guerra Mundial.

En ese sentido es, cuanto menos, rebuscado perder el tiempo en disquisiciones sobre si el franquismo fue o no fue un régimen fascista. El carácter fascista de la dictadura de Franco no se mide por el gran número ( sobre todo al principio) de uniformados de camisa azul con el brazo alzado, ni se reduce porque, por temporadas, aumentase la influencia de monarquicos o “tecnócratas” del OPUS en el Consejos de Ministros. El carácter fascista del franquismo se define por la firme voluntad de ese régimen en derrotar (a veces mediante el aniquilamiento físico) al movimiento obrero.

El fascismo es el capitalismo en estado de excepción. Y yo no hablaría tanto de populismo, se habla demasiado de populismo y es necesario aclarar los términos. Por ejemplo: un populista es Albert Rivera con un lazo morado en la solapa, hablando sobre Clara Campoamor, un populista es Arias Cañete subido a un tractor fingiendo que trabaja en el campo. Por el contrario, Marie Le Pen o Santiago Abascal no son populistas, son fascistas, pongamos a cada cosa y a cada hombre su nombre. Y no tenemos que establecer escalas entre ultraderecha y fascismo, todo nos lleva a lo mismo.

También es conveniente aclarar la cuestión de la xenofobia. ¿Es de verdad xenofobia?. La xenofobia es odio o miedo al extranjero, al diferente. No, no se trata de miedos a culturas diferentes. Aquí vuelve a aparecer, una vez más, la cuestión de clase. No conozco ni un solo ejemplo de grupos ultras rechazando a excursiones de turistas japoneses, ni a árabes ricos de la Costa del Sol, ni a futbolistas extranjeros que defraudan al fisco. El fascismo no está enfermo de xenofobia, el fascismo adolece de ‘aporofobia’, es decir, de rechazo al pobre (observad el comportamiento de los antichavistas de los barrios pudientes para con los habitantes de los cerros o de los golpistas bolivianos con los indígenas aymaras del Alto o los campesinos).

El fascismo tampoco es un sujeto político definido con nitidez, aparece de muchas formas diferentes. El fascismo es un estado de opinión que se da en un momento dado de un proceso histórico, el fascismo es una degradación de la conciencia social que escarba y extrae lo más visceral, violento, insolidario y egoísta del ser humano.

En este sentido, aconsejo, una vez más, volver a ver detenidamente el documental titulado “El fascismo cotidiano” de 1965, dirigido por el director soviético, Mikhail Romn, discípulo de Einstein. El documental (que pone de relieve apoyo del capital financiero alemán al partido nazi), nos viene a decir que la victoria sobre el nazi fascismo en 1945 lo que hizo fue extirpar el tumor del fascismo pero que la metástasis ya se había extendido, desgraciadamente, por gran parte del cuerpo de la humanidad. Y por eso ese fascismo estaba latente en la cotidianidad de muchos países.

Esta advertencia la hacía el documental sólo 20 años después de la II Guerra Mundial. Han pasado otros 54 años más … desde entonces, hemos vivido el golpe de Chile de 1973, las dictaduras militares, para imponer el neoliberalismo, en América Latina (y todo indica que allí vuelven los golpes militares sin tapujos), todo lo que acontece en Ucrania, la reacción apoderándose de Hungría y Polonia, la extrema derecha incrementando sus apoyos electorales en la cacareada Europa democrática, etc.

Parece como si en Europa viviésemos una tenebrosa ironía donde gran parte de los gobiernos de países vencedores en la guerra contra la Alemania nazi y la Italia Fascista ahora reconocen, por ejemplo en Ucrania y en las repúblicas bálticas a los herederos de los que fueron colaboradores y hasta aliados de los ocupantes nazis. ¿Qué está pasando aquí?, parece como si viviésemos una revancha de los perdedores de aquella guerra.

¿Y cómo se afronta toda esta nueva situación?. Nuestro país, como estamos comprobando, no es una excepción respecto a lo que acontece en el resto de Europa o en América Latina. Recordemos algunos acontecimientos recientes: sabemos que Ciudadanos es impulsado por el gran capital para crear un “podemos de derechas”, sabemos que VOX crece porque ciudadanos y PP le han ido abriendo el paso con sus posturas en inmigración, educación, religión, recentralización, oposición a la memoria histórica, oposición a las Leyes de Igualdad de Género, discurso de España como nación única, valores, etc…sabemos todo eso, pero la cuestión es otra, ¿cuál va a ser la respuesta a VOX desde la izquierda?.

Yo creo que la respuesta no puede darse desde una izquierda que va cediendo, una izquierda difusa, una izquierda “posmoderna”, una izquierda que muchas veces deja de ser izquierda o una izquierda que empiece a asumir palabras y banderas desde los complejos. No vale más “moderación”.

Hace falta una alternativa que hable de derrocamiento de la monarquía, que reivindique la España plurinacional y la libre unión de sus pueblos en una República Federal, que hable de nacionalización de la banca, nacionalización de las grandes Empresas y recuperación de los sectores estratégicos privatizados, que proponga la reducción de la edad de jubilación, de la jornada de 35 horas semanales sin reducción salarial, que tenga el objetivo de la plena soberanía (con las consecuentes contradicciones con la UE), que recupere con fuerza el “OTAN NO, bases fuera”, que diga al fascismo a la cara que el feminismo es una ideología que tiene que formar parte de un futuro cuerpo constitucional, que defienda una sociedad de mestizaje de razas y culturas, que diga a las claras que en un país con el mayor PIB de sus historia no se puede poner en duda el futuro del sistema público de pensiones ni se puede seguir permitiendo el retroceso en los derechos sociales y los servicios públicos. Se trata, por tanto, de comenzar a pensar en un reparto justo de la riqueza nacional y forzar, con este objetivo general, un proceso constituyente.

Es necesario enfrentarse al fascismo desmontando sus falsas banderas y cuestionando al sistema al que históricamente ha venido a apuntalar, el capitalismo.

N. del A. El título es una irónica contestación a los que siguen negando que vuelve la bestia

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Juan de Dios Villanueva
Juan de Dios Villanueva Generoso (Huelma). Andaluz de Jaén, sevillano por decisión congresual desde hace 30 años. Ahora comparte la vida en tres lugares, en Málaga con su pareja y la niña que me adoptó, en Sevilla con la militancia partidaria y el gato al que adoptó y en Huelma con su familia genética y política. Cuando aún no sabía si había superado la etapa de la adolescencia ejerció diversas responsabilidades en la Juventud Comunista: Secretario Provincial en Jaén, Secretario General en Andalucía, Responsable de Relaciones Internacionales en la UJCE. También, durante un tiempo, fue Vicepresidente del Consejo de la Juventud de Andalucía. En el partido en el que militó desde 1982, el PCE, ha sido Responsable de organización del PCA, Secretario Provincial de Sevilla, Vicesecretario General del PCA y Sec. Relaciones Internacionales del PCE. En el plano institucional, ha formado parte de varias candidaturas de IU (siempre en puestos de NO salida), en diversas convocatorias electorales y ha sido miembro del Consejo de Administración de la Radio Televisión Pública de Andalucía de 2012 a 2019. Ahora continúa su militancia, tiene más tiempo para pensar, lee y, a lo mejor, hasta escribe.

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